martes, 17 de enero de 2017

¿Existe animalismo en la obra de Nietzsche?

Muchos dicen que Nietzsche era un animalista porque en 1889 abrazó a un caballo, defendiéndolo de los golpes que le daba su jinete, un campesino de Turín en Italia, tras lo cual el defensor cayó desvanecido al suelo. Lo que no saben que es, de acuerdo a las últimas investigaciones, ese fue el momento exacto en que la bacteria de la sífilis, que por años se comió el cerebro del filósofo, terminó su cometido y activó la demencia que llevaría a Nietzsche finalmente a la tumba.
Esto no quiere decir que los animalistas están dando la hora ni mucho menos pues solamente es un dato contextualizador para no confundir el mensaje que entrega el movimiento por los derechos de loa animales. Y es que en Nietzsche no hubo aforismos animalistas, en que se defendiera sus derechos como muchos quieren creer, puesto que en sus trabajos, como El Caminante y su Sombra, el pensador alemán utiliza a los animales como metáforas de la condición humana, dedicando palabras que no son propiamente apologéticas: (...)no puedo soportar al perro, ese perezoso parásito que mueve el rabo, que se ha hecho “cínico” solo en calidad de criado del hombre, y al que suele alabarse diciendo que es fiel a su amo".
Esta es una de las tantas metáforas en que Nietzsche utiliza la figura de los animales dentro de su interpretación del mundo, donde el hombre lo define como a un animal que ha olvidado su animalidad, su instinto salvaje de supervivencia, vinculado a la voluntad de poder. El interés del filósofo se centra en levantar al hombre de su condición sumisa dada por la moral, por lo que el intento de Nietzsche es desapegar las costumbres morales del hombre a través de los instintos animales que aprecia en cada uno de nosotros, en el vigor animal que menciona en Ecce Homo que alcanzar "una libertad desbordante". En función de este objetivo es por lo que recurrió a la animalidad. Su humanismo vitalista y crítico del hombre creado por la modernidad y las tradiciones asigna, en este sentido, un valor positivo a lo animal a cuyo retorno instintivo apela Nietzsche.
Su obra mira al animal desde lo bajo, como una catapulta para que el hombre resurga con nuevos bríos, razón por la cual en La Voluntad de Poder destaca que el siglo XVIII haya sido "aristocrático, ordenador, orgulloso frente a lo animal". Aquí la categoría de lo animal no significa un amor a la condición misma, sino que se usa para llevar al hombre a un nivel de reflexión a partir de la condición animalesca. Lo que hay en Nietzsche son parábolas zoosóficas para que sean entendidas por el hombre.
En el aforismo 57 del "Caminante y su Sombra", Nietzsche señala que detrás de la relación entre los hombres y los animales se esconde una instrumentalidad, un ejercicio de razonamiento. Cuando hay crueldad hacia el animal el filósofo la denomina un producto de la "irreflexión", pero "si, por el contrario, nos resultan útiles, los explotamos, hasta que una razón más sutil nos enseña que podemos beneficiarnos de ciertos animales manteniéndolos y cuidándolos, es decir, domesticándolos. Sólo entonces nace allí una responsabilidad. Se evitan los tratamientos bárbaros a los animales: hay quien se irrita cuando ve que alguien trata mal a una vaca, en plena conformidad con la moral de la comunidad primitiva, que ve en peligro a toda la comunidad en cuanto un individuo comete una falta.Quien observa un delito en la comunidad teme que le sobrevenga a él indirectamente un daño, y cuando vemos maltratar a los animales, tememos por la calidad de la carne, por el cultivo de la tierra, por los medios de comunicación. Quien es cruel con los animales suscita la sospecha de que también lo será con los individuos débiles, con los sujetos inferiores e incapaces de vengarse, y se le considera innoble despreciable"".
Es decir, para Nietzsche lo que media entre los hombres y animales es una relación de cálculo, no es entrega desapegada e instintiva, de amor puro, siendo esto algo contrario a lo que expresan las acciones de los animalistas, aunque de todos modos esa misma racionalidad es la que explica el paso de la domesticación a la demanda del reconocimiento de los animales, expresado en un cuerpo de derechos que son exigibles como propugnan los movimientos de esta época.
A reglón seguido de plantear en su aforisma la relación de interés entre el hombre y el animal instrumentalizado, Nietzsche sostiene que la crueldad de un individuo hacia un animal despierta el rechazo en los demás por cuanto se despierta la sospecha de que este mismo actuar se puede ejercer hacia los individuos más débiles, quienes justamente despiertan el desprecio del filósofo en toda su obra, por lo que lo la idea del filósofo no es una crítica al maltrato animal, sino que esconde una crítica a que las acciones morales que surgían en la comunidades primitivas que protegían a los débiles y no a los fuerte, sujeto de admiracion para Nietszche.
En la Genealogía de la Moral el pensador también compara la condición animal con el encasillamiento humano, en su mansedumbre: "Criar un animal al que le sea lícito hacer promesas -¿no es precisamente esta misma paradójica tarea la que la naturaleza se ha propuesto con respecto al hombre? ¿No es éste el auténtico problema del hombre?" Aquella tarea de criar un animal al que le sea lícito hacer promesas incluye en sí como condición y preparación, según lo hemos comprendido ya, la tarea más concreta de hacer antes al hombre, hasta cierto grado, necesario, uniforme, igual entre iguales, ajustado a regla, y, en consecuencia, calculable". Comparar al hombre con la condición animal en este pasaje equivale hablar de la subordinación a sí misma en la que está viviendo el género humano, lo que para Nietzsche es deplorable.
El animalismo establece una relación moral entre el hombre y los animales, pero Nietzsche aclara que esta relación no es así por cuanto "no consideramos a los animales como seres morales. ¿pero creeís acaso que los animales nos tienen por seres morales?. Con ello se desconfigura la idea del afecto recíproco entre ambas creaturas, quedando reducida a las motivaciones que gatillan esta relación, por sobre los comportamientos.
Zaratustra, el profeta nietzscheano, rodeado a animales es otra metáfora. Cada creatura que lo acompaña representa las categorías pensadas por el filósofo para que el hombre se supere a sí mismo, tal como lo indica Heidegger. Lo de Nietzsche, en resumen, es un método de trabajo zoosófico con el cual se pretende llegar a una nueva moralidad, basada en el salvajismo respecto a las anteriores tradiciones morales criticadas por el pensador alemán. El ser animal del hombre no es lo mismo que el animalista, pues una de los rasgos que busca imprimir Nietzsche es el de la depredación, el alzamiento de los instintos de los fuertes por sobre los débiles. En ese cuadro, con una moralidad más allá del bien y del mal habría que preguntarse qué pasaría en la relación de este tipo de hombre con los animales que -bajo una lógica depreadora- no están en una situación de hermandad, como lo sostiene el discurso animalista de estos tiempos.

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