domingo, 22 de enero de 2017

Chile: un principado mixto desde 1990, a la luz de El Príncipe de Maquiavelo

Nicolás Maquiavelo, al analizar las diversas formas que toma un principiado entrega un antecedente para entender lo que sucede actualmente con las formas de gobierno del Estado moderno. Chile no escapa a este análisis, específicamente desde 1973, en que comienza el llamado período de "refundación nacional", que considera un diseño institucional determinado y cuyas bases no se han modificado estructuralmente hasta la actualidad.
Puestas así las cosas vivimos en un Principado mixto, como dice Maquiavelo: uno que desde 1990 se anexó al reino dictatorial previo. Su consolidación se hizo por ciertas características culturales que ahora se resquebrajan con mayor rapidez. Existen formas para lograr conseguir un principado nuevo que, según el politólogo italiano, puede ser hecho a través de la virtud.
¿Qué entiende Maquiavelo por principado mixto? simplemente es un Estado que no es nuevo del todo, sino que es un "corno miembro a un conjunto anterior". En este cuadro se puede establecer un parangón con el proceso político chileno, en que un principado anterior (la dictadura cívico-militar) no solamente le entregó el poder formal a un principado nuevo (la Concertación de Partidos por la Democracia), sino que también le heredó la institucionalidad establecida en la Constitución, con lo que permitió que el principado nuevo se agregase al antiguo.
La adquisición en este caso se produjo con el arma de los votos, no fue con la toma de las armas como hizo la dictadura para instalar un principado nuevo sobre las cenizas del anterior (la Unidad Popular). (...)"al hablar de los principados de nueva creación (la institucionalidad creada en la dictadura) y de aquellos en los que sólo es nuevo el príncipe (la Concertación de Partidos por la Democracia) Maquiavelo recuerda que este tipo de gobernanza se basa en el principio de que "los hombres siguen casi siempre el camino abierto por otros y se empeñan en imitar las acciones de los demás".
Algo que identifica al principado mixto es el proceso de transición cuando se administran las estructuras del principado antiguo. En esta línea el análisis de Maquiavelo sostiene: "las dificultades nacen en parte de las nuevas leyes y costumbres que se ven obligados a implantar para fundar el Estado y proveer a su seguridad. Pues debe considerarse que no hay nada más difícil de emprender, ni más dudoso de hacer triunfar, ni más peligroso de manejar que el introducir nuevas leyes. Se explica: el innovador se transforma en enemigo de todos los que se beneficiaban de las leyes antiguas, y no se granjea sino la amistad tibia de los que se beneficiarán con las nuevas".
Esto se verifica a través de las diferencias de forma respecto a la institucionalidad económico-política dejada por la dictadura ha sido otra de las caractarísticas del proceso político chileno desde 1990 a la actualidad, tiempo durante el cual se intentaron realizar reformas que en una primera etapa no pudieron contra la contención de los llamados enclaves autoritarios dejados por el principado antiguo (la dictadura).
Maquiavelo inica que la tibieza respecto a las nuevas leyes tiene dos orígenes:"el temor a los que tienen de su parte la legislación antigua y, por otro, la incredulidad de los hombres, que nunca fían en las cosas nuevas hasta que ven sus frutos". Justamente, en el proceso en los años noventa del siglo pasado las relaciones entre la sociedad política chilena giraron en torno a la timidez de las reformas en materia político-institucional y en política-económica debido, por un lado, al temor representado en el rol que cumplían las Fuerzas Armadas, dominadas en la figura de Pinochet, como garantes de la institucionalidad. La tibieza de los cambios, por otro lado, produjo incredulidad en sectores de la sociedad civil que -como dice Maquiavelo- no se confiaron de los gobiernos de la Concertación al ver que los principales frutos de su gestión tendían a mantener los pilares del modelo político y económico de la dictadura (el principado antiguo).
El campo de batalla en el sistema de partidos políticos después de 1990 se dio en el campo comunicacional, donde se forman los discursos dirigidos a la sociedad civil mediante la influencia en la opinión pública. Aquí, los dos principales bloques, representantes del principado antiguo (la derecha) y del principado nuevo (la centro izquierda) dejaron de lado a las demás fuerzas (entre las cuales estaba la llamaa izquierda extraparlamentaria). El territorio de los discursos político-ideológicos para ganar influencia en la opinión pública podemos interpretarlo bajo la óptica de Maquiavelo como el campo de batalla por excelencia en que se manifestó la discusión de las nuevas leyes.
(...)cada vez que los que son enemigos tienen oportunidad de atacar, lo hacen enérgicamente, y aquellos otros asumen la defensa con tibieza, de modo que se expone uno a caer con ellos". Este punto se refleja en la estrategia comunicacional adoptada por la derecha para centrar la discusión en torno a la idea de no avanzar en las reformas de la institucionalidad, apelando a que eran temas que sólo interesaban a los poíticos, no siendo temas que interesaran a las personas como realmente lo eran las necesidad de tener empleo y seguridad ciudadana. La respuesta a los intentos de poner nuevas leyes tuvo esta respuesta de los privilegiados por las antiguas leyes mediante un discurso enérgico, que la Concertación enfrentó de forma tímida, sin aclarar ante la opinión pública la importancia de cambiar las leyes del antiguo principado dictatorial.
