jueves, 8 de agosto de 2013

Entrevista a Pablo Ortúzar: “La buena fe no se cumple en el mercado chileno”

Plantear cambios culturales al sistema económico desde la antropología social no es fácil con el pensamiento económico imperante en el país, sobre todo si se habla de avanzar hacia la “buena fe”, en un momento en que las relaciones económicas están bajo sospecha por los casos de abusos de empresas hacia consumidores y trabajadores.
Pablo Ortúzar, director de investigación del Instituto de Estudios de la Sociedad y Antropólogo Social, expuso este tema la semana pasada en el Encuentro Nacional de la Empresa (Enade) 2012, donde sostuvo que el mercado puede sostenerse a partir de la buena fe, entendida como una práctica para revertir la desconfianza que existe en el campo económico.

LA BUENA FE

-¿Cómo se debe entender la buena fe en el campo de las relaciones económicas?
-La buena fe pone muchas exigencias, porque pone a la otra parte en una posición informada a partir de la cual pueda tomar decisiones libres y eso no se cumple en el mercado chileno en muchas áreas, porque hay muchas asimetrías de la información y muy poca información para retirarlas y competir en Chile. La desconfianza con las instituciones y el mercado que se experimenta desde el 2011 tiene que ver con la pérdida de la buena fe, que no es exclusiva de los grandes empresarios, porque también se produce en personas que se aprovechan de las otras en base a la información, como el caso de gasfíter y mecánicos, denunciados en programas de televisión como “En su propia trampa”.
-¿Cómo se incluye entonces?
-Se debe incorporar la buena fe como centro en los procedimientos que se despliegan en la economía y la política, con una competencia decente y leal de los políticos que tiene mucho que ver con la calidad en la discusión de la política. Y eso hoy día es muy cuestionable, porque se genera mucha operación mediática con poco contenido y mala fe en las críticas, con montajes comunicacionales. La discusión pública que hay ahora, de que debe haber más debate y diálogo, es imposible sin buena fe.
-Pero, ¿cómo enfrenta la buena fe a la cultura económica y social imperante en el país?
-La gracia de la buena fe es que es traducible en procedimientos que se pueden convertir en costumbres si comienzan a incorporarse cotidianamente y así produce cambios culturales. El desafío  interesante es que  es un cambio que pasa por las personas  y su libre voluntad. Los cambios culturales finalmente pasan por convertir virtudes en costumbres y no ejercerlas como una excepción. Para eso hay que acostumbrarse a proceder de cierto modo. Por lo tanto, decantar la buena fe en procedimientos que la aseguren es el gran desafío de Chile en los próximos años que se debe hacer en todos los ámbitos y a todo nivel.

CONFIANZA

-¿Este cambio cultural aumentaría la confianza casi inexistente en el campo económico y social?
-La confianza es una red muy frágil de expectativas, cualquiera puede dañarla  y es muy fácil destruirla. Esto es un bien público que no puede ser creado por decreto, que no puede crearlo el mercado ni el Estado, sino que viene de una ética del comportamiento de las personas. A los sociólogos y los economistas esto los descoloca absolutamente, por la idea de que el éxito de la sociedad dependa de algo tan frágil, de que dependa de la voluntad de las personas y no de las estructuras o de planes.
-Pero la sociología y la economía insisten en el discurso de que la institucionalidad guía al cambio de comportamiento.
-Es que es falso que la ley con que operan estos planificadores modifica el comportamiento de las personas. Obviamente puede contribuir, pero también se necesita una interacción inteligente entre el mercado y el Estado, y eso pasa por replantearse la lógica operativa de las intervenciones. Se debe pasar de la intervención intrusiva a una que estuviera más cerca de la orientación contextual, que es influir positivamente en las operaciones de un sistema económico a través de estímulos que sean reconocibles.
-Las empresas tienden a intervenir con políticas de valores que están en el papel, pero que no son compartidas por los trabajadores, porque en la práctica dicen que no se sienten escuchados en sus demandas.
-Uno de los desafíos de las empresas es tratar de incorporar un trato más horizontal con sus equipos para generar confianza, involucrando a los equipos de trabajo en proyectos comunes, lo cual es importante porque permite a las personas con mucha experiencia incorporar su información y conocimiento al proceso productivo. Hoy día hay mucha riqueza que se pierde por la estandarización absoluta de los procedimientos, donde se deja poco espacio a la creatividad y al aporte de conocimiento al interior de la empresa.
-La empresa chilena también importa modelos de afuera.
-Así es, casi todos los traen de Estados Unidos, con una base cultural muy distinta y aquí el efecto es casi nulo.

EL MODELO

-Hablando de modelos: en la Enade se criticó mucho la tesis de Alfredo Mayol sobre el derrumbe del modelo imperante en el país, ¿qué le parece?
-Lo que hizo Mayol era más bien una movida publicitaria que algo serio. Los modelos en la sociología no están en la realidad, sino que son reconstrucciones teóricas para tratar de explicarlas y, si alguien dice que se derrumba un modelo, quiere decir que su teoría dejó de explicar la realidad, lo cual en el caso de Mayol es obvio, porque está usando teorías de los años 60 para tratar de entender un mundo completamente distinto.
-En Libertad y Desarrollo se dice que el pensamiento de economía libre no es un modelo, sino un “espejo de la naturaleza humana”, ¿cómo se entiende esto?
-Hay que distinguir el tema de que el mercado no lo inventaron los libremercadistas, sino que la interacción humana en este plano ha existido siempre y se ha ido perfeccionando a través del tiempo. El buscar el beneficio a través del intercambio es algo que siempre acompañó a las sociedades, pero la salvedad es que la base ética no está en la naturaleza humana, sino que en las culturas que la incorporan. Por eso fue tan distinto el libre mercado en sociedades con base cultural protestante. Efectivamente el mercado es parte de la naturaleza humana, pero la forma en que se interactúa en él es parte de la cultura humana.
-¿Cómo respondieron los empresarios presente en Enade este análisis?
-El mundo empresarial es tremendamente variado, en el fondo son personas muy prácticas pero también actúan en base a éticas rigurosas, otro menos. Pero, por lo menos las conversaciones que tuve después con empresarios, estaban muy de acuerdo en que había que limpiar las reglas del juego y atenerse más a ellas, para generar seguridad jurídica en las expectativas de las inversiones, que son la base para generar riqueza. Sin confianza es mucho más difícil generar riquezas.

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