martes, 23 de mayo de 2017

La biopolítica detrás del discurso sobre el emprendimiento

El emprendimiento se ha vuelto una figura discursiva presente con mayor fuerza en Chile desde los años noventa en adelante bajo la premisa de que el Estado y el mercado unidos, jamás serán vencidos: cientos de programas con dineros fiscales se han destinado al fomento microempresarial, al igual que el proveniente desde el sector privado, a través de lo que podemos llamar el dispositivo del emprendimiento, identificado desde el poder gremial del empresariado y desde el poder financiero de la banca, para posteriormente extenderse a las demás empresas de otros sectores productivos y de servicios que recurren a la englobadora Responsabilidad Social Empresarial.
Antes definamos lo que es un dispositivo para Foucault: una red heterogénea que se establece entre discursos, procedimientos, instituciones, leyes, proposiones morales y filantrópicas, técnicas, etc., a cual siempre está inscrita en un "juego de poder", teniendo una "función estratégica dominante".
Lo que planteamos es que este dispositivo del emprendimiento es una estrategia de control, de acuerdo a las categorías que utiliza Foucault dentro de su concepto de biopolítica, cuyas principales elementos constituyentes -aunque puedan ser redundantes para algunos- es necesario mencionar, a partir de la preocupación institucional que tiene el Estado moderno para administrar la vida de la población, sirviéndose de un conjunto de saberes con el propósito de configurar una soberanía. 
En este contexto es donde la economía es uno de los campos en que se manifiesta la biopolítica, entrañando la tensión entre la técnica gubernamental de control para ejercer soberanía en un territorio, lo que abre paso al establecimiento de un derecho de propiedad sobre la vida de los individuos. La vida como administración es el enfoque propuesto por Foucault para sintetizar el alcance de su concepto de la biopolítica, del cual se desprende el biopoder, el cual puede tener una vertiente estatal como una privada que se constituye sobre una base de intereses económicos con pretensiones hegemónicas.
En el "Nacimiento de la biopolítica" Foucault identifica que el desarrollo del liberalismo, y su fabricación de la libertad, requiere de "una enorme cantidad de intervenciones gubernamentales que serán la garantía de la producción de la libertad necesaria, precisamente, para gobernar"(...)El liberalismo no es lo que acepta la libertad, es lo que se propone fabricarla a cada momento, suscitarla y producirla con, desde luego, [todo el conjunto]de coacciones, problemas de costo que plantea esa fabricación".
Aquí se incorporan cuestiones jurídicas en las administración, relacionadas con el conjunto de saberes expresados en la delimitación de lo que es verdadero y erróneo. Esta matriz jurídica y epistemológica produce una normalización de la vida que, llevando a la biopolítica a enfocarse en un constante desarrollo de estrategias de legitimación. En el tránsito histórico de un Estado moderno que se desenvuelve paralelamente con un poder económico-comercial que se sostiene con un conjunto de saberes ubicados en lo que se llama la ciencia de la economía política, es que se instala un paradigma de gestión que involucra a la necesidad de establecer soberanía mediante la gubernamentalización de la vida, poniendo el foco hacia una creciente forma de estar de la población desde lo económico, que se dirige mediante la acción del Estado como de la actividad empresarial privada, esferas que coinciden en la necesidad de instalar controles en la población, como una soberanía económica en un territorio.
El biopoder, como un régimen general de dominio implica una gestión de la vida en todo momento, donde los circuitos económicos cobran una rol relevante. Aquí entra a jugar el dispositivo de saber de la ciencia económica, lo que supone la intervención de estadísticas, reglas, con la definición y relación de conceptos que crean variables, las cuales se vuelven masificantes, produciendo al mismo tiempo un tipo específico de subjetividad a través de discursos que circulan de diferentes formas, como el marketing, la publicidad, las informaciones de la prensa económica del establishment y las reglas en el mundo del trabajo, variables que produce ciertos códigos culturales. Esta unificación de subjetividades establece políticas científicas con objetivos determinados, dando espacio a la aparición de nuevos dispositivos (saberes, discursos y técnicas) como el de la libertad, la que se entiende desde el punto de vista biopolítico como una tecnología de gobierno en los cuerpos.
