viernes, 27 de mayo de 2016

Los mecanismos iterativos de la economía política desde el análisis de Umberto Eco

La relación entre el discurso de la economía política y lo iterativo sigue marcando la pauta en la conformación de audiencias de la opinión pública basado en la característica que Umberto Eco identifica en un esquema iterativo: la reanudación de una serie de acontecimientos que se reiteran bajo distintas formas, siendo una de las características de la narrativa popular. También es definido como un mensaje de alta redundancia.
La iteración supone una programación repetitiva hasta cumplir un objetivo, lo que se utiliza en matemáticas y en programación informática. En la ciencia y práctica comunicativa de la economía política el esquema fijo de la iteración se materializa en ciertos objetos discursivos como crecimiento económico, libertad de elegir, eficiencia y desregulación, entre otros. Todos estos elementos apuntan a no modificar una situación: la existencia de una economía política abierta y sin intervencionismos.
Estos ejes comunicacionales son utilizados en el esquema repetitivo de la iteración como mecanismos de evasión ante otros discursos, especialmente los de carácter crítico o que cuestionen el accionar institucional que tiene la economía política dominante en una sociedad.
Es así como se relatan situaciones o historias que aparentemente son distintas, pero que en el fondo mantienen la misma estructura de relato, cumpliendo la función reiterativa del esquema iterativo, como lo es el tema del emprendimiento como una solución de acceso universalista para todos los miembros de la sociedad, no importante las diferentes condiciones en que se encuentren. Las historias de éxito económico son redundantes, giran permanentemente a nivel de la comunicación cotidiana en su diversidad, producto de una programación discursiva que se reproduce para cumplir la finalidad de entronizar la idea de que el crecimiento económico es la única causa del desarrollo social.
La receptividad a este tipo de discursos es aceptada en la población; hay una gran cantidad de individuos que aceptan el esquema repetitivo del éxito económico que supone un mercado libre. No importa el personaje o la situación: lo esencial es estar en frente a un esquema que nos hable de la superación de la actual condición material, el hacer lo que se quiera con el dinero como un catapulta a una futurización anhelada.
“Si examinamos el esquema iterativo desde el punto de vista estructural, nos encontramos en presencia de un típico mensaje de alta redundancia”, señala Umberto Eco, quien en "Apocalípticos e Integrados" defiende este esquema desde el punto de vista de las funciones narrativas que involucra.
En el campo de la comunicación de la economía política la narración iterativa, entre otros aspectos, se ha concentrado en la estigmatización del Estado como la fuente de todos los males, incluidos aquellos que generan las llamadas leyes de mercado.
Eco identifica que estos mensajes de redundancia se generaron en las clásicas sociedades industriales de la modernidad, a partir de "un sistema de comunicaciones previsible que se emite a la sociedad con el fin de que la vida transcurra “sin altibajos imprevistos, sin convulsiones en las escalas de valores”, los cuales en este caso tienen el carácter económico.
De este modo, el esquema iterativo en el discurso de la economía política busca establecer un tipo de estabilidad, aquella que no tiene el concurso del Estado. La redundancia está en relacionar al Estado con el fracaso económico y vital, mientras que el mercado es equiparado con un éxito antropológico.
El que el éxito económico y su capacidad para llevar una vida sin dificultades es un objeto discursivo que se caracteriza por tener un "hambre de redundancia" dentro de la sociedad. Es algo deseable, anhelado. Como dice Eco, "la mayor parte de la narrativa de masas es una narrativa de la redundancia".
Umberto Eco menciona el caso histórico de la novela de folletín como el "alimento preferido por una sociedad que vivía entre mensajes cargados de redundancia: el sentido de la tradición, las normas de un vivir asociado, los principios morales, las reglas de comportamiento", como las que se planteaban durante el período de las burguesías europeas del siglo XIX. Actualmente en países en las sociedad contemporáneas de buscan las historias de éxito en televisión, los libros de enriquecimiento rápido y la idea del triunfo a toda costa.
En este sentido, la publicidad es una punta de lanza para el esquema iterativo que requiere la economía política. En las sociedades post modernas Umberto Eco sostiene que la narrativa de la redundancia se centra en "una indulgente invitación al descanso, como una ocasión única de real distensión ofrecida al consumidor".
La idea reiterativa del reposo se asocia a la adquisición de tiempo "para sí mismo, la familia y los amigos", por lo que el esquema redundante también se ancla en la industria del ocio, del entretenimiento,  en mecanismo de la evasión como otro sinónimo de libertad que sólo entrega el crecimiento económico. 
Eco se preguntaba en su obra si los mecanismos iterativos responden "a alguna exigencia profunda del hombre contemporáneo", la cual puede ser respondida con las necesidades que plantea una sociedad abierta basada en las necesidades de existencia del capital.

