miércoles, 1 de agosto de 2012

El concepto de Flaneur en Benjamín como resistencia reflexiva a la sociedad de consumo

El concepto del paseante  (Flaneur) en El Libro de los Pasajes de Walter Benjamín nos entrega uno de los primeros registros del fenómeno del consumismo en la lógica del capital.  Partiendo de las configuraciones arquitectónicas, Benjamín hace referencia a nuevos espacios en que se entroniza la mercancía fetiche, como un valor de cambio, por sobre el valor de uso.
Establece una antesala del concepto de industria del ocio, planteado más tarde por Max Hokheimer y Theodor Adorno, al mencionar a la “industria del recreo” que se estaba gestando a mediados del siglo XIX. Se constituyen espacios para el encuentro del consumo, entre el paseante urbano y los pasajes, a través del arte, de representaciones de la naturaleza, tal como actualmente propone la arquitectura de algunos centros comerciales “ecológicos”, con lo que continua la idea de trasladar el campo a la ciudad.
París en pleno siglo XIX  abrió sus espacios a pabellones, pasajes, interiores, los primeros boulevards, dan vida a los panoramas. Todos estos términos del primer umbral del comercio burgués marcan una genealogía moderna de los centros comerciales. “La primer condición para su desarrollo es el apogeo del comercio textil. Hacen su aparición los almacenes de novedades, los primeros establecimientos que tienen constantemente en depósito una gran cantidad de mercancías.  Son los precursores de los grandes almacenes”, escribe Benjamín respecto a los orígenes de los pasajes en la capital francesa.
Estas aperturas inauguran umbrales que se extienden a la periferia del planisferio. No por casualidad, las dinámicas de los circuitos de comercio marcan una pauta que llegó a Chile, con el apogeo de la oligarquía criolla, dando vida a Almacenes Paris, la precursora chilena del retail en nuestra tierra.
“Por primera vez en la historia, con el nacimiento de los grandes almacenes, los consumidores comienzan a sentirse como masa. (Antes sólo se lo enseñaba la carestía) Con ello aumenta extraordinariamente el elementos circense y espectacular del comercio”, dice Benjamín. La producción masiva da la bienvenida al concepto de especialidad y con ello se abren y consolidan la segmentación del consumo.
La función del arte es primordial en los espacios comerciales, donde se instalan diversas obras para atraer al paseante con el fin de que traspase la frontera de potencial consumidro a un comprador efectivo.
El arte entra a estos espacios para encandilar, para que la mercancía se transforme en un fetiche idolatrizado. Este fetiche tiene seguidores que recorren la ciudad, se obsesionan con las mercancías, los bienes de consumo, especialmente aquellos mezclados con el arte, con lo suntuario. Todos menos el Flaneur, el paseante urbano, “el explorador del mercado”, el errante que busca darle significado a la ciudad, sin caer en los tentáculos del fetiche mercantilista, por lo que se convierte en un elementos sospechoso, riesgoso y peligroso con su eterno vitrineo que no llega a la consumación del consumo.
Ser un Flaneur es escapar a los tentáculos del marketing, pues el carácter dinámico del caminante le permite una mayor reflexión en torno a las mercancías en venta que circulan en el espacio de los mercados. Al ser más un observador que un consumidor, el Flaneur guarda la ventaja de cotejar lo existente a partir de continuos recorridos que reconocen los ciclos de aparición, desarrollo y desaparición de productos en las vitrinas.
El arte de ver del paseante se transforma en un hecho cultural posibilita testimoniar los procesos cotidianos en torno al consumo, visto desde dentro, pero sin participar en este acto. La apelación a la reflexión que sostiene Benjamín en la figura del Flaneur genera una amplia influencia para construir nociones de consumo crítico sin consumir y, al mismo tiempo, entrega herramientas para la planificación del marketing, cuyos procesos de observación sobre los patrones de consumo de las personas también se basan en la idea del paseante que recorre la ciudad.
La definición de los espacios de ciudad son otro de los aspectos que se deben considerar para relatar las adaptaciones a las que debe recurrir el Flaneur.
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