jueves, 1 de julio de 2010

Las razones por las cuales los padrinos hollywoodenses de la Mafia italiana dejaron de existir

La principal característica de esta economía canalla contemporánea es la pérdida del control de la esfera política respecto al mercado, dejando zonas oscuras o vacíos de poder que permiten el crecimiento de formaciones económicas al margen del ordenamiento jurídico y de la ética, con la cual se genera una cultura de la tolerancia por parte del cuerpo social hacia este tipo de prácticas que son legimitimizadas en las prácticas cotidianas.
Demos el puntapié oficial con las cifras. De acuerdo al último informe anual del Instituto Europeo de Estudios Políticos, Económicos y Sociales (Eurispes), la principal empresa de Italia es la Mafia que, durante 2009, facturó 130 mil millones de euros, o sea el 10,3% del monstruoso PIB italiano. Esta cifra representa, más o menos, toda la riqueza generada por la economía chilena en un ano, con lo cual podríamos decir que la mafia italiana sería la quinta economía más grande de Sudamérica.
Entre las cuatro principales organizaciones del sur que logran facturar esta cifra se cuentan la famosa Cosa Nostra (Sicilia); Ndrangheta (Calabria); Sacra Croce Unita (Puglia) y la Camorra (Campania). Esta última –popularmente conocida como la Camorra napoletana- es la más potente de las organizaciones criminales de Italia y Europa.
La Mafia es la principal empresa italiana, caiga mal a quien caiga. Para darnos cuenta de esta realidad, veamos el ranking de los principales resultados de los balances de empresas en ese país: la empresa ENI (petróleo, gas y energía) facturó 108 mil millones de euros en el 2008; ENEL (Electricidad) 59 mil millones, y la FIAT (Automotriz) con 59,3 mil millones de euros.
El eje central que nos permite comprender la función de la Mafia en la sociedad italiana es considerarla como una organización de Poder cuya principal garantía de existencia proviene de las alianzas y colaboraciones con funcionarios del Estado y la clase política local. Esta es la viga maestra que permite la reproducción de sus actividades ilegales y el consiguiente apoyo que obtienen en considerables segmentos de las poblaciones del sur de la península. En otras palabras, un análisis moderno de la influencia cultural de la Mafia en Italia debe considerar este término como un modo de organizar actividades ilícitas a partir de redes de Poder, producto de la imbricación con el Estado.
De este modo, son recurrentes los casos en los cuales se descubren relaciones entre el sector público y las cuatro organizaciones mafiosas mediante el acaparamiento de fondos públicos, particularmente en el sector inmobiliario. Las organizaciones criminales en Italia no habrían llegado a este grado de expansión y desarrollo si no fuera por la conformación del moderno Estado de la Post guerra. Hablando de poderes fácticos, desde 1948 se reconocen tres actores estratégicos que han determinado el perfil de la sociedad italiana hasta ahora: Estados Unidos, Vaticano y Mafia. Durante 40 años esta tríada logró construir una sólida imbricación con la finalidad de estar en la primera línea en la lucha contra el comunismo en el contexto de la guerra fría. Sin embargo, la larga influencia del crimen organizado perdura hasta la actualidad desde la esfera estatal, pasando por el sistema financiero, hasta las actividades microeconómicas.
En este sentido, las licitaciones públicas para la construcción de infraestructura en obras públicas y vivienda sufren de la llamada infiltración mafiosa, mientras que en el sur de la península se estiman en 600 los Municipios cuyos consejos comunales sufren este fenómeno.
De acuerdo a más de un autor, las causas de esta infiltración sistémica responden a la fragilidad de las instituciones públicas, producto de un persistente anacronismo de tipo familiar. No por nada, desde el resurgimiento italiano en 1870, cerca de cincuenta familias se han dado el lujo de distribuirse el poder en este país en el ámbito económico y político. Esta sólida base política y cultural ha permitido una acumulación de capital a lo largo de los años que prácticamente hace imposible la disolución de las actividades de la Mafia en las dinámicas económicas, extendiéndose a Europa, Estados Unidos y Canadá, debido a las condiciones objetivas puestas por la globalización. Actualmente, otros importantes sectores de inversión mafiosa son el turismo, el deporte, la alta moda, en los cuales surgen nuevas oportunidades para seguir expandiéndose a otras áreas, como la distribución de frutas y hortalizas y el café.
