viernes, 28 de diciembre de 2012

La crisis del pensamiento político desde la ciencia hermenéutica

En Chile el pensamiento político se encuentra en crisis, en el sentido de que está bastante alejado de la ciencia hermenéutica, debido a una serie de  atavismo que se dan en torno a la hermenéutica misma. Siguiendo lo postulado por Gadamer respecto al círculo de la comprensión podemos elaborar identificar varios puntos que nos permitirían reconocer la crisis del pensamiento político a partir de la comprensión del otro.
Según Gadamer, es necesario suspender los juicios a priori que se tienen cuando se lee un texto. Cuando uno es un intérprete de otra creación. A nuestro juicio, estamos en presencia de una crisis si tomamos en cuenta que los postulados ideológicos inamovibles de izquierda y derecha que aún persisten en Chile y que tienden a reducir los temas del debate público, según sus propios puntos de vista.
Así, son pocos los que acceden sin prejuicio al contenido ideológico opuesto, olvidando sus propias opiniones. Por ejemplo esto pasa siempre que se quiere hablar de la distribución del ingreso, pues –para algunos sectores- esta discusión está contaminada por el comunismo O sea, la idea de que la distribución del ingreso “es un tema de comunistas”, lleva a varias personas a dejarlo de lado, con lo que demuestran que no salen de sus prejuicios al momento de interactuar con contenidos distintos o de ser intérpretes de discursos. Lo mismo pasa, desde el punto de la cultura de izquierda, o de extrema izquierda más bien dicho, cuando se habla de economía y crecimiento económico se tienden a desvirtuar los aspectos técnicos de la ciencia económica, por considerar que no toma otros detalles sociales. Esto lleva a hablar que la economía “es una manipulación”, o una mentira de los Gobiernos de turno “para engañar al pueblo”. Vemos entonces que en ciertos sectores político-culturales existe un desconocimiento certero de la práctica hermenéutica, debido a que no existe una generalización de apertura a la opinión del otro.  Esto se comprueba con lo que dice Gardemer respecto a que “el que pasa por alto lo que el otro dice realmente, al final tampoco podrá integrarlo en la propia y plural expectativa de sentido” (pág. 66).
Gardemer dice que existe una relación circular entre el arte de hablar y el arte de comprender, que el objetivo de la hermenéutica o de la comprensión es crear un acuerdo donde no existía, pero esto no pasa en Chile al nivel del sentido común, especialmente en temas político-ideológicos, aunque sí pasa en la academia y en los debate más elaborados de centros de estudios. Lo mismo pasa con los textos, porque son varias las personas que no leen libros “del otro lado”, ya que los descartan inmediatamente si conocen que su precedencia es de izquierda o de derecha. Esto termina por coartar la hermenéutica.
Son pocos los que logran salir del cerco de los prejuicios y se adentran en las opiniones de los otros, relacionándolas con las propias.  En parte, esto se hizo en Chile a inicios de los años 90 con la llamada renovación de un sector de la izquierda o con algunos sectores liberales de la derecha, donde se incorporaron elementos del otro pensamiento en cada una de estas ideologías. Por ejemplo, en la izquierda concertacionista se aceptó la idea de libre mercado como asignador de derechos sociales, como educación y salud, los que se legitimaron entre 1990 y 2010. También en esa época, un sector de la derecha aplicó conceptos de justicia social y mejoría en la distribución del ingreso, hasta un cierto límite.
Con ello, ambos sectores demostraron lo que dice Gardemer en el sentido de que la tarea hermenéutica “es un pensamiento objetivo”. Se pusieron las opiniones de otros en relación con las opiniones propias. La idea no es defender la renovación política como un juicio de valor, sino como un juicio de hecho desde la perspectiva hermenéutica  que parte de la actitud de comprender la alteridad del texto. Aquí hubo un proceso de concientización hermenéutica es la que extiende los sentidos y permite el dinamismo de las ideas, el que fue hecho selectivamente y no de forma neutral, como advierte Gadamer.
Podemos decir que la renovación del pensamiento político-ideológico en los últimos 20 años provocó una crisis entre aquellos que efectivamente pasaron a considerarse renovados y quienes se oponen a ello, siguiendo una tendencia más tradicional, lo que afecta a la cultura de izquierda y derecha. En cada uno de estos encasillamientos culturales  ocurrió la ruptura de dos corrientes, y cada una de ella seguía por lo que Gadamer llama el “anticipo de la compleción”, que orienta a la comprensión de nuevos textos, opiniones o ideas, cuyos contenidos son considerados trascendentes. Tanto los tradicionalistas, como los renovados presentan expectativas de sentidos que nacen de sus condiciones de existencia, aunque el problema es que o ninguna de estas dos posiciones actualmente se están abriendo a otra transmisión de textos, limitando el acceso a nuevas informaciones, produciendo una crisis en el pensamiento político. No hay una cosa nueva a la cual atenerse, no hay una intención de comprender nuevos textos y eso es una desafío para ponerse a profundizar la hermenéutica, con una nueva actitud si efectivamente se quieren sentar las bases de nuevos discursos político-ideológicos en el país.



