lunes, 30 de octubre de 2017

El lenguaje como apertura del mundo y no como instrumento de un mundo estático

El lenguaje como apertura del mundo y constructor de sentido es una de las tesis conductoras de la escuela filosófica alemana que sintetiza Cristina Lafont en su obra "La Razón como Lenguaje", donde recorre lo que llama el "giro lingüístico" que se inició mediante la crítica a Emanuele Kant, quien en su obra reconoce al lenguaje como un instrumento para la formación de las representaciones, lo que dió firma al paradigma de la conciencia.
Y es que en Kant el lenguaje es entendido como uno de los pilares constituyentes de la racionalidad, junto a la tradición y a la experiencia, con lo cual surge la idea fija de que existe un lenguaje imperativo, universal, como fuente de verdad para la razón, especialmente la que surge con el proceso de la ilustración, en que el lemguaje es reducido a un sistema de signos para designar objetos.
Las primeras críticas a este punto de vista Lafont las reconoce en Humbolt, quien señala que el lenguaje no es un producto fijo, sino que es un actividad, con lo que abre el espectro para entenderlo como una práctica dinámica, en constante cambio y adaptación, de desestructramiento que rehuye ser encasillado por una determinada cultura.
"En la dimensión cognitiva-semántica, el cambio consiste en considerar al lenguaje no como mero sistema de signos, objetivable (intramundano), sino como constitutivo de la actividad del pensar, es decir condición de posibilidad de la misma; con ello el lenguaje es elevado al rango de una magnitud cuasi-transcendental, capaz de disputar -con éxito- a la subjetividad la autoría de las operaciones constituyentes de la comprensión del mundo de ésta", plantea la autora.
La alternativa es una filosofía que considera la función de apertura del mundo que tiene el lenguaje, como consecuencia de cómo surgen las objetividades de las experiencias. Esto es, de la cultura propia de cada grupo humano, desde lo micro a la macro (de una pandilla a una nación). La apertura del mundo usa un modelo en que las propiedades de los objetos son interpretadas.
La dimensión comunicativo-pragmática del lenguaje tiene como ingrediente fundamental la práctica misma, con lo que el "lenguaje se crea, se constituye algo nuevo que no podría existir sin esa actividad de crearlo y que, por ello, no puede considerarse como independiente de él".
Cuando una experiencia tiene las condiciones para mostrarse es cuando se abre el mundo y se transmite una perspectiva de este, lo que supone la multiplicidad, la diversidad, no una unificación con fines universalizantes disfrazada de lógica o de una razón delimitada. A partir de estas "condiciones de posibilidad" es la forma en que se constituye el mundo.
Para que quede más claro en el análisis de Lafont: "Dado que e lenguaje es considerado como responsable de la apertura del mundo, como privilegiado depositario de la cultura, tiene que representar para el individuo un poder determinante de su modo de pensar y configurador de su experiencia. Esta consecuencia parece ser  pues, el reverso del rechazo de la consideración del lenguaje como meor instrumento intramundano".
El lenguaje entonces, bajo el punto de vista de Humboldt, no es un objeto observable, sino que es una acitividad participativa en que se desarrolla la intersubjetividad. Es clave considerar que Humboldt señala que el "lenguaje sólo existe en el habla continuada, la gramática y el léxico son apenas comparables con el esqueleto muerto", por lo que se pasa hacia algo más allá de un sistema de signos para ser un proceso de comunicación.
La objetividad se manifiesta cuando el pensamiento del sujeto esté fuera de él mismo, para lo cual requiere que sea con un otro. El lenguaje se da en condiciones iguales de representación y pensamiento, en la intersubjetividad, la relación entre los sujetos, la que permite la objetividad de la relación sujeto-objeto.
Lafont prosigue con la contribución de Heidegger sobre el lenguaje, a partir de una radicalización de la apertura del mundo establecida en el giro de Humboldt, para desmarcarla de la lógica de universalidad. Con Heidegger el lenguaje cumple la función de desocultar lo que está en el mundo, o sea de seguir descubriéndolo. El habla se establece como una de las funciones principales del lenguaje que para Heidegger, articula la comprensión del ser en el mundo (dasein), pues "donde hay lenguaje hay mundo". "Lo específico de una consideración del lenguaje en su dimensión dialógica radica para Heidegger en el hecho de que la comunicación sólo es posible sobre el trasfondo de un mundo, cuya inteligibilidad está siempre ya dada y es compartida por aquellos que, sobre esa base, se comunican", dice Lafont.
