lunes, 15 de marzo de 2010

La ensalada rusa de los nuevos centros sociales del fascismo en Italia

Fascismo y Comunismo. La eterna rivalidad entre dos hermanos que odian a su padre: El capitalismo liberal. Extrapolemos esta disputa con el relato bíblico de los hijos de Isaac: Jacob y Esaú. Si bien los dos no odiaban a su progenitor, ambos hermanos fueron marcados por la discordia, al igual que la ideología del comunismo, del cual nació el fascismo como una reacción respecto al marxismo. Jacob, el hermano menor fascista, nace agarrado de la pierna de su hermano mayor Esaú, el marxista. Es Jacob quien busca obtener la herencia como primogénito a costa de su hermano. ¿Cuál es esa herencia? el control del Estado para transformar la sociedad. Los tiempos cambian y las estrategias también. Y así lo ha comprendido Jacob que se ha definido una nueva identidad para estos tiempos: ser un fascista del tercer milenio. Este es el nuevo término que debería incluirse en el diccionario de Ciencias Políticas.
Su lugar de origen no es Israel, sino Italia, la tierra que vio nacer oficialmente al movimiento del fascismo en marzo de 1919, encabezada por un socialista revolucionario –en ese entonces- llamado Benito Mussolini. Casi un siglo después -en las mismas tierras- persiste como una propuesta político-cultural extravagante. Y no es el populismo mediático de Silvio Berlusconi que marcó la política italiana desde 1994 hasta ahora, sino que es una versión 2.0 de este movimiento ideológico que actualmente se restructura a través de las modalidades clásicas de la izquierda anti sistémica: ocupación ilegal de edificios abandonados como una plataforma de una serie de demandas para socializar los medios de producción; justicia social a través del acceso a la casa para todos (los italianos); exigir la emisión de acciones a los obreros, la distribución de productos de primera necesidad en las periferias urbanas, y una lucha cerrada contra el sistema financiero, la banca y las empresas multinacionales, entre otros planteamientos.“Una vez capturábamos a los brigadistas rojos en las casas ocupadas y a los brigadistas negros (fascistas) en los clubes de artes marciales, hoy podría suceder lo contrario. Vivimos en un mundo bizarro”, escribe Umberto Eco en su novela “El Péndulo de Foucault”.
Y bien, el oráculo se ha cumplido: En las actuales dinámicas políticas todo se confunde con todo, el pensamiento y la acción se encuentran en el mismo plano. Ahora, en Italia, observamos cómo los neo fascistas ejercen sus actividades en espacios ocupados, organizan conferencias sobre el Che Guevara tituladas “Aprendimos a Quererte” (¿?¡!!), exigen viviendas sociales para todos y muestran un decidido rechazo a los bancos.
¿Cuáles son las condiciones históricas que empujaron a esta nueva realidad al interior del fascismo?, ¿Es rigurosamente un elemento novedoso o es simplemente el uso de una estrategia que aún no muestra su verdadera esencia? El principal motivo por el cual se aprecian las reivindicaciones inherentes a la izquierda, lo debemos encontrar en el proceso histórico de gestación del fascismo. Cuando se habla del fascismo en Italia implícitamente entra en juego un “retroterra” o antecedente existencial y cultural: Se acepte o no, el movimiento del fascismo fue aquél “espíritu del tiempo” (Zeitgeist) -planteado por Hegel- encargado de modernizar la estructura social en Italia, particularmente en las relaciones sociales dentro de los marcos dejados por la hegemonía del catolicismo.
Históricamente, la doctrina fascista inició a tomar cuerpo a partir de obras como “La Filosofía de Marx” de Giovanni Gentile, donde se intenta cumplir la filosofía de la praxis de “cambiar el mundo en vez de interpretarlo”, tal como lo sostienen aún los auto catalogados marxistas. Para Gentile –y para los actuales fascistas del tercer milenio-, el fascismo “no es una negación” del marxismo, sino que se trataría de una “revisión, que interpreta la praxis como espiritualidad”. Ya también Lenin lo dijo en ese entonces: “En Italia sólo hay un socialista capaz de hacer la revolución: Benito Mussolini”.