viernes, 16 de noviembre de 2012

El formulismo no platónico de la clase política chilena

La clase política chilena nunca se ha caracterizado por la noción platónica que nos habla de gobernantes virtuosos y sabios que son los encargados de tomar decisiones en la polis. Las condiciones históricas de acumulación económica y de construccionismo socio-cultural y simbólico han desembocado en un grupo autoreferente, endógamo y que crea sus propios mecanismos de reproducción y de defensa hegemónica.
Ejemplo de las carencias de virtudes lo dan constantemente la sociedad política al intentar hacer frente a los intereses que surgen en la sociedad civil. Si una demanda de esta última toma demasiada fuerza, con posibilidades de generar potenciales espirales de cambios institucionales, inmediatamente se activan los mecanismo de defensa de gobernantes y dirigentes de partidos políticos que se recriminan mutuamente la culpa por las acciones que realiza la ciudadanía afuera de lo círculos de poder.
El caso de los coletazos del Movimiento Estudiantil chileno quedó en la bitácora. Después de que cada marcha instalana una toma de conciencia mayor en las familias que sufren el endeudamiento con bancos y el Estado por crèditos de educación superior, el discurso político-institucional ligaba las demandas ciudadanas a intereses de los partidos políticos de la oposición, con lo que se buscaba reducir al campo institucional la disputa de las fuerzas sociales que exigían cambios al modelo educacional y financiero.
Esta estrategia se repite en todo lo que atañe a discusiones socio-económicas que son instaladas por grupos sociales organizados, lo que refleja el atávico paternalismo de la clase política, que concibe al Estado como un solucionador unilateral de problemas, sin considerar una participación activa de la ciudadanía. Aquí entra en juego la falta de sabiduría y se entroniza la lógica de elites -o de grupo dominante- para tomar parte de las presiones civiles para posteriormente redirigirlas a cambios de forma en la institucionalidad puesta en cuestionamiento.
He aquí la noción de monoría organizada que habla Gaetano Mosca en su teoría de "clase política" postula la existencia, en el seno de cualquier tipo de organización social, se basa en la detención del poder en los centros de decisión efectivos.
Es el autoencierro en el diseño formalista de hacer las cosas públicas, como autoreproducción de estructuras de poder que después reafirman los intereses económicos y simbólicos. Estos últimos son la fórmula política que menciona Mosca y que en Chile se asocia con la ideología de la élite en torno a la idea de estabilidad, como algo opuesto a las presiones por reformas estructurales. El mito de la estabilidad que se asocia al mito de la excepcionalidad de Chile en la región latinoamericana, para justificar el dominio sobre el resto de la sociedad, como lo explica Mosca: "Cualquier clase política, de cualquier forma constituida, no confiesa nunca que ella manda por la sencilla razón de que está compuesta por unos elementos que son... los más aptos para gobernar, sino que encuentra siempre la justificación de su poder en un principio abstracto, en una fórmula".
Esa no confesión es la que tapona cualquier atisbo de virtuosismo platónico y del cual carece la clase política chilena.


domingo, 4 de noviembre de 2012

Economía de la felicidad, mercado y derechos sociales


El sistema simbólico-cultural que crea el capitalismo se basa en la idea de forjar la expectativa aleatoria de que cualquier individuo puede tener éxito en la libre circulación de bienes y servicios. Cualquiera y no todos, esa es la matriz ideológica que, en el camino, fabrica un ejército de frustraciones que mueren en el dinamismo del mercado abierto.
De la frustración al conformismo existe una delgada línea divisoria, la que también deja abierta la puerta para la entrada de disfuncionalidades, de la entropía o conductas que no son adaptables a la perspectiva de las prácticas hegemónicas.
Frustración, conformismo y entropía son conceptos que se identifican en el capitalismo como un permanente estado de trastorno para el hombre, en lo que puede relacionarse con el concepto de alienación marxista, la separación del hombre con el hombre, su cosificación debido a la mercantilización de las relaciones sociales.
Todo se podría resumir en la idea de la felicidad, una condición antropológica que el discurso del capitalismo cultural asume, pero que se vive a través de las contradicciones.
Mediante estos supuestos llegamos al concepto de la economía de la felicidad que va más allá del bienestar material, apuntando más a la vida interior de los individuos, a la facilitación de condiciones objetivas para impulsar satisfacción en vez de frustración, lo que otorga un rol preponderante a la subjetividad.
Opera a nivel microeconómico, en interrelación con la antropología económica, donde las variables socioculturales tienen un rol más preponderante, como lo es la distribución del ingreso y relaciones laborales y cooperación económica. Esto pone a la economía de la felicidad en el mismo carril que la construcción de sociedad.
Alberto Mayol plantea en su obra “No al Lucro”, la relación entre menor felicidad y la despolitización de la ciudadanía: “Los chilenos han usado la felicidad como combustible, apelan a ella para ser aceptados, pero no se orientan a producirla, sino consumirla.
Así, el clásico axioma de que el dinero no hace la felicidad se potencia, en algo que se demuestra a través de la curva paradójica que sufren los países desarrollados que multiplican su ingreso per cápita, pero que mantienen achatada la curva de felicidad.
La oposición entre la lógica consumista y la del bienestar en la economía es la participación en la vida económica y social no desde el punto de vista del consumo, sino que de una red de derechos. Ese es uno de los motivos por los cuales la economía de la felicidad se vuelve un fundamento para la crítica de las políticas liberales que privilegian el aspecto cuantitativo del aumento de productividad, competitividad e ingresos económicos, sin correlacionarlo con indicadores sociales sustentados en una red de derecho, como se ejerce en el modelo de desarrollo de los países escandinavos.
Otro aspecto esencial es considerar la subjetividad de cada individuo a la hora de definir la felicidad, independientemente del acceso y uso de bienes materiales. Y aquí juega un papel clave la consecución de derechos sociales como salud, educación, participación democrática en la toma de decisiones, porque aumentan valores sociales como la confianza y la cooperación que, desde el punto de vista económico se convierte en capital social, algo que en Chile e un déficit enorme.