Y es que el reciclaje de dineros provenientes de las actividades mafiosas a empresas normales supone un joiny venture o una asociación estratégica entre los empresarios con las criminalidades, por lo que hablamos de un nuevo socio que incorpora su cultura cotidiana a la empresa, siendo posteriormente difícil de marginar. Ello explica el aumento de estafas, chantajes, cobro de cuotas ilegales y extorsiones. La presencia territorial mafiosa está arraigada desde un punto de vista económico, sociológico y antropológico en el sur de Italia. Como ejemplo podemos mencionar los muros de la ciudades de Sicilia, donde se expresa “mejor la Mafia que el Estado”, la negativa de los apoderados de una escuela de Catania a que sus hijos participen en una obra de teatro contra el crimen organizado. En síntesis, hablamos de poblaciones que han optado por el miedo en vez de la denuncia o. en algunos casos, al apoyo directo a las actividades criminales que aprecian como más positivas respecto a la inercia del Estado en estos verdaderos territorios ocupados.
Lo cierto es que una parte de la sociedad meridional italiana ha perdido el sentido cívico frente a la cotidianidad de la economía controlada por las organizaciones criminales. Uno de los motivos principales que explicarían esta conducta social es la transformación de la Mafia, del arquetipo gansteril a empresarios, negociantes, gremialistas, etc. Ello responde al aumento de la cultura de la corrupción sumergida que llegó de la mano de Silvio Berlusconi. Efectivamente, desde la muerte de los jueces Falconi y Borsellino a comienzos de los noventa, la lucha contra el crimen organizado en Italia ha tomado otro matiz: El mediático, en el cual esporádicamente Policía y Militares logran capturar a jefes de alto rango, pero cuando se inician las investigaciones judiciales que develan las vinculaciones con el Poder político y económico, de inmediato el mismo Berlusconi es el primero en hablar contra el Poder Judicial, acusando a los magistrados de “comunistas” o “inútiles”.
En su documental “Italia, Maliitalia. Historia de Mafiosos, Héroes y Cazadores”, dos periodistas francesas, señalan que cerca del 27% de los jóvenes en Calabria ejercen trabajos en espacios económicos de la Mafia, sean legales o ilícitos, mientras que Sicilia y Campania, el fenómeno abarca el 10% de este grupo etario. Las profesionales hablan en este caso, de una “burguesía mafiosa”. “En el sur la burguesía ha perdido su tradicional ascendencia en la sociedad, su posición de líder de opinión. Hoy lo que cuenta es el dinero, el negocio. Negocio que sólo puede ser poseído a través de la economía mafiosa.
El problema que acarrea esta dinámica es que la lucha por parte del Estado sufre una inversión de roles en la percepción de la población. Así, las jefaturas de policía que combaten a la mafia en los territorios del sur, en la mayoría de los casos deben vivir años, y hasta décadas, bajo escolta armada, en lugares secretos, con lo cual se convierten en subversivos, viviendo en la clandestinidad para que no peligren sus vidas, ni la de sus familiares. Lo mismo ocurre para quienes combaten las actividades de la economía criminal desde la sociedad civil que en algunas ocasiones sufren el aislamiento por parte de los demás conciudadanos, por haber transgredido el código de silencio de la “omertà”.

Tal como coinciden los diagnósticos el sur italiano es el primer y tercer capítulo de la Divina Comedia de Dante: el Infierno y el Paraíso. Está poblado por personas honestas, trabajadoras y la otra cara de la moneda, representada en cómplices y carniceros, además de los infaltables mártires de corte católico como policías, jueces, sindicalistas y dirigentes civiles que se han atrevido a alzar la voz contra este nuevo tentáculo económico de la actividad criminal criolla que ha dejado en los anales y en la cinematografía a los arquetipos hollywoodense.


Publicar un comentario