Con la derrota y caída estrepitosa del fascismo en 1943 se inició un relativo éxodo de fascistas de izquierda a las filas del Partido Socialista y Partido Comunista italiano, tal como lo reafirmó el histórico dirigente de esta última colectividad, Palmiro Togliatti: “No escondemos nuestras simpatías por aquellos ex fascistas, jóvenes y adultos, que bajo el pasado régimen pertenecían a dicha corriente en la cual se sentía el ansía por el descubrimiento de nuevos horizontes sociales...reconocemos a los ex fascistas de izquierda el derecho de reunirse y de exprimirse libremente conservando la propia autonomía”. En su libro “Fascistas imaginarios”, Luciano Lanna y Filippo Rossi (2003) afirman que la última encarnación de una izquierda salida del universo neofascista se manifestó a fines de los años setenta “con presupuestos y referencias inéditas”, como la aspiración de sintonizar con la izquierda las temáticas de “la protesta anti-sistema de los jóvenes, desocupados y del sub proletariado”.Estas corrientes de “fascistas de izquierda” coexistieron al interior del post fascismo desde 1947 con diversos grados de materialización. En algunos casos se produjo un normal proceso de institucionalización de las demandas sociales del fascismo dentro del esquema tradicional del sistema de partidos, específicamente en el marco de la derecha tradicional. El principal representante en este caso fue el Movimiento Social Italiano (MSI) –que también significa “Mussolini Sei Inmortale” (Mussolini Eres Inmortal), que logró establecer algunos pactos con el comunismo en la administración comunal de algunas zonas. Por otro lado, tenemos la corriente autonomista que se enfocó por una línea más rupturista con el Estado y con la izquierda que se plasmó en organizaciones que terminaron practicando abiertamente el terrorismo en su guerra al Estado, contemporáneamente con las Brigadas Rojas comunistas en los años setenta.
En este contexto, debemos establecer una clasificación entre un neofascismo con una orientación más institucionalizada que proyecta su funcionalidad en las lógicas del Estado liberal-parlamentarista italiano, al cual confluyen Alleanza Nazionale -actualmente disuelta en el macro polo del “Popolo della Libertà” (Pueblo de la Libertad) de Silvio Berlusconi- durante la primera década del siglo XXI, La Destra y Alternativa Sociale. Estas agrupaciones no presentan complejos para fusionar los postulados doctrinarios del fascismo con los elementos constitutivos del liberalismo político y económico. Bajo el lenguaje político chileno pueden ser asimilados con la corriente autocomplaciente que surgió a fines del siglo XX. El segundo segmento es definido como la “Destra Antagonista” (Derecha Antagonista), con un carácter explícitamente más extra-parlamentario y anti-sistémico que privilegia la estrategia de la confrontación directa en las calles con los grupos organizados de izquierda.Ya en los años noventa, la presión a girar hacia la izquierda entró en una etapa de caldo de cultivo, en el marco de confusión que produjeron fenómenos como la caída del comunismo soviético, la disgregación ideológica, la inmigración masiva del “tercer mundo” a Europa y la hibridación de las identidades sociopolíticas generadas a partir del proceso de globalización. Tales condiciones externas fueron amalgamadas por el fenómeno socio-cultural del populismo mediático de Silvio Berlusconi, que terminó reconfigurando el sistema de partidos políticos y sus consecuentes representaciones para la opinión pública. Durante este período el neofascismo se expresó con mayor fuerza en otros espacios de participación social como son las hinchadas del fútbol. Poco a poco se inició un proceso de hegemonización de la extrema derecha en estas instancias, a tal punto que actualmente el 90% de los integrantes de las hinchadas en Italia se identifican con el sistema simbólico-cultural de la extrema derecha. La llegada del nuevo milenio marca un nuevo punto de inflexión en este universo, a través de un replanteamiento doctrinario que busca incorporar nuevos elementos a su campo de influencia, avanzando hacia posiciones más inclinadas a las tradiciones doctrinarias de la izquierda. Todo se inicia en el verano italiano del 2002, cuando en Roma se produce la primera ocupación ilegal de edificios abandonados por parte de agrupaciones identificadas con el fascismo. Este tipo de iniciativa permitió el nacimiento de tres centros sociales “atípicos”: Casa Montag, Foro 753 y Casapound. Según estos nuevos grupos, existen dos tipos de ocupaciones: un de carácter “no conforme” destinada a fines “sociales, educativos y culturales” y otra de índole “habitativo”, como una solución al problema de la casa propia que aún subsiste en Italia.
Estas nuevas instancias de agrupación parten del principio de la autogestión, puesto que plantean la “promoción de un espíritu comunitario”, sobre la base de slogans de batalla como “No al alto costo de la vida”, “el arriendo es una usura”, “derecho a la propiedad de la casa”. La organización que más destaca en este sentido es Casapound. Su nombre responde al reconocimiento que hacen los neofascistas al poeta estadounidense Ezra Pound, uno de los representantes de los movimientos culturales de inicios del noveciento como el imaginismo y el vorticismo, que también se dedicó a escribir ensayos económicos y políticos de apologización al régimen de Mussolini. El programa doctrinario y de acción de Casapound es una interpretación fascista del tejido conceptual marxista: En vez de apelarse a la batalla contra el capital, la burguesía y/o el imperialismo, se plantea la oposición a los “poderes fuertes de naturaleza nacional e internacional”, motivo por el cual también rechazan el proceso de globalización. En lo económico, se guían bajo la idea de nacionalizar las bancas, la emisión de la moneda, los recursos naturales y energéticos; una producción autárquica y la abolición de las empresas multinacionales; participación de los trabajadores en las gestión de la empresa, y la construcción de casas directamente por parte del Estado.