"Por consiguiente, si se quiere analizar en esta parte, es preciso ver si esos innovadores lo son por sí mismos, o si dependen de otros; es decir, si necesitan recurrir a la súplica para realizar su obra, o si pueden imponerla por la fuerza", continua el relato de Maquiavelo, con lo cual entrega otras luces para analizar lo ocurrido desde 1990, toda vez que la pretensión de instalar leyes nuevas por parte del principado nuevo (la Concertación) siempre dependió del otro actor hegemónico, representante del principado antiguo (la derecha), recurriendo a la súplica, o sea al sometimiento que eufemísticamente se cubrió con la llamada política de los consensos, en que se privilegió una fase arquitectónica en la sociedad política, por sobre la fase agonal que supone el conflicto permanente. La súplica como forma de innovar, a través de cambios de forma a la institucionalidad político-económica del Chile de lo noventa derivó a otras formas de relaciones políticas desde 2006 en adelante, pues la imposición de la fuerza ha sido una herramienta utilizada históricamente por la derecha, siendo el establecimiento del antiguo principado dictatorial un ejemplo de ello. Según Maquiavelo el uso de la fuerza asegura la consecuión de los propósitos en política y en esto la derecha lo ha sabido aplicar, pero el politólogo italiano advierte que el uso de la súplica fracasa siempre, y eso se ha visto en el desgaste de legitimidad y de constante crisis dentro de la Concertación y su heredera, la Nueva Mayoría.
Al finalizar el segundo gobierno de la Concertación (1994-2000), con Eduardo Frei a la cabeza, comienza una nueva etapa dentro del proceso, la que puede ser reconocida como la profundización del principado civil, en que surge un príncipe (Ricardo Lagos) que fue instalado en un primer instante por el pueblo (a nivel formal) y que posteriormente obtuvo el apoyo de las élites (a nivel práctico). "El principado puede implantarlo tanto el pueblo como los nobles, según que la ocasión se presente a uno y a otros". Los nobles, cuando comprueban que no pueden resistir al pueblo, concentran toda la autoridad en uno de ellos y los hacen príncipe para poder, a su sombra, dar rienda suelta a sus apetitos". Es así como en ese periodo (2000-2006) se consolidan nuevas leyes que benefician al empresariado, como la profundización del sistema de concesiones de infraestructura en transporte, cárceles y hospitales, además de otras leyes sectoriales que terminan dinamizando y aumentando la reproducción del capital a las administradoras privadas del sistema previsional y a las instituciones previsionales de salud (isapres) mediante la entrega de mayores subsidios que se implementaron en las reformas de leyes.
La dinámica del principado mixto instalado a partir de 1990 siempre consideró el modo en que los príncipes deben cumplir sus promesas, tal como lo dice el capítulo  XVIII de la obra maquiavélica. La promesa del nuevo principado (la Concertación) era la de superar lo establecido por el antiguo principado (la dictadura), pero en este aspecto la batalla política por las leyes no prosperó con cambios de fondo a la institucionalidad como hemos mencionado. En esto la figura del príncipe ha tomado la forma del zorro en vez de la del león, que recurre a la fuerza y al enfrentamiento directo. Primero, el zorro con alma negociadora se manifestó a través del discurso de la reconciliación del gobierno de Patricio Aylwin en que los resultados de la comisión Rettig sobre violaciones a los derechos humanos derivó en una tímida política de "la justicia en la medida de lo posible", cuya tibieza también se extendió en la incapacidad de avanzar hacia cambios estructurales con la aceptación axiomática de que "el mercado es cruel".
La idea del gobierno de Eduardo Frei y de Ricardo Lagos de modernizar el país también pasó por una promesa cumplida a medias, siendo la desigualdad socioeconómica el principal fruto de los cambios a las leyes, beneficiando más a los nobles que al pueblo.
Otro aspecto que tomó fuerza en el proceso político fue la apariencia de los príncipes, tanto de los representantes del nuevo principado (Ricardo Lagos, Michele Bachelet), como la del antiguo principado (Joaquín Lavín y Sebastián Piñera). Según Maquiavelo, el príncipe debe aparentar poseer virtudes, lo que es más útil que practicarlas. En esta premisa se inserta el carisma en la figura del líder político puesto que -como dice Maquiavelo- "los hombres, en general, juzgan más con los ojos que con las manos porque todos pueden ver, pero pocos tocar. Todos ven lo que parecen ser, más pocos saben lo que eres ; y estos pocos no se atreven a oponerse a la opinión de la mayoría, que se escuda detrás de la majestad del Estado".
Es así como la entronización del carisma ha producido un nuevo abismo entre la sociedad política y la civil, a través de a manipulación de la opinión pública, donde se busca obtener el apoyo de la mayoría. Sebastián Piñera marcó otro hito en este sentido, cuando la derecha retorna a la administración formal del Estado mixto configurado a partir de 1990. El empresario llegó al poder del Estado prometiendo eficiencia, que es poner atención a los resultados, de acuerdo al análisis de Maquiavelo. Sin embargo, la idea que se quiso imponer de instalar un principado nuevo fracasó cuando la ciudadanía se dió cuenta de que el príncipe no traía novedades, sino la intención de mantener la institucionalidad antigua, sin dar espacio a reformas de fondo, siendo la educación el sector que tomó las banderas.
"Y puesto que el tema lo exige, no dejaré de recordar al príncipe que adquiera un nuevo Estado mediante la ayuda de los ciudadanos que examine bien el motivo que impulsó a éstos a favorecerlo, porque si no se trata de afecto natural, sino de descontento anterior del Estado, difícil y fatigosamente podrá conservar su amistad, pues tampoco él podrá contentarlos", señala Maquiavelo en una cita que Sebastián Piñera nunca habrá leído él, ni sus asesores.
Maquiavelo censura a los príncipes que confían más en sus fortalezas, despreocupándose se ser odiados por el pueblo y eso es lo que ha ocurrido con la administración del Estado mixto que está presente en Chile desde 1990, pues su fortaleza sigue siendo la forma de hacer política y economía política, dejada por la institucionalidad del antiguo principado dictatorial.

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