martes, 8 de mayo de 2012

Giorgio Agamben: Vida primigenia controlada por la vida política



El concepto de nuda vida en la obra del filósofo italiano Giorgio Agamben es central en la continuación de la biopolítica tratada contemporáneamnete por Michel Foucault. Hace referencia a la vida sin calificación, la vida en su estado desnudo, salvaje podríamos decir, especialmente desde la perspectiva de la vida política y social. La nuda vida no tiene una apropiación determinada, sino que es objeto de dominio de la esfera política en cuanto orden social.
La nuda vida solo es conservada si se sujeta al dominio del poder soberano. Las formas de vida son heterogéneas y, por eso,  cuando a los hombres se les despoja de sus derechos, el lenguaje legal abre espacio a la aplicación de la violencia que se puede aplicar a éste por no ser considerados como sujetos, esto pasa explícitamente en los estados de excepción.
El problema del pueblo es que está siempre dentro de un lenguaje que lo identifica genéricamente, pero que al mismo tiempo lo excluye con  la palabra legal, siendo objeto de una potencial violencia. El pueblo como exclusión no puede formar parte de lo que lo cual en que forma parte-
Oposición entre pueblo y pueblo, ciudadanía y pueblo y nuda vida y forma de vida. Agamben ve a la vida en función de la forma que adquiere, un modo de vivir; la nuda vida que es absorbida por el espacio político del Estado, fundado en la palabra jurídica. El estado transforma a la vida en una defensa contra la muerte, que produce el levantamiento de la vida del Estado, de la soberanía. La vida sólo se puede asegurar mediante la soberanía para alejar al estado de la muerte violente del hombre por el hombre. Con ello la vida de la soberanía debe absorber a las otras formas y/o modos de vida anteriores que se son nominados o clasificados como por la palabra como estado de la naturaleza o como bárbaros. La soberanía, entonces, se funda en esta violencia de la palabra como plantea Esposito.
El poder del Estado ya no se centra en el monopolio de la violencia, sino en el control de la apariencia, en la vida política que se orienta en la idea de felicidad en la época moderna, con la declaración de principios, por ejemplo, de la sociedad estadounidense, donde la palabra escrita menciona el derecho a buscar esta felicidad, pero en un campo de acción posibilitado, como lo es la vida que otorga el nuevo Estado.
Aquí es fundamental el concepto de nuda vida en Agamben; que es absorbido por el poder soberano desde tiempos del imperio en Roma, pasando por el derecho natural teológico, hasta el Estado moderno que se plantea como el defensor de la vida. Al tratar de superar el alcance del concepto de biopolítica de Foucault, Agamben también ofrece una nueva forma de entender la palabra dadora de una nueva vida al hombre en un nuevo orden.
Nacen nuevas palabras, nuevas nominaciones para la nuda vida, los modos de vivir. Buen ejemplo pone Agamben cuando menciona el traslado del súbdito a ciudadano, al igual que a la transición que ejercita con la palabra pueblo y campo.
Otro paso importante en Agamben es la relación que establece entre la política y la gestualidad como comunicación, es el gesto que tiene un alcance mayor que las palabras, lo que hace posible un elemento central en la biopolítica como lo es la visibilidad de lo endecible, en este caso.

miércoles, 2 de mayo de 2012

El lenguaje como lugar de lo político en Roberto Esposito


De acuerdo al filósofo italiano Roberto Esposito, la acción política existe gracias al lenguaje y su carácter es gregario. Uno de los puntos esenciales del autor es su planteamiento de que el lenguaje tiene rasgos jurídicos que se acerca al ámbito de la violencia, en el sentido de determinarla a favor de una de las partes en juego. Se pretende ajustar la justicia, una definición lingüística y conceptual del bien y el mal, con la fundación normativa de la comunidad. La palabra, el lenguaje dice lo que es bueno y lo que es malo.
La palabra edifica la política, pero no significa que sea un instrumento de ésta. El lenguaje se asocia y se identifica con un punto de partida en la modernidad: el lenguaje jurídico, la palabra de la Ley, lo que dice la formalidad legal. La nominación tiene una función creativa y también negativa que se pone en una posición confrontacional. Si algo se nomina como negativo o malo se excluye, lo que justifica el nacimiento de una violencia potencial sobre lo que recibe la nominación negativa.
El lenguaje es la correa de transmisión de la violencia cuando esta se invisibiliza como una forma superior de dominio; aquí surge la sofisticación de la violencia en una instancia determinada: El Estado, como organización principal de la cual dependen otras instituciones de violencia con su propio lenguaje más particularizado.
El Estado, como expresión de poder, se hace valer por la palabra, cada vez que nomina algo utiliza una potencia, un espacio de posibilidades. Con la palabra, el Estado, al igual que Adán, instaura un dominio a través de las nominaciones en un espacio de posibilidades que es la esfera jurídica, en que se dice lo que se puede y no se puede hacer.
El lenguaje, cuando no comunica nada a nadie, revela algo a todo, dice Esposito, con lo cual se abre el abanico de la sospecha que está siempre implícita en el campo de la comunicación política. Por eso Esposito hace alusión al grado de violencia de la palabra, según el secretismo que tiene. Lo que no se puede decir tampoco se puede callar y es este el ejercicio del filósofo italiano, quien descubre el carácter dual del lenguaje, que no es único.
Otro concepto clave es el lenguaje plural que menciona Esposito a partir de Blanchot, en que “lo impolítico” de la palabra es la pasividad, que se relaciona con las narraciones hechas y no escuchadas. El no ser escuchado también genera una violencia del lenguaje para que lo que se dice en la imposibilidad de la palabra.
Esto lleva a la contradicción que se ejerce en la palabra cuando se manifiesta en lo político, contradicción entre violencia e igualdad, contradicción entre lo que se dice y se hace, contradicción entre lo hablado y lo no hablado. Dentro de la palabra se encuentra lo mudo, dice Esposito, a partir de la obra de Benjamín. De ahí creemos que se puede establecer lo que el sentido común llama un discurso vacío; el cual se habla, pero no dice.
En este sentido, la violencia se amplifica en las situaciones generalizadas de desastre; en las guerras, golpes de Estado o situaciones de violencia generalizadas en una sociedad, hay algo que todos saben, pero que pocos hablan. La palabra imposibilitada está siempre presente en las sociedades por este motivo y constituye una perspectiva de análisis de la comunicación política.