Para extender estas ideas Casapound utiliza una estrategia comunicacional que ha roto los esquemas de la dualidad derecha-izquierda: Organiza conferencias y debates acerca de las nuevos desafíos del fascismo en materia social, donde se destaca la figura del Che Guevara en el campo de la justicia social y la lucha contra los poderes establecidos. Además ha creado nuevas ramificaciones organizativas en distintos ámbitos: la primera es “Blocco Studendesco” (Bloque Estudiantil) dedicado a captar nuevos adeptos y militantes al interior de las escuelas de enseñanza media y universidades. La Segunda es en los estadios de fútbol, donde han creado grupúsculos -como, por ejemplo, los llamados “Padroni di Casa” (Dueños de casa) en la hinchada de la Roma- encargados de extender sus ideas más allá de los recintos deportivos para canalizarlas hacia posturas más sistematizadas. Las demás agrupaciones neo fascistas que han creado centros sociales de ocupación como Casa Montag y Foro 753 también se reconocen en esta vertiente del “tercer milenio”, donde el abanico de intereses y demandas sociales también se amplifica: Desde la lucha contra los Organismo Genéticamente Modificados (OMG), pasando por el rechazo a la privatización del agua, la lucha contra la precarización laboral, oposición a la Unión Europea, la OTAN y al G-8, hasta la distribución de productos básicos para los sectores de bajos recursos y el proteccionismo contra el actuar de las multinacionales.Todos los actores mencionados presentan dos ejes conceptuales insoslayables: Neofascismo y Derecha Social. Detrás del término Neofascismo se esconde el pilar ideológico de crítica al sistema democrático liberal, pues se considera que democracia y libertad no van de la mano. Para ello nos entregan una ejemplificación bastante anómala: “En un sistema puede ejercerse democracia sin libertad, y puede ejercerse libertad sin democracia. Por lo tanto, según los neo fascistas, dictaduras como aquella chilena de Augusto Pinochet, no son más que fases en las cuales, democráticamente, la mayoría de la población desea que el sistema de partidos sea suspendido (...) hasta cuando las mayorías desean volver a recuperar este sistema(...)Por este motivo, los neofascistas no ven un modelo fascista en las dictaduras sudamericanas o en la España franquista”. En otras palabras, el fascismo mantiene la auto convicción de mesianismo en el mundo del autoritarismo totalitario, puesto que las demás manifestaciones de autoridad son sólo etapas de disciplinamiento por un tiempo determinado que vuelven a pavimentar el camino al sistema liberal de partidos. En cambio, de acuerdo a la concepción de Mussolini, el fascismo es una forma práctica de gobierno, un “método”; la sistematización de una forma de ser, sin objetivos pre establecidos, sino que se construyen sobre la marcha.
Probablemente, sin saberlo, Mussolini apelaba a un orden sustentado en el estilo de vida italiano impregnado en la idea medieval del “Carpe Diem” (disfruta este día). La doctrina económica, en cambio, parte de esta raíz nostálgica de los años veinte, pero que tiene puntos de encuentro con la idea económica rupturista con el modelo capitalista liberal: “El neofascismo se basa en una concepción antimaterialista de la vida, partiendo con un cambio al sistema económico, a través de una clara oposición al capitalismo como al comunismo. La base de este punto de partida aspira a un sistema comunitario fundado en conceptos como la solidaridad de la estirpe (¡¡¡!!!) y sobre un ideal tendiente a crear un “hombre nuevo”. Para esta finalidad los principios cardinales del fascismo son la socialización, el corporativismo y la fiscalidad monetaria”. En cuanto al concepto aglutinador de Derecha Social, el “fascismo del tercer milenio” la define como un componente ideológico con una “visión participativa” de la política, cuyos contenidos programáticos están estrechamente ligados con el corporativismo, socialización, tradicionalismo, conservadurismo nacional, materialismo y liberalismo, “en antítesis al concepto clásico de la derecha”. Y aquí se advierten los primeros síntomas de contradicción en la concepción del actual fascismo, que más parece ser un conjunto de ideas atadas en un madejo de lana fabricado rápidamente. Lo primero es que sustentan una “comunidad de vínculos de sociedad y de espíritu (sin definir a qué tipología de espíritu se refieren), en vez que una mera asociación de personas con intereses comunes”, desconociendo que, en la práctica, dichos “vínculos de sociedad y espíritu” se estructuran en función de los intereses comunes entre los individuos. Un ejemplo de este proceso podría ser analizado bajo la perspectiva de la dialéctica hegeliana de tesis, antítesis y síntesis entre las relaciones sociales de una comunidad y los intereses en común, los cuales siempre estarán imbricados. La otra contradicción es que propugnan una “educación humanista que se contrapone a la educación materialista”, ¡cuando anteriormente afirman que uno de los ingredientes de la “Derecha Social” es el materialismo!, a menos que se refieran a la corriente filosófica. Dentro de esta galaxia contradictoria también resaltan los nuevos instrumentos de interpretación de la realidad. Examinando el caso de Casapound, podemos apreciar la emergencia de un particular instrumento de interpretación de la realidad: el imaginismo sustentado por Ezra Pound. Al expandir sus inquietudes de poeta al campo de los ensayos, Pound se enfocó a la economía y a la política, donde primero lanzó un libro llamado “el ABC de la economía”, donde se planteaba la simplificación del término “fiscalidad monetaria” que consiste en traspasar los impuestos desde la producción y el consumo hacia la posesión de la moneda nacional. Un sistema análogo se ejerce en Cuba. Su objetivo es eliminar el pago de impuestos y sustituir el financiamiento del gasto público a través de la emisión de moneda en efectivo para aumentar indirectamente su valor en los mercados internacionales.