Heidegger también rechaza la idea objetivista del lenguaje como un mero sistema de signos, aunque introduce el concepto de la conversación, donde la unidad se vuelve esencial, para el entendimiento. En su óptica cuando aparece la conversación, aparece un mundo. Así lo explica posteriormente Cristina Lafornt: "Por ello, es la condición de posibilidad de la conversación entre los hablantes el que haya un lenguaje común a disposición que garantice mediante su función de apertura del mundo la unidad e identidad de éste último, sobre cuya base después los hablantes pueden discutir lo que es o no el caso en concreto".
Tiene que haber un mundo, un escenario para que el lenguaje se desarrolle, siendo este parte de la hermenéutica filosófica, donde la comprensión tiene un eje central y anterior a la percepción. Dos son las características de esta visión del lenguaje: el significado que domina la referencia y el significado como una totalidad. Esto es que el lenguaje es un todo de significados; es el responsable de la comprensibilidad del mundo
Esta apertura lingüistica del mundo también la aborda Gadamer a partir de Humboldt y Heidegger, pasando al concepto de entendimiento lingüístico en que se devela el mundo, por lo que el lenguaje es un medio de entendimiento. Esto, según Lafotn, muestra que el trabajo de Gadamer y de heidegger contrapone "la finitud de la existencia humana (y con ello la finitud de la razón humana) al ideal de una razón absoluta propio de la ilustración". Se debe reconocer entonces los límites de la experiencia histórica del hombre, recurriendo al lenguaje como un recursos ya que "en éste no se refleja simplemente la estructura del ser, sino que en sus causas se conforma de manera siempre cambiante el orden y la estructura de nuestra experiencia misma". En Gadamer el lenguaje se constituye como una "magnitud suprasubjetiva" que, en su función de apertura del mundo, entrega condiciones de posibilidad a la experiencia como su límite, por lo que "se encuentra, por ello, necesariamente a espaldas de los sujetos". El lenguaje no puede convertirse en un objeto fuera de la experiencia lingüistica del mundo.
En Gadamer hay una intersubjetividad producida, predeterminada y conjuntamente otra que está siempre en proceso "por producir", donde los que participan en el lengüaje comparten un sentido que ya ha sido establecido con anterioridad, siendo esta una posibilidad de entendimiento. Aquí entra a jugar los condicionamientos históricos y la evolución de la normatividad, donde el lengüaje es un medio de entendiiento, que establece un modelo de la conversación. Al no haber un mundo fijo, estático, sino todo lo contrario, los hablantes no están limitados en sus conversaciones, por lo que pueden establecer constantemente nuevas perspectivas comunes para alcanzar entendimientos. "El lenguaje es el medio en el que se realiza el entendimiento de los interlocutores y el consenso sobre la cosa. La cosa misma sobre la que los hablantes han de entenderse no se encuentra a disposición de éstos antes del entendimiento sino sólo si éste tiene lugar y, por consiguiente, después del mismo. Por ello es un componente esencial de la conversación "el acceder al lenguaje de la cosa misma".
De este modo pasamos a endenter que el entendimiento, a través de la conversación es la base de la validez del habla, según el trabajo de Jürgen Habermas, donde su teoría de la acción comunicativa considera el uso comunicativo del lenguaje, cuyo fin es llegar a un entendimiento "racionalmente motivado".
"Parto, pues, (sin intentar demostrarlo en este lugar) de que otras formas de acción social, por ejemplo, la lucha, la competencia, y en general el comportamiento estratégico, pueden considerarse derivados de la acción orientada al entendimiento", dice Habermas.
Los procesos de entendimiento bajo esta perspectiva consideran el concepto del "mundo de la vida", el cual está conformado por "convicciones de fondo, más o menos difusas, pero siempre problemáticas. El mundo de la vida, en tanto que trasfondo, es la fuente en donde se obtienen las definiciones de la situación que los implicados presuponen como problemáticas.(...) Los conceptos de mundo y las correspondientes pretensiones de validez constituyen el armazón formal de que los agentes se sirven en su acción comunicativa para afrontar en su mundo de la vida las situaciones que en cada caso se han tornado problemáticas, es decir, aquellas sobre las que es menester llegar a un acuerdo", plantea Habermas.
Para Lafont, "la orientación por pretensiones de validez pertenece a las condiciones pragmáticas del entendimiento posible y de la propia comprensión del lenguaje". A su juicio, por lo tanto, las pretensiones de validez pertenecen a las condiciones pragmáticas del entendimiento y de la propia comprensión del lenguaje, siendo este uno de los aportes de esta autora para desmarcarse de una razón del lenguajes instrumental, que no reconozca la particularidad del habla en cada cultura, pues de este modo no se avanza hacia la apertura del mundo, sino que todo lo contrario. Sin no hay una apertura del mundo con el lenguaje entonces no hay condiciones de posibilidad de entendimiento.
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