sábado, 13 de octubre de 2012

Formato televisivo e internet como formatos del lenguaje de la vida

El formato televisivo tiene como característica el ser meta histórico, ir más allá de las nociones de pasado, presente y futuro. Este es uno de los principios que menciona el filósofo chileno Juan Pablo Arancibia al hablar de meta lugar. Esta cualidad hace que se configure un lenguaje narrativo de la modernización que está presente en Chile desde hace 30 años.
Al utilizar la narración histórica, la televisión se convierte en la historia. Esta apropiación permite que la administración de sentidos se transforme en una forma de conocimiento, la que también es susceptible de ser reducida al campo de lo micro narrativo que opera en la cotidianeidad.
En lo que se refiere a la modelización de la subjetividad y a la producción del cuerpo mediatizado, lo central que se destaca en la propuesta de Arancibia es el concepto de velocidad que encierra a la producción del lenguaje, racionalidades y propuestas estéticas, lo que se denomina como síndrome del flujo: La mediatización absorbe y reprograma la vida cotidiana de las personas; la extrae y la manufactura para valerse de ella y ponerla constantemente en circulación, en un ciclo.
En esta mediatización de la cotidianeidad mediante la televisión e internet se vuelven lenguaje de la vida, establece una racionalidad, una forma de biopolítica, en el sentido de que permite a la constante oferta televisiva ser partícipe del ciclo biológico de sus usuarios. El desarrollo de Internet como espacio de contenidos discursivos que sobrepasa la capacidad omnicomprensiva de meterse en todos los rincones y superficies, también está consolidándose como un lenguaje de vida. La perspectiva de la brecha digital para sostener la preeminencia de la televisión como espacio discursivo meta temporal no pierde peso, pero ya está mirando hacia atrás al formato de internet, que se encuentra cada vez más cerca.
Al asignarle las funciones de vigilancia y microvigilancia a la televisión, Arancibia deja entrever el rasgo panóptico del formato televisivo, en circunstancias de que la irrupción de las redes sociales 2.0 en Internet ya está abriendo los espacios para hablar de un post panóptico, en que se da un mayor intercambio entre el usuario y el medio de información.
Pero en el concepto de microvigilancia, el autor plantea esa distinción artificial de conduce la esfera política o el poder soberano sobre la sociedad, al darse la autoinmunidad de ser blanco del mismo control omnipresente que realiza la televisión, lo que efectivamente genera un tipo de sujeto, una modelización de la subjetividad que opera como un tribunal que determina pautas.
Nuestros cuerpos son mediatizados por estas formas de escritura y lenguaje televisivo, sin este tipo de discurso no se produciría el cuerpo televisivo autoreferente que se objetiviza a partir de las subjetividades que genera, la narración televisiva posibilita que se levante este cuerpo a partir de ella hacia afuera. Somos constituidos por sus narraciones, sus lenguajes y palabras, muchos esperan ser narrados en este espacio discursivo, sin darse cuenta, actúan por automatismo frente a las cámaras, esperan que sus cuerpos sean enunciados.
Cuando el autor habla de prolongaciones de las objetivaciones nos lleva a entender que formamos parte de las prótesis del cuerpo de enunciados narrativos del lenguaje que da vida al discurso televisivo. El material de estas prótesis es el resultado de la modelización  de subjetividades.



viernes, 12 de octubre de 2012

Pensar la política en el marco de la autorregulación del mercado



La obra "Pensar la Política", del filósofo chileno Marcos García de la Huerta, abarca el análisis de las relaciones que se dan entre sociedad y mercado, con un relato que se inicia con la explicación de la lógica económica que anima a la producción, en que el concepto técnico de la globalización cumple un papel central, especialmente desde la construcción de un pensamiento único cuya atención se centra en la economía y no en la acción y política.
El sistema de libre mercado, basado en la des y auto regulación es el producto concreto de este pensamiento único, de esta forma de conocimiento que también es una episteme foucaultiana. Pero existe una dicotomía entre lo propone este pensamiento único como palabra y su espacio de acción real, porque la premisa que impulsa  a este pensamiento es la ausencia de normas: La autorregulación supone la inexistencia de la palabra escrita en la esfera jurídica.
Esta esfera faltante, reconocida en la noción de marco regulador, es lo que se denomina “el malestar de la globalización”, que surge como uno de los conceptos clave que menciona el autor, considerando a Joseph Stiglitz. La exposición de García Huerta refleja gran parte de los conceptos tratados por los otros autores sobre política y lenguaje como, por ejemplo, la existencia de un discurso que habla de un pensamiento único que pretende invisibilizar a la política y el lenguaje plural que implica.
También se puede extrapolar el concepto de democracia real que menciona García Huerta con la dicotomía entre la teoría (el discurso) y la práctica. Esta disociación entre lenguaje y la política real que se desarrolla es un punto clave para comprender el por qué la democracia es objetada por sus alcances prácticos a partir de su lenguaje de igualdad y desarrollo para todos.
Esto es uno de los factores que explican la merma de la confianza pública que advierte este autor, razón por la cual se interroga si algún discurso de poder, en su posibilidad, es capaz de distanciarse de la realpolitik que el mismo discurso ha condicionado o ayudado a construir. Existe otro elemento importante en el análisis de García Huerta y que es el de espectador, relacionado etimológicamente con la teoría. Una sociedad de tele espectáculos, que navega en las aguas de una teoría que se disocia del sentido común de las personas y de sus lenguajes plurales. Se mira, pero no se participa, este es el resultado de la oposición entre lenguaje y política. Una sociedad civil que exige derechos en una multiplicidad de lenguajes que se desmarcan del pensamiento único.
Del concepto de pobreza que trabaja el autor también es posible extraer algunas ideas como la relación que existe entre el lenguaje del pensamiento único para “erradicar” la pobreza, un “poder de sanación”, como señala este autor, que va de la mano con una mediatización que deja de protagonistas a los creadores de la palabra o lenguaje abolicionista de la pobreza, mientras que los supuestos beneficiarios de esta palabra son espectadores, junto con otros exponentes de la sociedad civil.
En el caso chileno, se muestra cómo la independencia del país se sustentó en un mito, un lenguaje, una palabra tendiente a disfrazar con las apariencias, las debilidades estructurales de la sociedad, que eran en parte una consecuencia de la práctica de la realpolitik. El concepto central en este ejercicio es la excepcionalidad que se autoimpuso en el país con el contenido de violencia que advierte Esposito. La palabra de la excepcionalidad en el discurso fundacional del Estado chileno es un elemento orientador en la obra de García Huerta para entender la comunicación política en el país.

