sábado, 13 de septiembre de 2014

El dogmático y rígido cientificismo detrás del modelo del monetarismo económico

Una atractiva interpretación, desde el marxismo, realiza Carlos Pérez en torno a la crítica del supuesto cientificista en que reposa la economía clásica, la cual ha generado un tipo de racionalidad que se ha profundizado en el modelo neo clásico del monetarismo, siendo otra “gaya ciencia” de la modernidad ilustrada, pero que actualmente se utiliza como una práctica discursiva hegemónica que se ha introducido en los poros de la Opinión Pública.
El supuesto de que la racionalidad económica es neutra, asépticamente superior a las contaminaciones relativistas de la racionalidad económica es abordado por Pérez, quien intenta demostrar –brevemente para lo ambicioso de su hipótesis- que Marx efectivamente propuso desmarcar la racionalidad de sus postulados teóricos de la racionalidad científica heredera del positivismo de la modernidad, que parió a las Ciencias Sociales del siglo XIX, reduciendo su ejercicio a la comparación  entre la economía política marxista y la economía política científica.
La primera es caracterizada por el historicismo que adaptado por Marx para dar sustento a sus tesis, incluyendo conceptos como sujetos sociales históricos y la imposibilidad de separar la vida social práctica los contextos históricos a lo que denomina como “condiciones materiales de existencias”. La segunda, por su lado, plantea el cálculo exclusivamente económico, desligándose de los aspectos sociales y culturales.
Pérez lo resume la distinción entre estos dos tipos de política económica de la siguiente forma: “La economía política es una saber situado, pone como su punto de partida un conjunto de situaciones empíricas, históricamente reales, y sólo a partir de ellas se eleva a la abstracción. Exactamente al revés de la economía científica que, como la física, pone modelos abstractos y generales en el inicio, y solo desde allí va agregando las variables, las “imperfecciones”, que hacen que los capitalistas nunca lleguen a competir como los bellos modelos de competencia prescriben y hacen deseable”.
Al leer este comentario se viene en mente el sistema previsional privado, con el modelo de las AFP, y el sistema de salud, bajo el modelo de Isapres, donde se planificaron criterios de mercado “científicos”, o “racionalmente neutrales”, sin considerar variables antropológicas como el armado sociocultural del país, lo que ha derivado en los cuestionamientos a la legitimidad de ambos sistemas, siendo algo que los especialistas de la política económica científica se niegan a reconocer.
Y es que la genealogía de la planificación científica no tomó en cuenta el sustrato empírico de las personas, el que rechaza el modelo previsional por el paupérrimo monto de las pensiones finales y un sistema de salud excesivamente caro, lo que no se condice con las condiciones reales de las remuneraciones. La experiencia de las personas es lo que construye las relaciones económicas, o como diría Marx, es su actividad real la que genera las condiciones materiales de existencia. Pero –precisamente- la idea de los sistemas privados de seguridad social que administra la racionalidad científica del monetarismo es que los individuos deben adaptarse a la abstracción de la eficacia de los modelos econométricos y a formulismos numéricos que pierden el foco de la persona.
Es así como las necesidades se deben adaptar a los modelos matemáticos de este tipo de política económica y no al revés, lo que genera una limitación para soluciones pragmáticas de las distorsiones socio culturales que se generan por relaciones sociales de producción que no cuentan con calificación laboral, innovación tecnológica ni dinamismo competitivo, como lo que se vive en el caso chileno.

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