miércoles, 25 de mayo de 2016

La preocupación social por los pacientes psiquiátricos en Franco Basaglia

Un hombre de 20 años se mete inadvertidamente en la jaula de los leones en el Zoológico de Santiago convencido de un delirio mesiánico que monopolizó su mente de que era inmune al ataque de las fieras, como lo dejó anotado en un papel escrito donde señalaba ser Jesucristo en la figura representativa del león de Judea. El resultado de su accionar fueron dos leones muertos a tiros por funcionarios del recinto cumpliendo el protocolo de proteger la vida del hombre que peligraba en ese momento.
La reaccion de la opinión pública no se hizo esperar. Lamentos por los animales muertos y molestia hacia la persona que provocó la situación, a quien estigmatizaron agresivamente su condición de "locura" o de "enfermedad mental", dejando de manifiesto la nula consideración a la persona que sufre patologías mentales severas, especialmente en las redes sociales, donde presuntas personas que se autodefinen como "progresistas" y "críticos de la sociedad" condenaron al hombre desde su condición psiquiátrica, sin importar la realidad que vive esta persona. Incluso varios comentarios por internet lamentaban el hecho de que el paciente no hubiese muerto. Con ella la puerta para la muerte civil de la persona ya estaba abierta.
Esta estigmatización negativa demostró la nula preocupación social, de forma consciente e incosnciente, hacia la persona que padece de trastornos mentales. No sólo la institución del manicomio deshumaniza al enfermo mental, sino que el espacio abierto y público también deshumaniza a la persona afectada por estos trastornos, estigmatizándolo en una condición de inútil para la organización social, tal como lo plantea el psiquiatra italiano Franco Basaglia.
En su obra "La institución negada" el psiquiatra señala que "el enfermo mental es «enfermo» sobre todo porque es un excluido, y está abandonado por todos. Porque es una persona sin derechos, en contra de la cual todo es posible".
En la recopilación de sus conferencias realizadas en Brasil, aglutinadas en la obra "La condena de ser loco y pobre", el especialista denuncia la dinámica represiva que afecta a los internados en los manicomios, lo que también se reproduce afuera de estos recintos: "una  persona que entra en un  manicomio porque fue rechazada por la organización social, la sociedad, cuando es dada de alta,  encuentra una sociedad que no ha cambiado en absoluto".
En este sentido, Basaglia sostiene la necesidad de la toma de conciencia, por parte del paciente psiquiátrico, su familia y la comunidad en que este desarrolla su via cotidiana: "Cuando  un  interno  sale y vuelve  a la vida  social  se crea una  nueva  contradicción  que  tiende  a mandarlo  nuevamente  al manicomio.  En  ese  momento  es importante  que  pueda  nacer  en  la comunidad  una  toma  de  conciencia  y también  es fundamental  que  yo como  técnico  nuevo no  esté del lado de la clase dirigente sino que  esté directamente  ligado  a  la  clase  que  sufre  estas contradicciones".