sábado, 4 de agosto de 2012

Fragmentación del campo cultural y control social de los Mass Media: una mirada biopolítica

La llamada fragmentación de las subjetividades en las sociedades del capitalismo tardío son uno de los ejes centrales en el actual debate de las ciencias sociales. El rol que le compete a las funciones de los Medios de Comunicación en este escenario es fundamental para nuestro objeto de estudio: Las relaciones entre Mass Media, el Poder y el control social descentralizado que circula entre las poblaciones. Para ello analizaremos lo expuesto por diversos autores en lo que respecta a los principales rasgos constitutivos de la post modernidad: reorganización del campo cultural (Sarlo); crisis en las categorías de interpretación (Barbero); modificaciones en los saberes narrativos (Cuadra); entronización de los sentimientos personales sobre la vida social (Sennett); trasvasijación del rol del intelectual al del experto (Sarlo), y la apropiación massmediática como un intérprete de los distintos escenarios que coexisten en estos tiempos.
Tomaremos dichos puntos como una línea argumental básica que relacionaremos –muy brevemente- con los procesos históricos de conformación socio cultural inscritos en la idea republicana en Latinoamérica, en el contexto de la expansión de las prácticas capitalistas que se desarrollaron conjuntamente. La convergencia de estos tópicos la vincularemos con el marco conceptual dado por la obra de Michel Foucault en cuanto a las formas de control social y la omnipresencia del poder en la sociedad, a través del funcionamiento de una serie de dispositivos que actúan en el campo cotidiano de los individuos. Muchas voces coinciden en englobar la propuesta del filósofo francés bajo el nombre de “Biopolítica”.

1.- Transformaciones culturales, continuidades y rupturas de epistemes
Tal como sostiene Beatriz Sarlo, uno de los elementos primordiales para reconocer los cambios que trae consigo el concepto de postmodernidad es la reorganizacion del campo cultural a partir del formato audiovisual. La television como una instancia tecnológica que incesantemente crea dispositivos de saber. Estos dispositivos los debemos comprender bajo la explicación que entrega Foucault como: “un conjunto decididamente heterogéneo, que comprende discursos, instituciones, instalaciones arquitectónicas, decisiones reglamentarias, leyes, medidas administrativas, enunciados científicos, proposiciones filosóficas, morales, filantrópicas; en resumen: los elementos del dispositivo pertenecen tanto a lo dicho como a lo no dicho. El dispositivo es la red que puede establecerse entre estos elementos”.

 1.1.- Ruptura con el campo de poder y saber decimonónico de República
Debemos considerar este carácter heterogéneo de elementos que tienden a intervenir en la conducta de las personas. En este caso, desde el formato audiovisual, como un espacio que reemplaza a la polis republicana, entendida como el lugar desde donde provenía la discusión de los problemas en común que afectan a una comunidad, población o sociedad. Esta idea de polis productiva del espíritu republicano era planteada por Andrés Bello, a partir del rol de la Universidad como la fuente generadora de saberes y virtudes en la población, era esta la instancia primegenia para hacer surgir el desarrollo de la nación, según explica este intelectual en los paños de sabio, tal como lo señala Carlos Ossandón en su obra “El crepúsculo de los sabios y la irrupción de los publicistas”. La figura de Bello y otros precursores de saberes institucionalizados y sistematizados hacia la sociedad es tomada por Sarlo bajo la concepción de que ellos estaban obligados, debido a sus capacidades, a enseñar a la sociedad acerca de temas fundamentales al alcance de todos.
 Era una democratización del saber en su sentido amplio. Pero esta idea actualmente se ha diluído con la dictadura del formato audiovisual que enseña a la mayoría; es la gran formadora de discursos hegemonicos que genera una exclusión: sus usuarios quedan cercenados en la recepción de otros formatos que los llevan a reflexionar por sobre el impacto inmediatista del formato audiovisual. Si la idea de intelectuales como Bello, Sarmiento era construir un proyecto de sociedad lo más homogéneo posible, ahora se ha fragmentado en múltiples realidades. Si antes la idea era el relato narrativo escrito el vehículo el soporte comunicacional que reproducía ideas, valores y creencias con el habla social, actualmente es lo audivisual lo que impone los códigos de conducta, no otorgando una garantía al estatuto de la ciudadanía como un complejo de derechos y deberes para las personas.
 Desde la perspectiva de la Biopolítica podemos señalar el cambio radical en el uso de dispositivos de saber y tecnologías de dominio entre el proyecto iluminador del siglo XIX y el proyecto de hegemonía comunicacional del siglo XXI. La intervención del poder estatal decimonónico en la población deja ser ser un poder pastoral a costa del mercado, el cual ahora toma este poder de intervención sobre las conductas, creando subjetividades más dispersas, menos ilustradas y concientes de la idea de nación que se deseaba inculcar en el siglo XIX.
 Los sistemas clasificatorios que instaura el Estado en el siglo XIX para controlar a la población en el sentido de qué debían pensar, a través del enunciado de las virtudes y la ilustración, ahora pasan a ser administrados por la lógica del mercado, la mercadotecnia que se vale del dispositivo tecnológico audiovisual para segmentar nichos de consumo y otros enunciados destinados a sustiuir la virtud pública del sujeto en una virtud de acceso a mercancías.
 En cierto sentido, Sarlo plantea la necesidad de retomar lo hecho por la racionalidad política democratizadora de lo público, al menos en sus prácticas discursivas, a estos tiempos. Por eso afirma que se debe recomunicar la esfera pública con la académica y la política. Propone entrar a configuraciones de poder democráticas en que se incluya a la esfera pública. Se trata de distinguir la producción de discursos que se constituyen como saberes sin mezclarse.

