martes, 18 de abril de 2017

Lukacs: El rol de lo particular en el reflejo estético en torno a la realidad social

Georg Lukacs, en su libro "Prolegómenos a una estética marxista", señala uno de los puntos de partida clave para entender la persistente influencia cultural de la modernidad bajo el ancla del concepto totalizante de lo absoluto, en que lo particular es considerado como una categoría central de la estética, que se relaciona con la razón y la experiencia, entendidas como ingredientes fundamentales de la realidad social.
Lukacs toma la base de Kant  y Schelling, para dar con la génesis filosófica del principo estético, señalando que este útimo es un absoluto en sí mismo, específicamente en los marcos de entendimiento de la modernidad. "En la Antiguedad lo universal es lo particular, la especie del individuo; por eso, aunque en ella domine lo particular, la Antiguedad es el mundo de las especies. En el mundo moderno lo particular significa sólo lo universal, y precisamente por eso, porque en él domina lo universal, el mundo moderno es el de los individuos, el de la descomposición", señala.
Al pasar a Hegel, Lukacs encuentra más claridades para abordar el tema de la estética, a través de las relaciones entre singularidad, particularidad y universalidad, los que son identificados como momentos que determinan las formas lógicas, los conceptos, los juicios y la inferencia.
En el campo estético también se pueden aplicar estas tres categorías, las cuales tienen funciones distintas, pero están interrelacionadas. "Lo universal abraza bajo sí mismo lo particular y singular, lo singular contiene en sí mismo lo particular y lo universal, y lo particular contiene en sí mismo lo universal".
Según Lukasc, el movimiento de lo singular a lo universal, y viceversa, está mediado por lo particular en el campo objetivo y a nivel del pensamiento (lo subjetivo), siendo relevante llevar estos principios a la esfera de la estética, reconociendo la brecha que tienen estas categorías en el conocimiento científico y que se reconoce en la distinción entre reflejo estético y reflejo científico. El primero busca captar el contenido y la forma de la realidad, descubriéndola y reproduciéndola, con lo cual aportan cambios cualitativos a la imagen refleja del mundo, siendo lo particular el eje central. La obra de arte es la objetivación del reflejo estético de la realidad, cuyo contenido proviene de formas específicas de la materia.
También hay otros elementos como la técnica y la forma, donde surge la distinción entre la producción industrial y la creación artística. Lo universal se asocia con la producción técnica, relegando a la particularidad a la producción artesanal en que se cuenta con un modo de tratamiento artístico particular, aunque hay un momento de encuentro entre la técnica artística con la técnica científico industrial cuando se presenta un procesos de aprendizaje recíproco entre las experiencias que comparten los hombres. 
"Todo proceso científico en la técnica tiene que imponerse, antes o después, como un paso en el movimiento hacia adelante, pues su sentido objetivo alude a una mayor aproximación a las leyes de la realidad objetiva, a su aplicación económica. La técnica artística, en cambio, no es más que un medio para expresar del modo más perfecto posible aquella reproucción conformadora de la realidad que hemos resumido en el principio de la forma como forma de un contenido determinado, en el papel organizador de una determinada altura de particularidad para cada obra de arte(...)una técnica no puede, pues, ser fecunda y progresiva en sentido artístico sino cuando promueve precisamente el despliegue de esa particularidad", indica Lukacs.
Lo particular en el campo estético, según Lukacs, nace de la necesidad de reproducir objetivamente la realidad, dando paso a opiniones subjetivas y al arbitrio particular relacionado con una necesidad interna. Lukacs dice que la premisa de que "no hay objeto sin sujeto" es un principio de la estética, con lo cual separa las aguas entre esta esfera y la teoría del conocimiento: "el objeto (la obra de arte) está por su estructura tejida con subjetividad; no posee un "atomo" ni una célula sin subjetividad; su totalidad incluye la subjetividad como elemento de la idea estructuradora". Lo subjetivo es parte del proceso creador de la personalidad artísticas en que las afecciones interiores tiene un dinamismo en que se van superponiendo entre ellas, es la singularidad que avanza hacia la particularidad bajo el deseo de reproducir la realidad.
Es en este contexto en que la creación artística se muestra en la conexión social que se percibe para dar nacimiento a la obra de arte, por lo que aquí se muestra la relación dialéctica que busca definir Lukacs: "(...)el creador reconoce, o sospecha por lo menos -y la capacidad al respecto determina también su capacidad como artista- que ha descubierto algo cualitativamente distinto y más general que las observaciones medias o excéntricas, las impresiones, etc., que se le ofrecen en su cotidiana singularidad". Esto genera acercamientos y distancias en el artista frente a la realidad, por lo que sale de su propia singularidad para representar los objetos con que se relaciona. Es en esta percepción en que se facilita la dialéctica entre esencia y apariencia, entre lo nuevo y lo viejo, para ver otros elementos que no ven las otras observaciones, con lo que surgen contradicciones en torno a la realidad, debido al factor abierto que implica el descubrimiento de "lo cualitativamente distinto".
"Presicamente por eso es decisiva para la estética la necesidad de representar objetiva, verazmente y, al mismo tiempo, humanamente una realidad inependiente dela consciencia humana. Esta necesidad impone la generalización aquí descrita de la subjetividad en particularidad, la superación también de todo lo meramente universal en la humanizada subjetividad de lo particular", plantea Lukacs.
La individualidad de la obra, la originalidad, es otro elemento que aborda Lukacs. Esta forma parte de la realidad, lo que supone una toma de posición del artista. "La realidad refejada y conformada por el arte contiene ya, pues, en sí previamente, como un todo, una toma de partido respecto de las luhcas históricas del presente del artista. Sin una toma tal de posición sería irrealizable la elección concreta de tal o cual momento de la vida, y no otro, como particular característico para objeto de la dación artística de forma", señala el filósofo húngaro, añadiendo que para tal efecto es necesaria la necesidad y la fuerza de convicción, o sea la voluntad para tomar partido frente a la realidad, frente al ambiente histórico-social.
Otro aspecto clave es comprender que la obra de arte es una reproducción estética de las relaciones dialécticas entre esencia y fenómeno. "Es propio también de la real originalidad artística el que se capte la esencia del fenómeno nuevo en cada caso, y ello de acuerdo con la peculiaridad ya aclarada del reflejo estético no sólo como descubrimiento de legalidades generales que se revelen en el nacimiento de lo nuevo(...)sino como conformación de particulares destinos de hombres particulares".
En este sentido, más adelante Lukacs reafirma que "todos los caminos que emprende el arte auténticos proceden de la realidad social; todos los caminos de su adecuada eficacia tienen por tanto que reconducir a esa realidad", siendo la particularidad la categoría central en esta relación por cuanto modifica el proceso de creación y del creador, influyendo también en el receptor de la obra.
De esta forma las determinaciones específicas que provienen de la teoría de la particularidad del reflejo estético de Lukacs en torno al fenómeno artístico muestran la esencia de las diferencias entre apariencia y esencia, lo convencionalmente falso y verdadero, lo nuevo y lo viejo, y entre el reflejo científico y el estético que se desenvuelven en la realidad de la interacción humana.

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