Basaglia afirma que esta concientización nace de los especialistas hacia el tejido social, de modo de "para  crear  los  presupuestos  de  un  consenso  que  lleve  no  tanto  a una  mayor  tolerancia,  sino  a una  toma  de  responsabilidades,  a un  hacerse  cargo  por  parte  de  la comunidad  de  los  problemas  que  le  pertenecen".   
El caso de las reacciones de rechazo por lo ocurrido en el Zoológico hizo pasar a un segundo plano el drama de la persona afectada por el trastorno mental, pero nuevamente develó el fenómeno de la compleja relación entre las instituciones psiquiátricas, la sociedad y los pacientes, la cual está mediada por una lógica represiva, como también lo comprueba Michel Foucault en su obras La historia de la locura.
Avanzar en que los pacientes muestren su propia subjetividad en la sociedad es un elemento que también trastorna a la comunidad pues no tiene internalizado la aceptación del "loco" desde el manicomio "extra muros", lo que efectivamente se reflejó por parte de la opinión pública respecto la persona que ingresó a la jaula de los animales, dejándolos muertos por su decisión, y que gatilló una agresividad ante el paciente sin considerar su condición humana.
Sobre la base de su experiencia en las instituciones mentales de Italia, Basaglia destaca la necesidad de revertir este tipo de relación deshumanizadora entre la sociedad y el paciente psiquiátrico a través de la práctica técnica de los terapeutas y de los integrantes de una comunidad: "Cuando iniciamos  nuestro trabajo de transformación, en realidad violentamos a la sociedad,  la obligamos a aceptar al loco, y esto creó grandes problemas que antes no existían. Pero lo más importante es que en el momento en el que violentábamos a la sociedad, estábamos allí presentes para hacernos cargo, como  técnicos nuevos, de la responsabilidad de nuestras acciones, para ayudar a la comunidad a comprender qué quería decir la presencia de una persona loca en la sociedad". 
"Puedo darles miles de ejemplos. Uno tiene que ver con el modo en el que hemos tratado de cambiar  la cultura sobre el loco. Pienso en  el ejemplo de uno de los centros de salud  mental, un centro que  se encuentra en la zona industrial de la ciudad, donde está ubicada también una fábrica  importante.  En ese centro desde el comienzo se incluyeron tanto los habitantes del barrio como los trabajadores  de la fábrica. En el momento en el cual los habitantes de este suburbio y los obreros comenzaban a participar, conjuntamente con nosotros, de la vida del centro, comprendían lo que estaba sucediendo  y el preconcepto contra el loco desaparecía o se atenuaba. Son importantes estas cosas para una toma de conciencia", agrega el psiquiatra.
El acto trapéutico como acto político, según Basaglia, constituye un medio para revertir una crisis en curso, la cual es la relación entre los pacientes psquiátricos y la sociedad, sobre todo si consideramos que la condición psiquiátrica es ante todo una aceptación de la situación humana.