 1.2.- Elementos de biopolítica en la fragmentación de subjetividades

El enfoque biopolítico, entendido como una serie de dispositivos de poder y saber destinados a intervenir en las necesidades vitales de las personas y sus conductas para obtener un control social determinado, se acopla también con las idea de José Martín Barbero. De acuerdo a este autor, el vacío dejado por la fragmentación ideológica plantea una crisis en las categorías de interpretación que son captadas por la razón instrumental de las tecnologías (dispositivos discursivos y de una tecnología del yo como dice Foucault) unida a la pasión personal, produce un repliegamiento autonómico del individuo y vías de escape como el consumismo, comunicabilidad con fines privatizables y no públicos, oferta saturante de información acompañada de precarización educacional, empobrecimiento de la experiencia a costa de la entronización de la imagen en la comunicación social, símbolo que no tienen sustancia.
 El pilar de las pasiones internas de la persona está vinculado a los procesos biológicos de éstas. En una sociedad de consumo, las necesidades se hiperbolizan, se convierten en conscunspicencias que, a su vez, dan lugar a paradojas. Por ejemplo, un mayor acceso a sistemas de salud (o sea un poder organizado para intervenir y tratar de salvar la vida humana), no implica necesariamente que la gente se cuide más, sino que pueden ser víctimas de sobrepeso y otras enfermedades derivadas debido a la falta de dominio del individuo en medio de una sociedad de consumo, donde los productos más demandados son los “alimentos basura” que, incesantemente, son promocionados en el formato audivisual. Esto genera una reacción del Estado (un ejmplo de biopolítica), al organizar campañas de prevención contra la obesidad, pero que tienen como principal poder antagonista al mercado que incentiva al consumo de estos alimentos.
 Barbero, al igual que Sarlo, advierte que las racionalidades creadas por una sociedad de consumo lesionan la confianza construída por el modelo republicano en los valores, virtudes y normas éticas de la sociedad. Ahora se ha creado otro tipo de subjetividad entre la población. A esto lo denomina como Des-ordenamiento cultural. La idea ilustrada de cultura ha sido subvertida  por la experiencia individual que cambia el espacio y el tiempo. Se generan cambio a nivel de las relaciones identitarias al interior de la comunidad. El pasado perdió la coherencia organizativa de una historia. El presente hecho con el ingrediente de la inmediatez pierde la relación histórica.
 El sentido que mueve a la tecnología es el desarrollo de la comunicación como imagénes. Al ser sometida a la lógica del mercado, la imagen tiende a perder su sentido, la pulsión de ver reemplaza al deseo de saber. Hay una nueva configuración del discurso con lo visible. Hibridaciones que no dan cuenta de las contradiciones, no crean otras síntesis, excepto aquellas mediadas por la lógica de la mercadotecnia. Todo esto, diría Foucault, es la consecuencia de las acciones e influencias de los dispositivos de poder y saber que circulan en todos los niveles de la sociedad, en unos más que en otros. Bajo la óptica de la biopolítica propuesta por el filósofo italiano Giorgio Agamben, esta sociedad de consumo genera una relación estratégica de inclusiones y exclusiones. Hay un disciplinamiento social mediante el consumo, Quien no consume queda excluído del espacio de la polis.

 1.3.- El orden discursivo como relación estratégica del control social
Alvaro cuadra plantea algo similar al decir que este tipo de sociedad en latinoamérica forma parte de un diseño de estrategia global. Identifica a un poder detrás de estos procesos que actúa dinámicamente. Tanto así, que después terminan autonomizándose de su matriz creadora, debido a que sus reglas son el lenguaje y las imágenes, algo altamente revolucionario.  Dice que así nace una ideología banalizada, producto del habla social, intrascendente, apolitizada en términos de conciencia crítica y discusión. Surge un perfil socio genético de la cultura marcado por deseos irrefrenables de consumo, con lo cual caemos nuevamente en la biopolítica, pero ahora desde la perspectiva de sus prácticas discursivas como señala Foucault en su obra, el “Orden del Discurso”. El poder transformador del lenguaje (enunciados en Foucault) es que deriva en acciones que crean formas de vida. Aquí calza con la idea de agamben de la racionalidad biopolítica: debe entenderse también como la actuación sobre una forma de vida, algo más allá del hecho biológico en las personas. El saber narrativo, según Cuadra, instituye marcos valóricos y legitima los lazos sociales. En este sentido, también se añora la concepción decimonónica de la narración escrita como un dispositivo de saber entre la población, como  la autonomía poética que otorgaba un sentimiento de libertad continental, asociada al proyecto emancipador de las sociedades de la época.

1.4.- Dominio desde el espacio íntimo al espacio público
La idea de  Richard sennett acerca de la aparición de una nueva  tecnología del yo para el autoconocimiento fuera del espacio público, nos habla de una racionalidad biopolitica diversa a la que se hizo en el siglo XIX. Si antes el Estado intervinó en las poblaciones, mediante prácticas e ideas como la medicina social, inteviniendo en sus espacios íntimos del hogar, para llevarlo a un espacio público de interacciones (hospitales, colegios), ahora se revierte tal proceso: la vida social se guía según el sentimiento personal, dice Sennett.
Un ejemplo de esto lo podemos dar con las actuales redes sociales, donde las personas revelan sus personalidades a los demás, en un espacio público virtual y no real: aquí ahora se escriben si están enfermo, además de compartir otros sentimientos subjetivos, asociados a sus procesos biológicos (dormir, comer, etc.). La persona, a través de su vida íntima, se autentifica como actor social, obtiene un poder, lo hace circular con los demás, tal como lo plantea Foucault.
Eso mismo hacen los Mass Media cuando implantan interconectividad con sus públicos objetivos: la sensación de tener una cuota de poder, haciéndolo circular mediante sus opiniones y declaraciones en temas determinados. Pero todo esto se olvida de un día a otro, por la inmediatez del tratamiento informativo, por lo que se cae en el vacío de la fragmentación. Como afirma Leonor Arfuch, el problema es que esto reemplaza a la acción, se está sólo en un nivel de apariencia. Ello ha influido en la esfera política con la personalización de la política, produciendo un desbalance de lo privado en lo público. Esto es una técnica de poder para el control social, en la perspectiva de Foucault, cuyo dispositivo es televisión, la cual se constituye como espacio público que tiende a imponer un ritmo, reglas temáticas a la política y a la intimidad.

