miércoles, 11 de enero de 2017

Jonathan Haidt: Fundamento psicológico del capitalismo y su efecto en la élite chilena

Varios fueron los conceptos de análisis que utilizó Jonathan Haidt, psicólogo social estadounidense, en la conferencia "Qué hace el capitalismo de nosotros y por nosotros?" frente a un público convocado por los think thanks vinculados a la élite chilena, aquella de los "apellidos de cuna" y que está anclada en las representaciones sociales heredadas de sus clanes familiares, cuya principal característica es que cuenta con una monolítica visión de mundo que hasta cierto punto abre sus espacios a nuevas categorías ideológicas, siempre y cuando sean funcionales a sus intereses.
Así, el ambiente dispuesto para recibir la charla del académico se caracterizó por contar con un homogéneo y glamouroso público de socialité local, invitado por el Centro de Estudios Públicos, perteneciente al grupo económico de la familia Matte, y a la plataforma denominada "La Otra mirada", controlada por el clan empresarial de los Ibáñez, cuyo director es Nicolás Ibáñez Scott, reconocido pinochetista que ahora -paradojalmente- coquetea con las ideas de John Locke.
Esta diatribosa introducción fue parte del ambiente que se apreció subrepticiamente durante la presentación de Haidt, cuyo trabajo se ha centrado en plantear que nuestras opciones morales se fundan en condicionamientos psicológicos que provienen desde nuestra formación genética, lo que a nivel social conduce al conflicto político. Su obra se sostiene en el biologicismo, tanto así que al hablar de capitalismo lo hace pensando en la corriente biológica, por lo que vincula este fenómeno con ciencia cerebral, programación neuronal y hormonal.
Su premisa es que el capitalismo tiene dos grandes polos interpretativos que se basan en supuestos valóricos: Para unos no es más que un fenómeno depredatorio y productor de explotación económica, opresión política y desigualdad social, mientras que para otros es el principal motor de progreso y desarrollo que ha abierto mayores espacios a la libertad del individuo.
La polarización de estas dos macro ideas es una constante evolutiva en la historia del capitalismo, las cuales según Haidt han superado a los individuos, quienes intentan dar soluciones contextuales a partir de valores que terminan siendo encargados a especialistas. En este sentido, siguiendo el análisis de Haidt los problemas económicos son problemas capciosos, en que los puntos de vista son influidos por los dos macro supuestos valóricos en torno al capitalismo: explotación y libertad.
Uno de los puntos más interesantes en la exposición de Haidt fue cuando pidió a los asistentes que levantaran la mano para manifestar si su posición ideológico-política era de derecha o izquierda. Fue ahí cuando en los salones del Hotel Ritz casi la totalidad de los espectadores levantó la mano identificándose en el espectro de la derecha, mientras que 5 personas lo hicieron para mostrar su inclinación a la izquierda. Este ejercicio Haidt también lo realiza en sus conferencias en Estados Unidos, donde la mayoría de los asistentes levanta la mano para identificarse con el liberalismo, que en la cultura política estadounidense está ubicado en el espectro de la centro izquierda, mientras que la minoría se considera conservador y tradicionalista, a la derecha del espectro ideológico. Pero lo más destacado de este ejercicio es que este psicólogo, en Estados Unidos, pide que también se identifiquen los libertarianos, una opción ideológica, en su sentido amplio que involucra un estilo de vida, alzándose no pocas manos, algo impensado en el público chileno, por lo que el mismo Haidt ni se molestó en preguntar si existían libertarianos entre los asistentes invitados.
Haidt se mostró sorprendido de la diferencia registrada (quizás no sabía que las opciones ideológico-políticas en Chile también responde a la segregación social fuertemente arraigada en nuestra cultura política), pero esto demostró la operatividad de algunos de sus conceptos, como el de la diversidad moral que se genera en torno al capitalismo dentro de las sociedades, aunque si nos concentramos en la élite chilena, lo cierto es que su tribalismo filo-endógamo los lleva a compartir ciertos valores entre ellos mismos, no importando que estos tengan una considerable dosis de racismo, clasismo, intolerancia y preopotencia, las que se ha destilado a los llamados grupos "arribistas" o aspiracionales, que se encuentran siempre cerca de los apellidos de cuna o de buen tono. En fin, Haidt señala que esta cohesión axiológica genera una psicología de equipo que cierra el pensamiento de una mente abierta respecto a la sociedad. con lo que se llega a una psicología moral que no viene en blanco, sino que viene con un registro heredado. Los grupos sociales en el capitalismo generan cambios en los valores en torno a la supervivencia, de acuerdo a ciertos modelos culturales, lo que permite reconocer que la ideología guarda una relevante cuota de herencia, que proviene desde la información genética, como si fuera una doctrina de predestinación, pasando por el hogar y las primeras instancias de socialización como el colegio y las redes sociales entre personas del mismo entorno socio económico y cultural, lo que también se relaciona con la apertura o hermetismo hacia la experiencia. 