De este modo los sujetos y las estructuras alrededor de la economía se van configurando al mismo tiempo a través del ejercicio de un poder a partir de sus cuerpos, los que pasan a comprenderse como espacios o territorio de la libertad de decidir (subjetividades) para lo cual se requiere de una ciencia de la economía política que sea capaz de posibilitar ese ejercicio de poder del individuo.
El discurso es fundamental para el dispositivo del saber de la ciencia económica moderna, basada en el liberalismo que identifica Foucault en el "Nacimiento de la biopolítica", donde uno de los principios fundamentales está en el dispositivo derivado de la libertad que, a su vez, se basa en características como la verdad del mercado, la limitación del cálculo de la utilidad gubernamental y la universalización de los intercambios. Es en este terreno en que el emprendimiento es construido como una promesa al alcance de todos, siempre y cuando haya responsabilidad, bajo el esquema del liberalismo. Emprender, tomar una acción es lo que sirve, no el resultado. Para ser emprendedor se debe ser trabajador, o ses establecerse una conducta económica, lo que implica un autocontrol que después se exterioriza en control, ser un homo economicus, un "empresario de sí mismo", como señala Foucault para quien el desarrollo de la episteme neoliberal va dejando de lado el principio del intercambio a favor de el empresario de sí mismo, "que es su propio capital, su propio productor la fuente de [sus] ingresos".
La constitución del sujeto como empresario de sí mismo es un modo de subjetivización que es dirigido por dispositivos discursivos ubicados bajo el paraguas de una técnica de gobierno enfocada a conectar a la población con el acontecer económico, por lo que el emprendimiento es una forma disciplinaria para los individuos, es siempre una opción "para salir adelante", si especialmente se está fuera de los circuitos de las fuerza de trabajo.
La circulación de discursos y procedimientos con ciertos objetivos supone un modelo de intervención que se dirige a la gestión del hombre por sí mismo, lo que pretende construirse como si fuese una regulación natural, dejando al concepto de libertad como un componente de la maquinaria de la gubernamentalidad, a la cual se le asigna un ropaje ideológico y otra de técnicas de gobierno enfocadas la administración de la vida de las personas.
Es así como el emprendimiento se convierte en objeto de políticas públicas, dirigidas desde el Estado y desde el sector privado. En el primer caso se trata de programas de subsidios, créditos fiscales para el desarrollo de proyectos personales, mientras que en el segundo caso se trata de programas dirigidos desde empresas, gremios sectoriales, bancos y fundaciones. También existe el llamado tercer sector, compuesto por organizaciones no gubernamentales que recurren al capital del sector estatal y privado para impulsar el emprendimiento.
El avance de este dispositivo también viene a ocupar el vacío que deja el modelo del trabajo asalariado, a costa del empleo por cuenta propia que se relaciona con el emprendimiento, descomprimiendo la presión sobre la fuerza de trabajo, con lo que este dispositivo pasa a ser funcional con la clasificación estadística que supone la gubernamentalidad técnica y que después sirve para potenciar las políticas liberales en cuanto a la creación de empleo, no distinguiendo entre lo que es tener un carro de maní en la calle o una empresa dedicada a la producción tecnológica de alta calificación, los cuales son menores en cantidad, demostrando la presencia de una ley del embudo en este dispositivo.
El respaldo institucional, desde el Estado y organizaciones privadas, asegura disipar la idea del riesgo al iniciar el proceso individual de emprender una actividad productiva o de servicios. El capital, como relación social entre actores políticos públicos y privados, permite la catapulta para apostar a su reproducción, si es que el emprendimiento lograr tomar vuelo, pues de lo contrario emerge la otra cara de la moneda en este proceso: el dispositivo de la deuda.
El dispositivo del emprendimiento, como parte del biopoder, también supone un conjunto de técnicas dirigidas al llamado control de las almas, de las subjetividades, basado en la teología, especialmente en la católica, con un doctrina elaborada de un catecismo para el hombre, como se indica en la Doctrina social de la iglesia en materia económica y social:  "Cada uno tiene el derecho de iniciativa económica, y podrá usar legítimamente de sus talentos para contribuir a una abundancia provechosa para todos y para recoger los justos frutos de sus esfuerzos. Deberá ajustarse a las reglamentaciones dictadas por las autoridades legítimas con miras al bien común".