Conclusiones
Como hemos visto, la problemática de la desvaloración del sentido de los discursos públicos a favor de la Massmediatización mercantil, que ha producido la fragmentación de los saberes constituyentes de la democratización del espacio público hecha en el siglo XX, se puede ligar a los marcos conceptuales entregados por el modelo de análisis de la biopolítica inscrita en las obras de Foucault. La relación concreta entre esta metodología, que se divide en la genealogía del poder y la arqueología del saber, y los efectos fragmentarios de la comunicación post moderna presenta el carácter estratégico de construir una racionalidad política nueva, un control social basado en la transparencia del espacio público de fines políticos a la creación de un espacio privatizado que usa lo público con un criterio economicista-mercantil.
 Para ello, el concepto clave del dispositivo ha sido fundamental en lo que rodea a las transformaciones culturales hegemonizadas por este poder pastoral y tecnológico que tiene actualmente el formato audivisual, a través de una tecnología de poder y prácticas discursivas que segmentan la sociedad de acuerdo a los sentimientos intimos de las personas. Este es el móvil del poder articulado desde la comunicación audiovisual, que no responde a un poder puntual, sino que responde a relaciones estratégicas de varios actores, que operan en todos los niveles. El formato audivisual de la televisión e internet adquieren elementos de la sociedad disciplinaria comentada por Foucault, estableciendo después un juego de discontunuidades y continuidades con la etapa del control social. El panóptico que implica la televisión interactiva produce un tipo de subjetividad en las personas, sustentado en la visibilidad. Esto se profundiza con la acción e influencia de las redes sociales 2.0, donde las personas pasan a administrar un espacio del panóptico, desde su intimidad tienen el poder de decidir a quién se excluye y a quién se incluye; seleccionan y discriminan la fragmentación de saberes que circula en esta economía de la información; crean su propia economía política informativa y simbólica en este espacio y dan visibilidad a sus subjetividades.
 El nudo gordiano acerca de si esta fragmentación es perniciosa para la población en su conjunto, a nuestro juicio, ya ha caído en esta vorágine de la subjetividad, por lo que el planteamiento de retornar a los grandes relatos con fines emancipatorios del siglo XIX resultan anacrónicos e implican un potencial riesgo de mayores desfragmentaciones. Si el deseo es atacar el estado permanente de falsa conciencia , del juego de relaciones aparentes que crean procesos como la sociedad de consumo y sus dispositivos tecnológicos y de saber, creemos que lo más fáctible es la idea de Sarlo de rearticular la esfera política, entendida como la polis donde se generan discursos de contenido inclusivo para resolver los problemas en común, con las diferentes estrategias de resistencia que surgen por estas prácticas del campo cultural hegemónico. Si bien Foucault, en toda su obra, no propone un programa de soluciones a sus análisis de la sociedad, bajo las herramientas conceptuales que dan vida a la Biopolítica, él da un paso adelante en reconocer los elementos que nos rodean para entenderlos. Una eventual salida a esta déficit en los efectos de los contenidos informativos que nacen de los Medios de Comunicación y de los intereses que operan detrás, alrededor y delante de ellos, se puede encontrar desde la idea básica de considerar la omnipresencia del poder, como una relación estratégica que también puede ser operada y aprovechada por narraciones de saber alternativas que consideren las subjetividades que se forman desde lo local para resolver problemas concretos en la convivencia común.
Esta plataforma, a nuestro modo de ver, es más flexible como herramienta de poder que puede crear sus propios dispositivos sin caer en los grandes relatos de antaño que presentan un carácter demasiado reduccionista y limitado a marcos conceptuales que no son capaces de apuntar a las particularidades específicas de los problemas y alineaciones generadas por la fragmentación del campo cultural.

miércoles, 1 de agosto de 2012

El concepto de Flaneur en Benjamín como resistencia reflexiva a la sociedad de consumo