Dentro de su exposición en Chile Jonathan Haidt se refirió a la evolución desde un mal hacia un buen capitalismo, mostrando el caso de países que han dado el famoso salto al desarrollo, lo cual en Chile lleva discutiéndose por décadas debido justamente al rechazo de la élite a considerar otros elementos de análisis, como la antropología cultural y la crítica sociológica, respecto al modelo de desarrollo económico, que es claramente incompleto. En este sentido Haidt planteó que la evolución al llamado "buen capitalismo" supone un proceso axiológico que incorpora la innovación institucional y normativa, aspectos que tampoco han sido considerados por la élite política y sus representantes en el empresariado y en la clase política.
Haidt además sostuvo que un "mal capitalismo" se apoya en la visión de que todos estamos mejor solo si algunos pocos están aún mejor, lo que justamente se sostiene en Chile a través de los think tanks de la élite. Un capitalismo bien trabajado, con mayores niveles de confianza social y de redes sociales que operen transversalmente en el campo cultural es un activo que la formación económica moldeada por las élites se ha negado a impulsar, justamente a causa de su comportamiento tribal de supervivencia, si es que seguimos la línea propuesta por Haidt.
Otra idea de Haidt entregada al glamouroso público del CEP y de La Otra Mirada es que el capitalismo crea riqueza, pero nunca igualdad, lo que provoca una brecha de felicidad en las sociedades y en las naciones. Justamente Chile es uno de los países que muestra un sostenido aumento de ingreso per cápita mientras que al mismo tiempo la percepción de felicidad de sus habitantes es una de las más insatisfechas, de acuerdo a lo que muestran los estudios internacionales. Para sorpresa de los asistentes el profeso de liderazgo ético de la Universidad de Nueva York mencionó que la felicidad está relacionada con la presencia de un estado de derecho y redes sociales, siendo otro déficit del desarrollo chileno en su capitalismo sui generi. Incluso Haidt planteó que el capitalismo actual tiende al fortalecimiento de la creatividad por sobre la disciplina, en circunstancias de que en Chile muy pocas empresas estimulan o incentivan la creatividad de sus trabajadores, la cual es subyugada por una visión del trabajo que privilegia el disciplinamiento. Estas problemáticas se insertan en lo que Haidt denomina como capitalismo ético, en que el factor de la prosperidad material se relaciona directamente con la producción cultural de un modo más amplificado debido a los mecanismo psicológicos de reacciones emocionales más susceptibles en su visión de supervivencia frente a los cambios de corto plazo que se generan en la sociedad. Así, surgen las reacciones contra los abusos del mercado o se desencadena la producción del miedo por parte de las élites respecto a sus modelos de gobernabilidad más allá del aparato productivo-económico. 
La asimilación es uno de los traumas de la sociedad chilena producto de las relaciones sociales que se han dado a partir de las opciones morales en torno al capitalismo construido en Chile, donde las identidades de tribalismo social se han profundizado, ensanchando las brechas de satisfacción en los individuos y grupos sociales puesto que se registra un rechazo a seguir asimilando ciertos valores instalados por las élites dentro de la sociedad y por el empresariado en el mundo laboral.
El malestar global que menciona Haidt considera los factores extra económicos que la misma élite chilena que lo invitó ha dejado de lado históricamente y que se plasman en el reconocimiento del otro, ya sea en el mundo del trabajo y sus relaciones sociales entre distintos grupos socio-culturales y socioeconómicos, o en otros fenómenos como la inmigración que amplifica estos mecanismos psicológicos. 
Las redes sociales de internet en este sentido son el campo en que se amplifican aún más estas reacciones sociales, que se entienden como dispositivos de poder para enfrentar al mismo poder y que son catalogadas por Haidt que si bien son útiles también muestran lo peor de la psicología moral. Un ejemplo de esta tendencia es la frase cliché que se ha tomado lo titulares de noticas en los Medios de comunicación, que se han acostumbrado a registrar múltiples hechos que "enfurecen a las redes sociales".
Habrá que ver cómo influyeron las ideas de Haidt entre el público invitado por los centros de pensamiento de la élite local, para ver si hay mayores espacios de autocrítica y, a partir de eso, abrir el pensamiento y la experiencia tribal de estos grupos sociales a otros grupos, especialmente a nivel de las redes sociales cotidianas que se viven en el mundo del trabajo y las problemáticas éticas que se generan más allá de las instancias económicas. Pero también está siempre presente el riesgo de que los asistentes a esta conferencia solo se hayan enfocado al glamour del cocktail final para perpetuar sus herméticas relaciones sociales, a la espera de que queden plasmadas en fotos sociales.
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