viernes, 7 de marzo de 2014

Servicios de inteligencia y esoterismo: Lo que hizo la CIA con las ciencias ocultas

Desde sus inicios el Servicio de Inteligencia de Estados Unidos, la CIA, se ha vinculado con las ciencias ocultas y el esoterismo. Nació con la organización de los miembros de la sociedad secreta o iniciática skull and bones, relacionada con la masonería. Uno de sus pilares es asegurar que la “diosa” Eulogia, la entidad de la elocuencia, se unió a la agrupación el año de su creación, en 1832.
La asociación entre servicios de información e inteligencia y las sociedades herméticas se remonta, en la modernidad, a la irrupción de los jesuitas en el siglo XVI, quienes crearon un sofisticado sistema de informaciones, contrainformación y espionaje para enfrentar a la reforma protestante, recurriendo al conocimiento esotérico, en algo que siglos más tarde la CIA aplicaría también, como se indica en el trabajo del periodista estadounidense Gordon Thomas, en su obra “Las Armas Secretas de la CIA”.
El control mental es uno de los temas centrales en el libro de Thomas, destacándose la operación “A menudo”, que retomó las investigaciones realizadas por el psiquiatra de la CIA, Ewen Cameron, en torno a lo sobrenatural, llegando a coquetear con el mundo de la magia negra.
“Según la declaración de objetivos del doctor (Sidney) Gottieb (psiquiatra y bioquímico, director de la División Química de la CIA), la intención era “dominar las fuerzas de la oscuridad y poner en entredicho la idea de que los recovecos de la mente están fuera de nuestro alcance. El proyecto apuntará a la creación de una nueva especia de ser humano psicocivilizado”, señala el periodista en su libro (Pág. 294).
De acuerdo a esta premisa, la idea de la CIA era obtener control de las personas, a través del manejo de las ciencias ocultas, cayendo en la engañosa pretensión del hombre de controlar estos fenómenos, cuando en rigor se produce todo lo contrario, siendo las entidades que se buscan las que efectivamente toman el control de sus invocadores.
“Los agentes de la operación –detalla Thomas- empezaron a visitar salones de quiromancia, tenderetes de adivinos de feria y, en las ciudades más grandes, las lujosas consultas de videntes que atendían a los ricos y poderosos. Se presentaban de manera invariable como investigadores del Instituto de Ingeniería Científica, un nombre tapadera que había elegido el doctor Gottieb”.
Otras citas memorables de la búsqueda de lo oculto para el levantamiento de datos de los análisis y operaciones de inteligencia fue la idea de poner videntes en puntos estratégicos del bloque soviético o la contratación de astrólogos, por US$350 semanales, para predecir el futuro, además de quirománticos chinos para adaptar la lectura de las manos a los trabajos de inteligencia.
Pero más tarde se dio un paso más allá: “La operación A menudo pronto estaba inmersa en la demonología. En abril de 1972 se realizó un acercamiento al monseñor encargado de los exorcismos en la archidiócesis católica de Nueva York, que se negó a redondo a colaborar”.
La CIA, mediante el trabajo del doctor Gottilieb, llegó a financiar un curso de brujería en la Universidad de Carolina del Sur, donde se inscribieron 250 estudiantes en clases como  ritos de fertilidad, iniciación y resurrección de muertos.
Se toma un cita de William Buckley, prominente agente de la CIA, en que señala lo que ocurría en los años setenta al interior del edificio del servicio de inteligencia en Langley, Virginia: “ese rincón de la CIA que Gottlieb había reservado para su trabajo con el diablo era un agujero negro interno del que surgían gritos constantes de “¡Dios no existe!, “La deidad cósmica lo es todo!”.
Buckley comenzó a recibir en su escritorio documentos de su personal esotérico, titulados como “Enferma y confunde a tu enemigo con Satán” o “Cómo convertir un péndulo en arma secreta para localizar submarinos soviéticos. Lo que me asombraba era que la inmensa mayoría de los satanistas eran antiguos católicos romanos”.
Thomas menciona que una prioridad de Gottlieb, era la “magia del caos”, donde voluntarios se ofrecían a realizar viajes al vacío, por lo que se les tildó de psiconautas. “Un ocultista explicó a Buckley que en algún lugar del vacío se encontraba la magia más poderosa de todas, capaz de destruir a cualquier enemigo. El doctor Gottlieb había accedido a financiar a ese “psiconauta” en concreto en sus viajes a lo desconocido. El hombre había dicho que la travesía sería el equivalente a la partida en busca del Vellocino de Oro de los argonautas de la mitología griega”.
Hasta aquí, de acuerdo a libro, en mediados de los 70 del siglo pasado, se optó por par con mayor fuerza a la idea primigenia de la CIA de avanzar en el control mental.
Este pasaje de la CIA y lo oculto también se relaciona con el eslabón entre la ciencia militar con la ciencia oculta y que queda de manifiesto en Números, con el profeta Balaam, quien fue contratado por el Rey moabita, Balac, quien le encargó maldecir al pueblo de Israel.
Lo cierto es que es difícil no encontrar hilos conductores entre los servicios de inteligencia, con fines de control, con lo esotérico, como se dio en Cuba, cuando el régimen de Castro intervino en el mundo de la santería  (para que hablar de los gobiernos militares y guerrilas africanas y su recurrencia a la magia negra), o como salió a la luz en 2011 con la Unidad Anti Brujería del ejército de Arabia Saudita.
También tenemos el ejemplo de la Gestapo y las SS, en el sistemático trabajo del nazismo con las ciencias ocultas, o el caso de la logia P2 en Italia, donde sus miembros participaban en rituales de iniciación, recurriendo a la violencia y el asesinato,  o el trabajo de Aleister Crowley en el servicio británico de inteligencia MI-5.
El mismo Crowley, impulsor en el siglo XX de la magia enochiana, es un tributario del ocultista John Dee, asesor director de la reina Elizabeth I, en el siglo XVI, estudioso de la alquimia, la adivinación y astrólogo, encargado de crear los primera red de inteligencia desde el Estado moderno, recurriendo a la criptografía para codificar los mensajes de información secreta, cuyos documentos firmaba con el 007, lo que posteriormente sería copiado por Ian Fleming, para su personaje de James Bond. Fleming fue amigo de Crowley.
John Dee fue un conocido mago negro. Durante su vida dijo tener el contacto con 3 entidades, a las cuales denominó "ángeles", que le otorgaron poderes de invocación. Su influencia fue fundamental en la aparición de la red de inteligencia británica en el siglo XVI en Europa, mientras paralelamente la orden de los jesuitas también armaban un sofisticado sistema de espionaje con método esotéricos.
Uno de los hijos de John Dee fue Arthur, doctor de Iván el Terrible, bajo cuyo dominio se atribuye -desde la historiografía positivista- la creación del primer servicio de inteligencia, con agentes secretos, aunque la influencia del lado oscuro siempre se ha tratado de esconder.
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