El concepto del paseante  (Flaneur) en El Libro de los Pasajes de Walter Benjamín nos entrega uno de los primeros registros del fenómeno del consumismo en la lógica del capital.  Partiendo de las configuraciones arquitectónicas, Benjamín hace referencia a nuevos espacios en que se entroniza la mercancía fetiche, como un valor de cambio, por sobre el valor de uso.
Establece una antesala del concepto de industria del ocio, planteado más tarde por Max Hokheimer y Theodor Adorno, al mencionar a la “industria del recreo” que se estaba gestando a mediados del siglo XIX. Se constituyen espacios para el encuentro del consumo, entre el paseante urbano y los pasajes, a través del arte, de representaciones de la naturaleza, tal como actualmente propone la arquitectura de algunos centros comerciales “ecológicos”, con lo que continua la idea de trasladar el campo a la ciudad.
París en pleno siglo XIX  abrió sus espacios a pabellones, pasajes, interiores, los primeros boulevards, dan vida a los panoramas. Todos estos términos del primer umbral del comercio burgués marcan una genealogía moderna de los centros comerciales. “La primer condición para su desarrollo es el apogeo del comercio textil. Hacen su aparición los almacenes de novedades, los primeros establecimientos que tienen constantemente en depósito una gran cantidad de mercancías.  Son los precursores de los grandes almacenes”, escribe Benjamín respecto a los orígenes de los pasajes en la capital francesa.
Estas aperturas inauguran umbrales que se extienden a la periferia del planisferio. No por casualidad, las dinámicas de los circuitos de comercio marcan una pauta que llegó a Chile, con el apogeo de la oligarquía criolla, dando vida a Almacenes Paris, la precursora chilena del retail en nuestra tierra.
“Por primera vez en la historia, con el nacimiento de los grandes almacenes, los consumidores comienzan a sentirse como masa. (Antes sólo se lo enseñaba la carestía) Con ello aumenta extraordinariamente el elementos circense y espectacular del comercio”, dice Benjamín. La producción masiva da la bienvenida al concepto de especialidad y con ello se abren y consolidan la segmentación del consumo.
La función del arte es primordial en los espacios comerciales, donde se instalan diversas obras para atraer al paseante con el fin de que traspase la frontera de potencial consumidro a un comprador efectivo.
El arte entra a estos espacios para encandilar, para que la mercancía se transforme en un fetiche idolatrizado. Este fetiche tiene seguidores que recorren la ciudad, se obsesionan con las mercancías, los bienes de consumo, especialmente aquellos mezclados con el arte, con lo suntuario. Todos menos el Flaneur, el paseante urbano, “el explorador del mercado”, el errante que busca darle significado a la ciudad, sin caer en los tentáculos del fetiche mercantilista, por lo que se convierte en un elementos sospechoso, riesgoso y peligroso con su eterno vitrineo que no llega a la consumación del consumo.
Ser un Flaneur es escapar a los tentáculos del marketing, pues el carácter dinámico del caminante le permite una mayor reflexión en torno a las mercancías en venta que circulan en el espacio de los mercados. Al ser más un observador que un consumidor, el Flaneur guarda la ventaja de cotejar lo existente a partir de continuos recorridos que reconocen los ciclos de aparición, desarrollo y desaparición de productos en las vitrinas.
El arte de ver del paseante se transforma en un hecho cultural posibilita testimoniar los procesos cotidianos en torno al consumo, visto desde dentro, pero sin participar en este acto. La apelación a la reflexión que sostiene Benjamín en la figura del Flaneur genera una amplia influencia para construir nociones de consumo crítico sin consumir y, al mismo tiempo, entrega herramientas para la planificación del marketing, cuyos procesos de observación sobre los patrones de consumo de las personas también se basan en la idea del paseante que recorre la ciudad.
La definición de los espacios de ciudad son otro de los aspectos que se deben considerar para relatar las adaptaciones a las que debe recurrir el Flaneur.

viernes, 20 de julio de 2012

Totalitarismo de mercado y otras degeneraciones en el pensamiento antisistémico

Siguiendo el trabajo de Hannah Arendt podemos realizar la extrapolación del concepto de totalitarismo a la ley que propugna el mercado sin límites de ningún tipo. Arendt plantea que el terror es la esencia del gobierno totalitario, entendido como una fuerza estabilizadora que apela a la acción de las leyes en torno a las cuales gira la idea totalitaria: Si en la Alemania nazi lo era respecto a la ley de la naturaleza y en el marxismo soviético respecto a la ley de la historia, en el mercado es el dogma de la ley del "cálculo" racionalista, por sobre otras consideraciones axiológicas, lo que se impone sobre las demás leyes del construccionismo social.
“El terror es la realización de la ley del movimiento; su objetivo principal es hacer posible que la fuerza de la Naturaleza o la Historia corra libremente a través de la Humanidad sin tropezar con ninguna acción espontánea. Como tal, el terror trata de «estabilizar» a los hombres para liberar a las fuerzas de la Naturaleza o de la Historia. Es este movimiento el que singulariza a los enemigos de la Humanidad contra los cuales se desata el terror, y no puede permitirse que ninguna acción u oposición libres puedan obstaculizar la eliminación del «enemigo objetivo» de la Historia o de la Naturaleza, de la clase o de la raza”, señala Arendt.
La ley del movimiento del mercado es el "cálculo racional" y el terror implícito que incuba es la estabilización de una idea de cambio que se sostiene en la desregulación. La liberalización de los mercados, sin intervenciones de terceros, libera las fuerzas naturales de este, en oposición al enemigo máximo que es el Estado o el poder público regulador. Hacia este objeto apunta un discurso del terror, es el enemigo de la historia para los defensores del totalitarismo del mercado. Todo cambio que no vaya con la lógica de esta totalidad es catalogado como una desestabilización de las fuerzas de la naturaleza, de la historia o de la "libre elección" racional.
Existe una idea totalitaria disfrazada de liberalismo que se ha plasmado con mayor fuerza en el anarcoliberalismo de la escuela de Friedman; una ley del movimiento que trata de estabilizar a los hombres a partir de la minimización del rol protector del Estado como oferente de seguridad social. Lo que se llama la sociedad del miedo, en que el temor y la incertidumbre producen una forma de temor que empuja al hombre a esta ley del movimiento.
En este tipo de mercado se establece una forma de gobierno que se instaura a través de la propaganda a las masas, promesas de crear un mejor orden, a través del manoseado y arbitrario principio de la "libertad de elegir", que se ejerce con el acceso al consumo para crear un solo modelo de homogeneización: El cliente.
También se propone eliminar a un “enemigo”: El Estado en primer lugar, además de otros enemigos de segundo grado como el desempleo, la inflación y la pobreza que se producen por la acción estatal.
Esto nos lleva a una lógica de poder exacerbado que en su accionar captura y rebalsa los cuerpos jurídico-legales de la sociedad para obtener mayores cuotas de dominio sobre lo que considera como adversario, lo que nos permite establecer una sintonía con la lógica de poder sin límites inherente al totalitarismo.
Es conveniente aclarar que la búsqueda hegemónica por oposición a los demás es una forma de construir mercado y que dice relación con fenómenos como el mercantilismo, capitalismo crony y corporativismo fuera del Estado, pero valiéndose de este para conseguir mayores cuotas de poder, lo que constituye una fuerte diferencia con el libre mercado en un sentido amplio.
Ahora bien, esta pretensión totalitaria también está presente en la idea revolucionaria del marxismo que, por mucho que el nivel discursivo diga que “cada revolución se genera en las condiciones concretas de existencia de los países”, lo cierto es que sigue una uniformidad homogeneizante en la idea de capturar el poder, en llegar a la revolución universal, como se demuestra con la experiencia del comunismo en el siglo XX, en que hubo un apego de tipo escolástico a las tesis de Marx, Lenin, Mao y otros líderes revolucionarios, en una estructura de muñeca rusa, en que el último de los líderes se contenía en los otros.
En el pensamiento que podemos denominar antisistémico, sea de derecha como de izquierda, también se aprecian retazos de la aspiración de conformar una totalidad en oposición a otros.
Esta matriz es la que crítica Hannah Arendt. El imperativo que tienen las ideas hegemónicas de crear una totalidad que se oponga a otros viene definida en la tradición del pensamiento occidental, desde la filosofía griega con su concepto de bárbaro, hasta la escolástica católica y su negación del otro para consolidar la unidad. Puntos de encuentro de este saber se incluyen en la postura antisistémica que cataloga de “fascista” o enemigo a quienes no comparten la destrucción de lo establecido.
La idea es siempre cambiar al otro, a partir de los postulados propios que operan en la violencia. Y el totalitarismo de mercado opera con niveles de violencia a nivel simbólico y real, que se expresa en  relaciones sociales mercantilizadas y que son protegidas por el Estado y ciertos grupos económicos. 
El totalitarismo de mercado también se opone a las prácticas de libre mercado, impidiendo la formación de condiciones para la libre competencia a nivel micro económico. Detrás de la idea de totalitarismo está la oposición al otro que cuestiona la pretensión abarcadora de la lógica de poder totalitaria. 
Al elaborar su fórmula sobre el "hombre unidimensional", en la sociedad industrial moderna, Herbert Marcuse, también se refiere al carácter totalitario de este tipo de fuerzas sociales: "En virtud de la manera en que ha organizado su base tecnológica, la sociedad industrial contemporánea tiende a ser totalitaria. Porque no es sólo "totalitaria" una coordinación política terrorista de la sociedad, sino también una coordinación técnico-económica no-terrorista que opera a través de la manipulación de las necesidades por intereses creados, impidiendo por lo tanto el surgimiento de una oposición efectiva contra el todo. No sólo una forma específica de gobierno o gobierno de partido hace posible el totalitarismo, sino también un sistema específico de producción y distribución que puede muy bien ser compatible con un "pluralismo" de partidos, periódicos, "poderes compensatorios", etc."

