miércoles, 9 de noviembre de 2016

Apuntes sobre la victoria de Donald Trump bajo el prisma de Nietzsche y Deleuze

Trump es el nuevo Presidente de Estados Unidos y el mundo se ha quedado pasmado, congelado en una pieza, supponiendo que ha llegado la hora en que el fantasma del terror atraviesa las puertas del sentido común de lo "políticamente correcto" o de cómo entendemos el progresismo en el contexto de la integración de los mercados y la globalización política y cultural, por lo que podemos decir que la llegada de Trump es parte de un acontecimiento en términos filosóficos: una alteración con diversos mecanismos productores de experiencias y subjetividades.
El temor, el miedo y la incertidumbre frente a lo que representa la figura discursiva de Trump es uno de los ejes centrales del relato acontecimental que genera su elección como jefe del Estado más poderoso del planeta. La crónica del diario New Yorker refleja esa alteración:"ha infundido miedo en los corazones de los vulnerables, los débiles, y, sobre todo, las muchas variedades de otro a quien tan profundamente ha insultado. La otra afroamericana. El otro Latino. La otra hembra. El otro judío y musulmán. La forma más esperanzadora para mirar este gravoso evento es que esta elección y los años siguientes será una prueba de la fuerza, o la fragilidad, de las instituciones americanas. Será una prueba de nuestra seriedad y determinación".
La filosofía del acontecimiento es pensar en el filósofo francés Gilles Deleuze, quien destaca que el nacimiento de un acontecimiento es capaz de generar sentido, por lo que se infiere que nada está perdido, siempre hay nuevas alternativas en el horizonte. 
"Que en todo acontecimiento esté mi desgracia, pero también un esplendor y un estallido que seca la desgracia, y que hace que, querido, el acontecimiento se efectúe en su punta más estrecha, en el filo de una operación, tal es el efecto de la génesis estática o de la inmaculada concepción. El estallido, el esplendor del acontecimiento es el sentido. El acontecimiento no es lo que sucede (accidente); está en lo que sucede el puro expresado que nos hace señas y nos espera. Según las tres determinaciones precedentes, es lo que debe ser comprendido, lo que debe ser querido, lo que debe ser representado en lo que sucede", señala Deleuze.
En este sentido, el acontecimiento no necesariamente determina un devenir ni un automatismo rígido, por lo que -como indica el artículo del New Yorker- siempre está presenta una "forma esperanzadora para mirar este gravoso evento", entre las cuales se menciona a las instituciones estadounidenses, en las cuales se destaca el sentido ontológico de libertad, la que no debe ni puede ser entendida ni asociada automáticamente al libre mercado.
La libertad es la que justamente se puede oponer al fantasma discursivo del moralismo nietzscheano que propugna la nobleza de los fuertes en oposición a los valores de esclavitud que aprecia en los débiles y sus formas democráticas. El discurso de Trump ha girado en torno a los rasgos de sus persona como alguien que por sí solo puede "hacer grande a América otra vez", alguien que dice confiar de su propia inteligencia, cayendo en el tipo de poder carismático weberiano que plantea una situación caótica, cuyo remedio pasa por la fuerza, por la determinación, valores que son exaltados por Nietzsche, para quien  "los hombres nobles experimentan por sí mismos la determinación de los valores; no necesitan aprobación; juzgan, "lo que es dañino para mí es dañino en sí mismo"; conoce por sí mismo lo que en primer lugar concede honra a las cosas; es un creador de valores".
Esa es el análisis del acontecimiento de Trump-Presidente que ha hecho el artículo del New Yorker contra la influencia del discurso de Trump de invertir los valores de debilidad que él y su campaña asociaron al actual estado de cosas de "indefensión en que habría quedado Estados Unidos frente al proceso globalizador, cuya responsabilidad habría caído en el innoble valor de las debilidad, que tanto achacaba Nietzsche a la moral de esclavos que -según él- fue creada por el judeo-cristianismo.
La voluntad de poder de Nietzsche, en el discurso de Trump, se refleja así: “He pasado toda mi vida en negocios y sé el potencial que existe en nuestro país. Todos los estadounidenses tendrán la oportunidad de mostrar su potencial”. El valor de esta palabra Nietzsche la resume así: "Y quien ansia superarse creando posee la voluntad más pura".
Lo que ocurrirá bajo la presidencia de Trump probablemente se jugará en el tablero de valores postulados con Nietszche no en cuanto a la moral del amo versus la del esclavo, sino que puede concentrarse en el nihilismo que podría surgir si es que los sentimientos de oponerse a la figura acontecimental de Trump son considerados como vanos, adquiriendo una conciencia de que todo es un despilfarro de fuerzas ante el poder. De lo que se trata, entonces es que lo que Nietzsche denomina como débiles combatan el nihilismo, evitando caer en la inseguridad ni en la falta de oportunidades para rehacerse, o sea en la aceptación de los hechos consumados.
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