domingo, 22 de mayo de 2016

La figura del encapuchado o la práctica del encapuchamiento bajo la óptica del dispositivo foucaultiano

La figura del encapuchado que actúa destruyendo la vía pública con el objetivo de enfrentarse directamente con las fuerzas policiales es parte de actual espíritu del tiempo en las sociedades modernas, en que el control es uno de los principales dispositivos de poder operantes.
De acuerdo a Michel Foucault el dispositivo es una red que establece relaciones de "discurso", "institucionales", "proposiciones filosóficas", "morales", etc. las cuales son formas de expresión heterogéneas y dinámicas que interaccionan entre sí, mediadas por la circulación del poder, en el sentido amplio en que lo ubica el filósofo francés.
"Lo  que  querría  situar  en  el  dispositivo  es  precisamente  la naturaleza  del  vínculo  que  puede  existir  entre  estos  elementos  heterogéneos.  Así pues, ese discurso puede aparecer bien como programa de una institución, bien por el contrario como un elemento que permite justificar y ocultar una práctica, darle acceso a un campo nuevo de racionalidad. Resumiendo, entre esos elementos, discursivos o no,  existe  como  un  juego  de  los  cambios  de  posición,  de  las  modificaciones  de funciones que pueden, estas también, ser muy diferentes".
Y aquí llegamos a la relación entre la figura pública del encapuchado y la representación del poder hegemónico que se manifiesta en los objetos que se buscan destruir en las manifestaciones públicas: locales comerciales de poderes comerciales monopólicos, instituciones estatales y eclesiásticas, las cuales son idenficadas como un blanco de destrucción en el discurso detrás de la praxis encapuchada.
¿Cómo se vincula esta dinámica con el dispositivo? detrás del encapuchamiento existe un discurso que permite justificar el ejercicio de la violencia contra "el sistema", "lo establecido", "el orden hegemónico", "el poder hegemónico" y las prácticas de control que entrañan a todos estos términos.
Aquí se produce lo que Foucault llama como el "acceso a un nuevo campo de racionalidad", cuyos discursos se confrontan dinámicamente entre los que propugnan la práctica del encapuchamiento, sus apologistas o defensores, confrontados con el discurso establecido desde las instituciones del Estado (gobierno, policía, tribunales) y de la opinión pública (medios de comunicación).
Estos elementos cambian se establecen en el campo de juegos, tomando claras posición en el marco de las manifestaciones públicas de la sociedad civil, aunque es posible advertir que en este "juego de los cambios de posición" y de "modificaciones de funciones" el poder hegemónico privado y público manipulen a su favor las consecuencias de la violencia que caracteriza el actuar del encapuchamiento.
En otras palabras, la figura del encapuchado como reflejo de una estrategia de resistencia es susceptible de ser tomada por una contraestrategia proveniente del poder hegemónico (que contrariamente a lo que se piensa no es fijo ni estático), con lo cual -desde la perspectiva del poder que tanto dice odiar el discurso del encapuchamiento- el encapuchado se convierte en un dispositivo de terror que se manipula desde el poder, dejarlo actuar surte el efecto deseado de distorsionar la verdadera manifestación.
De esta forma el encapuchado se transforma en un tonto útil que en la práctica también es controlado por el objeto que tanto dice odiar y luchar: el Estado y la clase dominante. El slogan de "la capucha no iguala en la lucha" se convierte en un elemento que utiliza el poderoso para reproducir temor en la población y rechazo a la manifestación ciudadana que se expresa de otras formas.
El encapuchado también es un esporádico sujeto social que logra ser manejado desde el poder, nunca se manifestará en los barrios de la clase dominante, por más que enarbole que su accionar responde a los efectos de la violencia simbólica de la cual dice ser víctima.
Puestas así las cosas coinciden con este tipo de relacionamiento a partir de la figura del encapuchado o de la práctica del encapuchamiento coincide con lo que plantea Foucault al describir los rasgos de un dispositivo:  "El dispositivo tiene pues una función estratégica dominante(…)el dispositivo está siempre inscripto en un juego de poder".
Cabe señalar, para no cerra la discusión en estos límites, que en la práctica del encapuchado también se pueden identificar dispositivos ideológicos y de otro tipo.

