martes, 30 de mayo de 2017

Lecciones sobre la formación intelectual del empresariado desde Gramsci

El análisis de la organización de la cultura que elaboró el filósofo italiano Antonio Gramsci desde la cárcel no solo instala categorías de análisis relevantes como la del sentido común, basado en la premisa de que todos los hombres somos intelectuales, sino que abre el espectro a otras figuras del campo político-económico desde el punto de vista de la función que cumplen en la formación de los intelectuales. No olvidemos que para Gramsci los intelectuales "ejercen funciones organizativas en sentido lato, tanto en el campo de la producción como en el de la cultura y en el político-administrativo".
Uno de los actores que menciona Gramsci es el empresariado, aportando un objeto de estudio para entender como este estamento pone sus intereses en la sociedad, a través de organizaciones gremiales y corporativas que tienen un rol más allá de la esfera de la producción, pues se concentran en una estrategia meta ideológica, en el sentido de que pretende pasar del control de esta esfera hacia el control del Estado, la sociedad política y la civil.
"Hay que señalar que el empresario representa un producto social superior, ya caracterizado por una cierta capacidad dirigente y técnica (esto es, intelectual): ha de tener un cierta capacidad técnica no sólo en la esfera concreta de su actividad y de su iniciativa sino también en las demás, por lo menos en las más próximas a la producción económica (ha de ser un organizador de masas humanas; ha de ser un organizador de la "confianza" de los inversores en su empresa, de los compradores en sus mercancías, etc.)", indica Gramsci.
"Una minoría, por lo menos, de los empresarios -si no todos- han de tener capacidad para organizar toda la sociedad en general, con todo su complejo organismo de servicios, hasta el órgano estatal. Deben tener esta capacidad por la necesidad de crear las condiciones más favorables para la expansión de la propia clase -o bien han de poseer, como mínimo, la capacidad de elegir los "empleador" (empleados especializados) a quienes confiar esta actividad organizadora de las relaciones generales exteriores a la empresa", añade.
En esto el pensador italiano advierte la capacidad organizativa de la sociedad por parte de los empresarios, lo que supone una estructura con un complejo administrativo de un conjunto de individuos que caen en la categoría de "intelectuales orgánicos" que todo grupo social crea y desarrolla, siendo una red organizacional que se enfrenta o se complementa a la organización del Estado a partir del elemento diferenciador de lo que quieren entender desde el mundo empresarial por eficiencia, ya sea para cumplir una función económica y otra hegemónica de influencia dominante en la sociedad, o ambas.
En este sentido son los medios de comunicación, como parte de la propiedad del empresariado, son un aspecto clave que plantea Gramsci, específicamente en cuanto a la función y práctica del periodismo, donde señala que en este campo de acción los lectores (o las audiencias) deben ser tomados en cuenta "como elementos ideológicos, filosóficamente transformables, capaces, dúctiles, maleables", además de ser componente económicos que sean "capaces de comprar las publicaciones" (o pagar la cuenta de internet en estos tiempos). "En la realidad, estos dos elementos no siempre pueden separarse, pues el elemento ideológico es un estímulo para el acto económico de la adquisición y de la difusión", sostiene el pensador italiano, con lo cual deja de manifiesto la función intelectual que mueve a los empresarios.
La figura social del empresario, sin embargo, no viene dada por esta aproximación al armado de este aparato, sino que se determina por "las relaciones generales que caracterizan la posición del empresario en la industria", es decir que es en el rol en la división social del trabajo donde se identifica su actividad intelectual, siendo este el punto de partida de su meta ideología que, a su vez, también forma parte de un germen de poder burocrático de carácter privado.
Aquí es posible dilucidar el discurso de las organizaciones empresariales cuando intervienen con los intereses de la sociedad política y civil, en el momento en que recurre al principio de que el empresariado se mueve por los intereses del país por sobre sus intereses particulares, apelando a la necesidad de que haya crecimiento económico y, por ende, de la producción, por sobre otras demandas de la sociedad.
En este sentido, a partir de Gramsci, se advierte el otro puntal de la organización meta ideológica del empresariado y que es la formación del "especialista", aquel que para el filósofo italiano no es más que un modo de ser intelectual que posee el "espíritu de la técnica-trabajo" sin una "concepción humanista histórica". Un requisito previo para esta figura en el análisis gramsciano pasa por estar en la "participación activa en la vida práctica, como constructor, organizador, permanentemente persuasivo", con el propósito de estar conectado con los grupos sociales más importantes.
La formación intelectual mediante categorías especializadas es parte de las estructuras de los gremios empresariales, con divisiones administrativas encargadas de abordar temas estratégicos como comercio exterior, tributarios, laborales y de relaciones con el Estado, ya sea el Poder Ejecutivo y el Legislativo, además de contar con ramificaciones como centros de pensamiento que tratan asuntos mutidisciplinarios de la sociedad.
Hemos mencionado que en el sector privado se tiende a conformar un poder burocrático a partir de la formación intelectual del empresario, en que Gramsci identifica "órganos especializados que preparan el material técnico para los órganos deliberantes", con lo cual se crea un "segundo cuerpo de funcionarios, elegidos ora en la industria, ora en la banca o en las finanzas. Es éste uno de los mecanismos por medio de los cuales la burocracia profesional terminó controlando los regímenes democráticos y los parlamentos; el mecanismo se va extendiendo ahora orgánicamente y absorbe en su círculo a los grandes especialistas de la actividad práctica privada, controlando así los regímenes y las burocracias".
De este modo la labor de los intelectuales orgánicos que provienen del ambiente empresarial se extiende a otros ambitos, como indica Gramsci: "Una de las principales características de todo grupo que avanza hacia el dominio es su lucha por la asimilación y la conquista "ideológica" de los intelectuales tradicionaes, asimilación y conquista que son tanto más rápidas y eficaces cuanto más el grupo en cuestión elabora simultáneamente los propios intelectuales orgánicos".
Pero para que el empresariado se convierta en un actor estratégicamente hegemónico es necesario que también cuente con la propiedad de medios de comunicación de alcance masivo. Y aquí, cuando la actividad periodística es movilizada por la formación intelectual de los empresarios se considera el principio informativo que aprecia Gramsci en el seguimiento y control de lo que llama como "movimientos y centros intelectuales que existen y se forman en el país", como partidos políticos, organizaciones sociales, sindicatos y asociaciones civiles. El eje central de los enfrentamientos con estos otros actores es el control del mundo de la producción y del trabajo, que el empresariado ve amenazado bajo la forma de la regulación del Estado y de la presión que ejercen el mundo sindical y civil por establecer reglas y normas que no van en sintonía con el interés empresarial. "El orden social y estatal (derechos y deberes) es introducido e identificado en el orden natural por el trabajo", sostiene Gramsci.
Para lograr este objetivo de control a formación intelectual del empresariado recurre a intelectuales subalternos en el campo de las comunicaciones masivas a través de control de un cierto tipo de periodismo que pretende satisfacer en primer lugar de un público determinado. Según Gramsci, "la prensa es la parte más dinámica de esta estructura ideológica" que forma parte de la opinión pública.
De aquí se entiende el rol que juega la prensa económica especializada, con un tratamiento de la información más técnico y restringido para el sentido común, aunque también se extiende a otras capas de la población a través de otros medios de comunicación masivos, donde la formación intelectual del empresariado se centra en el papel que cumple en materia de empleo y, por ende, acceso al consumo, con la promesa de mayor prosperidad material y "progreso", si es que se abandona la deliberencia regulatoria de otros actores de la sociedad, sea el Estado, sindicatos o asociaciones civiles.
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