Este principio teológico-procedimental es uno de las tantos pilares de lo que supone el biopoder, entendido como gobierno de las almas y que se concentra en la intervención del comportamiento de los individuos. a partir de sus voluntades y capacidades personales, el que es seguido por instituciones privadas de carácter católico que desarrollan programas de emprendimiento con fondos estatales y de privados, provenientes de empresas o de la banca.
El apoyo al emprendimiento a través de planes de Responsabilidad Social de Empresas es otra estrategia que se inscribe en la racionalidad de la biopolítica con fines de control social. En este escenario es que surgen varias técnicas de gubernamentalización que establecen procedimientos y estrategias para desarrollar planes de emprendimiento, uno de los cuales es la posibilidad de que los trabajadores de una empresa tengan incentivos para crear sus propios negocios, como se señala en los documentos de organizaciones privadas enfocadas al desarrollo de planes de RSE.
"Impulsar el emprendimiento al interior de la empresa es beneficioso en la medida que los colaboradores logran desarrollarse como agentes creadores de valor capaces de captar las oportunidades y actuar por iniciativa propia, teniendo una buena valoración de sí mismos y atreviéndose a desarrollar proyectos. Es natural que existan aprehensiones respecto de si fomentar el emprendimiento puede provocar la pérdida de trabajadores porque decidan independizarse. Sin embargo, tener políticas e incentivos puestos en el emprendimiento y dar espacios de libertad para desarrollar ese potencial al interior de las compañías, puede ser la mejor manera de retener a los colaboradores con ideas, que crean valor y que innovan. Es necesario, entonces, crear un ambiente de trabajo que logre detectar potenciales emprendedores al interior de la compañía, para incentivarlos y desarrollarlos", señala un documento sobre este tema publicado por Acción RSE, institución destinada al fomento de estos planes.
Este actor institucional se pregunta si el emprendedor ¿nace o se hace?, con lo que parte del supuesto biopolítico de administración de la vida de los individuos en el campo económico, produciendo efectos de control social desde el sector privado, pues se indica que "el emprendimiento se puede y se debe educar", para lo cual se fomentan "competencia", que son herramientas técnicas y procedimentales para intervenir en el comportamiento individual.
¿Cómo se advierte la función de control social aquí? la respuesta está en el discurso textual de Acción RSE: "Contrario a lo que muchos imaginan, dentro de las empresas los incentivos no necesariamente deben ir orientados a un aumento en el salario de los trabajadores. Más que compensaciones económicas, lo que más buscan las personas es reconocimiento al esfuerzo personal y capacitación, las que sumadas a los incentivos correctos generan entornos de emprendimiento sostenibles". Ello significa que el incentivo a ser emprendor no equivale a demandar un mayor sueldo dentro del lugar de trabajo, sino que es un objetivo que, a juicio de la empresa, tiene una finalidad más trascendental y que apunta a que el trabajador tenga mayor productividad mediante la "capacitación y esfuerzo personal". Se entiende así que un emprendimiento sostenible es pasar por ser funcional a los intereses de la empresa que otorga los incentivos.
Finalmente otro elemento que describe la racionalidad biopolítica a través del dispositivo del emprendimiento es lo que señala el documento de Acción RSE respecto al concepto en sí: "Se entiende por imaginario social las representaciones aceptadas por una parte importante de la sociedad. Es indispensable que dentro de este consciente colectivo sea evidente la importancia del emprendimiento como modelo de desarrollo económico y social".
"Cuando el emprender es aceptado de esta forma, las personas lo ven como una alternativa deseable. Conocer historias reales, ver casos cercanos y entender que tras los emprendimientos hay un esfuerzo tremendo, logrará que la sociedad valore el emprender como un camino hacia la realización personal. De ahí el rol fundamental que cumplen las instituciones de educación, los medios de comunicación y las empresas, en tanto son difusores de estas historias", sostiene la institución, revelando la relación existente entre un conjunto de instituciones generadoras de discursos, técnicas y procedimientos de control con las subjetividades de los individuos en torno a su "realización personal".

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