lunes, 9 de mayo de 2016

Elementos constitutivos del capitalismo jerárquico en América Latina

Dentro de las variedades de capitalismo existentes, que e retroalimenten con de las formas culturales en que se desarrolla el capital, está el acuñado término de "capitalismo de jerarquía"para América Latina, por parte de Ben Ross Schneider, quien desde el MIT estadounidense ha elaborado los alcances de esta tipología en las modalidades de organización económica bajo las leyes del capital.
El aspecto jerárquico del capital en América Latina tiene que ver más con las formaciones sociales históricas que se desarrollaron a partir de las relaciones de fuerza en la región, marcada por el autoritarismo, la segmentación racial y socioeconómica y un integrismo moral convervador que influenció la dinámica cotidiana de las sociedades latinoamericanas.
Según Ross Schneider las bases institucionales distintivas del capitalismo en la región son economía de mercado jerárquicos, que se identifican con cuatro características en la relación entre estructura de negocios y el ingreso de capital, mano de obra y tecnología: grupos económicos, corporaciones multinacionales, mano de obra poco calificada y relaciones laborales atomizadas.
"Las relaciones jerárquicas en los grupos empresariales y las multinacionales son centrales en la organización del capital y la tecnología en América Latina y también son omnipresente en la regulación del mercado del trabajo, en la representación sindical y en las relaciones laborales", indica Ross Schneider.
Específicamente el capitalismo jerárquico latinoamericano también se ientifica por tener como forma corporativa dominante la propiedad familiar dentro del grupo económico. Este aspecto del capital patrimonial gestionado por familias se relacionan con otros puntos como un control jerárquico desde la matriz a las filiales del grupo económico que no tienen un desarrollo tecnológico.
La jerarquización interna se exterioriza en las relaciones de fuerza dentro del mercado interno donde se tiende a la concentración, subordinando y restando participación en las redes comerciales a los actores medianos y pequeños. "Las economías de mercado jerárquicas y variedades de capitalismo en América Latina en ciertos sectores, significa que las relaciones con los competidores, proveedores y Los clientes son a menudo desigual e impregnada de un toque de jerarquía coercitiva", señala el análisis de Ross Schneider.
La opción de no intensificar el capital tecnológico, en su variante de inversiones en investigación y desarrollo (I+D), dentro de la gestión de los grupos económicos genera una baja calificación laboral que configura al mercado laboral latinoamericano, que tiende a la segmentación, donde una parte de los trabajadores goza de una mayor protección legal, con mayores grados de sindicalización y beneficios laborales, respecto a un considerable sector de la fuerza laboral que tiene una alta rotación, falta de calificación y desprotección legal en seguridad social.
Una de las particularidades en la falta de coordinación entre empleadores y trabajadores, además de la configuración histórica de la jerarquización de las relaciones sociales, es el intervencionismo político y del Estado, nacido también en su momento para enfrentar el déficit coordinador que fijó el déficit de coordinación en el mundo del trabajo, como lo avierte el análisis de la investigación de Ross Schneider: "En comparación con los sindicatos en gran parte del mundo desarrollado, el trabajo organizado en América Latina ha tendido a ser más politizado y controlado, y menos eficaz en la negociación colectiva o de intermediación".
"En Chile, por ejemplo, las leyes laborales impuestas por la dictadura de Pinochet prohibieron las confederaciones multisindicales de la negociación colectiva y por lo tanto las animaron a participar en actividades políticas más amplias, en lugar de la resolución de problemas más concretos y diálogo permanente con los empresarios", se agrega en el paper "
La persistencia histórico estructural de malas relaciones laborales inciden en la baja productivida del capitalismo jerárquico, sumado a la falta de inversión intensiva en tecnología. "Tanto las empresas multinacionales y grupos empresariales tenían relativamente baja demanda de expertos laborales y débiles incentivos para presionar por la inversión generalizada en la educación y entrenamiento. Con las multinacionales que dominan la fabricación de mayor tecnología, los grupos empresariales nacionales concentrados en la parte baja de los productos básicos en la tecnología, los sectores y servicios tuvieron menos incentivos para invertir en I + D, contratar a los científicos e ingenieros, o tren trabajadores altamente cualificados", explica el académico del MIT.
Este círculo vicioso dentro de los rasgos del capitalismo jerárquico se reproduce a través de la alta rotación laboral, producida por la volatilidad de materias primeras en los mercados internacionales que comercializan los grupos económicos, y a la debilidad sindical desincentivan la inversión por el bajo tiempo de permanencia, con lo que también se genera una productividad contenida a causa de la limitación de las habilidad específicas. Empresas que no tienen trabajadores caificados tienden a invertir menos en nuevas tecnologías.
Esta situación se mantiene en los períodos de auge en el precio de las materias primas que producen y exportan las economías latinoamericanas, conocidos también como los súperciclos, reduciendo las presiones para encontrar más trabajadores calificados.
Una de las sentencias de Ross Schneider es que el proceso de globalización acentuó la conformación el capitalismo jerárquico en la región. "Especialmente los trabajadores, lo palpable frente a la globalización es que las multinacionales organizan jerárquicamente, tanto el empleo, la inversión y la transferencia de tecnología. Una de los olvidadas ironías de la liberalización en la década de 1990 es que las reformas orientadas al mercado en el comercio, la privatización y la desregulación a menudo trajo como resultado, al final, en más jerarquía de mercado".