martes, 8 de mayo de 2012

Giorgio Agamben: Vida primigenia controlada por la vida política



El concepto de nuda vida en la obra del filósofo italiano Giorgio Agamben es central en la continuación de la biopolítica tratada contemporáneamnete por Michel Foucault. Hace referencia a la vida sin calificación, la vida en su estado desnudo, salvaje podríamos decir, especialmente desde la perspectiva de la vida política y social. La nuda vida no tiene una apropiación determinada, sino que es objeto de dominio de la esfera política en cuanto orden social.
La nuda vida solo es conservada si se sujeta al dominio del poder soberano. Las formas de vida son heterogéneas y, por eso,  cuando a los hombres se les despoja de sus derechos, el lenguaje legal abre espacio a la aplicación de la violencia que se puede aplicar a éste por no ser considerados como sujetos, esto pasa explícitamente en los estados de excepción.
El problema del pueblo es que está siempre dentro de un lenguaje que lo identifica genéricamente, pero que al mismo tiempo lo excluye con  la palabra legal, siendo objeto de una potencial violencia. El pueblo como exclusión no puede formar parte de lo que lo cual en que forma parte-
Oposición entre pueblo y pueblo, ciudadanía y pueblo y nuda vida y forma de vida. Agamben ve a la vida en función de la forma que adquiere, un modo de vivir; la nuda vida que es absorbida por el espacio político del Estado, fundado en la palabra jurídica. El estado transforma a la vida en una defensa contra la muerte, que produce el levantamiento de la vida del Estado, de la soberanía. La vida sólo se puede asegurar mediante la soberanía para alejar al estado de la muerte violente del hombre por el hombre. Con ello la vida de la soberanía debe absorber a las otras formas y/o modos de vida anteriores que se son nominados o clasificados como por la palabra como estado de la naturaleza o como bárbaros. La soberanía, entonces, se funda en esta violencia de la palabra como plantea Esposito.
El poder del Estado ya no se centra en el monopolio de la violencia, sino en el control de la apariencia, en la vida política que se orienta en la idea de felicidad en la época moderna, con la declaración de principios, por ejemplo, de la sociedad estadounidense, donde la palabra escrita menciona el derecho a buscar esta felicidad, pero en un campo de acción posibilitado, como lo es la vida que otorga el nuevo Estado.
Aquí es fundamental el concepto de nuda vida en Agamben; que es absorbido por el poder soberano desde tiempos del imperio en Roma, pasando por el derecho natural teológico, hasta el Estado moderno que se plantea como el defensor de la vida. Al tratar de superar el alcance del concepto de biopolítica de Foucault, Agamben también ofrece una nueva forma de entender la palabra dadora de una nueva vida al hombre en un nuevo orden.
Nacen nuevas palabras, nuevas nominaciones para la nuda vida, los modos de vivir. Buen ejemplo pone Agamben cuando menciona el traslado del súbdito a ciudadano, al igual que a la transición que ejercita con la palabra pueblo y campo.
Otro paso importante en Agamben es la relación que establece entre la política y la gestualidad como comunicación, es el gesto que tiene un alcance mayor que las palabras, lo que hace posible un elemento central en la biopolítica como lo es la visibilidad de lo endecible, en este caso.