martes, 10 de enero de 2017

¿Qué hay detrás de la intelectualidad que insiste en ver marxismo por todas partes?

Los círculos ideológicos de la derecha buscar establecer un saber para distribuirlo en el debate de la opinión pública, insistiendo en el viejo fantasma del marxismo, a sabiendas del miedo que aun connota el tratamiento propagandista de este concepto, reducido al campo del conflicto político, en vez de considerarlo como una categoría más de análisis en la historia de las ciencias sociales.
Es así como en su estrategia intentan elaborar un armado explicativo destinado a dejar la impresión de que el marxismo sigue impregnando las dinámicas sociales que se manifiestan en las sociedades occidentales, levantando la terminología de "marxismo cultural", "neomarxismo", con lo cual buscan asignarle un juicio de valor a fenómenos como la progresiva emancipación de ciertos grupos en la sociedad que buscan encontrar espacios en las formas jurídicas que se abren paso la modernidad, como lo son el derecho de la mujer, de los animales, de los trabajadores y de las etnias, entre otros.
Según la óptica de la intelectualidad de la derecha, vinculada siempre a los intereses del conservadurismo estas formas de expresión que han surgido en la postmodernidad son obra y gracia del marxismo, todo es reducible al comunismo. Es como si el absoluto hegeliano fuese la obra de Marx.
Pero lo cierto es que esta intención del saber de derecha nuevamente se equivoca en su análisis de asociar la ideología de género, de las opciones sexuales o de los derechos étnicos, con el marxismo. 
La emancipación de los derechos de la mujer, de los trabajadores y de los animales no es una infuencia del marxismo, eso sí que es un reduccionismo barato. La práctica emancipatoria se ha hecho en función de la crítica a las condiciones concretas generadas a partir de las dinámicas del propio capitalismo, no han surgido en un contexto socialista, el cual -por lo demás- nunca ha existido plenamente, tal como lo han planteado sus teóricos, desde la escuela del utopismo francés e inglés hasta el pretendido cientificismo de Marx y sus posteriores feligreses.
Detrás de esta pretensión no se esconde más que el miedo a no controlar la vorágine de demandas que los individuos agrupados vienen levantando sistemáticamente en las sociedades desde la conformación de la matriz industrial del capital. Bajo esta lógica jibarizada cualquier individuo que critique al capitalismo o al orden que se ha estructurado sobre la base de la producción industrial a gran escala y su posterior fraccionamiento en múltiples formas (la postmodernidad) no es más que un comunista, aunque no lo sepa. O sea son ellos los que se encargan de encasillar el libre pensamiento de alguien, al igual como lo hacen los mismos marxistas ortodoxos que clasifican de capitalistas o fascistas a todos lo que no estén de acuerdo con el comunismo o que no critiquen al capitalismo. En este sentido, esta herencia de la ilustración positivista, que busca empecinadamente la taxonomización del individuo, no es advertida por los círculos de la intelectualidad de derecha que ve comunismo en todo el obrar social que no esté de acuerdo a sus principios.
Esto indica que los círculos de la intelectualidad de la derecha no conocen la categoría de análisis que plantea el postestructuralismo, cuya principal ocupación son las relaciones de poder. De seguro para este enfoque de intelectuales Michel Foucault sería un marxista, no sabiendo que la obra del pensador francés se basa en la confrontación a la obra de Marx. Es altamente probable que para los seguidores de este omni marxismo Freud y Nietszche con su crítica al orden cultural de la modernidad también, en el fondo, fueron marxistas. En este sentido, podrían retrotraerse en la reforma luterana como un proto marxismo que arruinó las bases del orden social. Lo kafkiano en los círculos que propugnan la marxitización de la sociedad y la cultura suma y sigue.
La tendencia a ver marxismo en todos los espacios de la esfera social también confunde la presencia del nihilismo nietcheano con la teroría crítica de Marx, pensando en que toda la entropía, la disfuncionalidad social o el pensamiento crítico es un producto de las ideas del autor de El Capital. 
Si usted le cree a la propaganda de la "intelectualidad" de los círculos de derecha tenga claro esto: Marx aborda su trabajo analizando críticamente las condiciones materiales de dominación a partir del aparato productivo, mientras que el género es otra categoría de dominio basado en la condición biológica de ser hombre y mujer, bajo ciertos roles. El postestructuralismo hace un análisis más fino de las relaciones de poder respecto al trabajo de Marx. Y, como hemos visto, Foucault considera que el marxismo es superable. Eso lo omite la intelectualidad de derecha porque prefiere eludir un análisis más sistemático, demostrando ignorancia, o prefiere hacer mera propaganda, demostrando falta de honestidad intelectual.
Groseramente estas corrientes de pensamiento de derecha también asocian el desconstruccionismo con el marxismo como si el método de desarmar el lenguaje proviniese del filósofo alemán. 
Otra confusión de esta intelectualidad es no considerar que el gran propulsor de cambios en lo que denominamos modernidad ha sido la burguesía y no el ansiado proletariado profetizado por Marx. Justamente el progreso material a partir de la ampliación de la base económica es el que genera el torbellino de nuevas necesidades y demandas en la socidad. Si consideramos esto el trabajo del psicólogo estadounidense Jonathan Haidt también podrían encasilllarlo bajo la influencia del marxismo puesto que este pensador señala que la emergencia de los derechos de la mujer, de los animales y de las etnias son una consecuencia de las dinámicas que generan la matriz económica del capitalismo global, concordando con las primeras lecturas de la postmodernidad y del capitalismo global que surgieron a inicios de la década de los noventa del siglo pasado. Son capaces de catalogar de marxista a Haidt por plantear que la moralidad tiene fundamentos psicológicos que conducen al conflicto político.
Así también las ideas del libertarianismo son susceptibles de ser consideradas como una desviación del marxismo bajo el punto de vista de esta corriente de pensamiento de la derecha, demostrando que con este enfoque son los marxistas más convencidos de las sociedades occidentales y que viven al frente de un enorme precipicio que los separa de las ciencias sociales, entendidas en un sentido amplio. Lo que tanto odias terminará absorbiendo, parece ser el axioma en esta ocasión.

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