lunes, 9 de mayo de 2016

Elementos constitutivos del capitalismo jerárquico en América Latina

Dentro de las variedades de capitalismo existentes, que e retroalimenten con de las formas culturales en que se desarrolla el capital, está el acuñado término de "capitalismo de jerarquía"para América Latina, por parte de Ben Ross Schneider, quien desde el MIT estadounidense ha elaborado los alcances de esta tipología en las modalidades de organización económica bajo las leyes del capital.
El aspecto jerárquico del capital en América Latina tiene que ver más con las formaciones sociales históricas que se desarrollaron a partir de las relaciones de fuerza en la región, marcada por el autoritarismo, la segmentación racial y socioeconómica y un integrismo moral convervador que influenció la dinámica cotidiana de las sociedades latinoamericanas.
Según Ross Schneider las bases institucionales distintivas del capitalismo en la región son economía de mercado jerárquicos, que se identifican con cuatro características en la relación entre estructura de negocios y el ingreso de capital, mano de obra y tecnología: grupos económicos, corporaciones multinacionales, mano de obra poco calificada y relaciones laborales atomizadas.
"Las relaciones jerárquicas en los grupos empresariales y las multinacionales son centrales en la organización del capital y la tecnología en América Latina y también son omnipresente en la regulación del mercado del trabajo, en la representación sindical y en las relaciones laborales", indica Ross Schneider.
Específicamente el capitalismo jerárquico latinoamericano también se ientifica por tener como forma corporativa dominante la propiedad familiar dentro del grupo económico. Este aspecto del capital patrimonial gestionado por familias se relacionan con otros puntos como un control jerárquico desde la matriz a las filiales del grupo económico que no tienen un desarrollo tecnológico.
La jerarquización interna se exterioriza en las relaciones de fuerza dentro del mercado interno donde se tiende a la concentración, subordinando y restando participación en las redes comerciales a los actores medianos y pequeños. "Las economías de mercado jerárquicas y variedades de capitalismo en América Latina en ciertos sectores, significa que las relaciones con los competidores, proveedores y Los clientes son a menudo desigual e impregnada de un toque de jerarquía coercitiva", señala el análisis de Ross Schneider.
La opción de no intensificar el capital tecnológico, en su variante de inversiones en investigación y desarrollo (I+D), dentro de la gestión de los grupos económicos genera una baja calificación laboral que configura al mercado laboral latinoamericano, que tiende a la segmentación, donde una parte de los trabajadores goza de una mayor protección legal, con mayores grados de sindicalización y beneficios laborales, respecto a un considerable sector de la fuerza laboral que tiene una alta rotación, falta de calificación y desprotección legal en seguridad social.
Una de las particularidades en la falta de coordinación entre empleadores y trabajadores, además de la configuración histórica de la jerarquización de las relaciones sociales, es el intervencionismo político y del Estado, nacido también en su momento para enfrentar el déficit coordinador que fijó el déficit de coordinación en el mundo del trabajo, como lo avierte el análisis de la investigación de Ross Schneider: "En comparación con los sindicatos en gran parte del mundo desarrollado, el trabajo organizado en América Latina ha tendido a ser más politizado y controlado, y menos eficaz en la negociación colectiva o de intermediación".
"En Chile, por ejemplo, las leyes laborales impuestas por la dictadura de Pinochet prohibieron las confederaciones multisindicales de la negociación colectiva y por lo tanto las animaron a participar en actividades políticas más amplias, en lugar de la resolución de problemas más concretos y diálogo permanente con los empresarios", se agrega en el paper "
La persistencia histórico estructural de malas relaciones laborales inciden en la baja productivida del capitalismo jerárquico, sumado a la falta de inversión intensiva en tecnología. "Tanto las empresas multinacionales y grupos empresariales tenían relativamente baja demanda de expertos laborales y débiles incentivos para presionar por la inversión generalizada en la educación y entrenamiento. Con las multinacionales que dominan la fabricación de mayor tecnología, los grupos empresariales nacionales concentrados en la parte baja de los productos básicos en la tecnología, los sectores y servicios tuvieron menos incentivos para invertir en I + D, contratar a los científicos e ingenieros, o tren trabajadores altamente cualificados", explica el académico del MIT.
Este círculo vicioso dentro de los rasgos del capitalismo jerárquico se reproduce a través de la alta rotación laboral, producida por la volatilidad de materias primeras en los mercados internacionales que comercializan los grupos económicos, y a la debilidad sindical desincentivan la inversión por el bajo tiempo de permanencia, con lo que también se genera una productividad contenida a causa de la limitación de las habilidad específicas. Empresas que no tienen trabajadores caificados tienden a invertir menos en nuevas tecnologías.
Esta situación se mantiene en los períodos de auge en el precio de las materias primas que producen y exportan las economías latinoamericanas, conocidos también como los súperciclos, reduciendo las presiones para encontrar más trabajadores calificados.
Una de las sentencias de Ross Schneider es que el proceso de globalización acentuó la conformación el capitalismo jerárquico en la región. "Especialmente los trabajadores, lo palpable frente a la globalización es que las multinacionales organizan jerárquicamente, tanto el empleo, la inversión y la transferencia de tecnología. Una de los olvidadas ironías de la liberalización en la década de 1990 es que las reformas orientadas al mercado en el comercio, la privatización y la desregulación a menudo trajo como resultado, al final, en más jerarquía de mercado".
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