Aquí, el imaginismo de Pound es forzado por los neofascistas de esta agrupación más allá de lo verosímil, pues plantean que inconscientemente el régimen de Castro aplica una política económica de raíz fascista. Pero más extravagante aún es la aplicación del imaginismo de Pound en el culto a la personalidad política. Otro ensayo del poeta buscó encontrar las similitudes en el pensar y el actuar entre Thomas Jefferson y Benito Mussolini (¿?). Así, no es raro ver presentaciones de libros en Casapound bajo el nombre de “El otro Che. Ernesto Guevara, mito y símbolo de la derecha militante”. Vemos como el método “imaginista” de Pound ha encontrado eco setenta años después. Ahora, bajo esta visión, resulta que el Che efectivamente “era de derecha”, ya que fue influenciado por el peronismo que, a su vez, tomó como referencia la política social del fascismo. Puede parecer absurdo, pero el sistema de pensamiento del fascismo, considerado como un método que se realiza sobre la marcha, permite estos puntos de fuga interpretativos. La confusión no puede ser mayor desde el punto ideológico. Pero, entonces, ¿por qué esta ideología se ha transformado en una tendencia mayoritaria (más 150 mil militantes) en el mundo juvenil de Italia? Podemos plantear dos someras aproximaciones para responder a esta problemática. La primera apunta a una responsabilidad indirecta que le compete a la cultura de la izquierda radical, nacida de la propaganda soviética, donde se forzó el concepto del fascismo a un límite que terminó simplificando en exceso el término. La universalización de la palabra afecta a doctrinas tan diversas como el conservadurismo, liberalismo, nacionalismo, neoliberalismo, socialdemocracia y neoliberales aún son catalogadas de “fascistas” por parte del conservadurismo de la izquierda radicalizada.
Esto último era considerado un insulto para la tradición de la “tercera vía” heredada del post fascismo, razón por la cual su versión del tercer milenio pretenden separar las aguas de la clásica línea programática de la derecha convencional que se desenvuelven en los marcos del Estado liberal, como una manera de reforzar su identidad. La segunda es la conjunción del proceso histórico de las corrientes izquierdizantes dentro del post fascismo -que hemos mencionado- con la nuevas condiciones establecidas por el proceso globalizador, en general, y el modelo de sociedad creado por el populismo berlusconiano, en particular.
Efectivamente, la disipación de las certezas ideológicas, la crisis del Estado benefactor europeo y la irrupción de nuevas demandas en el imaginario colectivo han dejado una fuerte percepción de inseguridad en una sociedad fuertemente tradicional como la italiana, por lo que el resurgimiento nostálgico de la obra de transformación social dejada por el fascismo de los años treinta ha encontrado un fuerte eco en un no despreciable segmento de la juventud itálica. La fragmentación social de las identidades en este contexto ha planteado nuevas estrategias en la doctrina del fascismo. Actualmente la constitución de centros sociales neofascistas pretende facilitar la inserción de sus ideas mediante una mayor apertura mediática hacia la sociedad civil. Ello explica el uso de la iconografía históricamente perteneciente a la cultura de la izquierda. El elemento novedoso es una fuerte influencia para acortar las diferencias en los ambientes culturales contestatarios. La presencia en el territorio también es un factor clave para comprender el avance estas formaciones en Italia. Las principales sedes de Casapound se encuentran en barrios con una alta presencia de inmigrantes, como una forma de remarcar la identidad italiana en una sociedad cada vez más multiétnica, que es rechazada por el fascismo del tercer milenio. Esta identidad se refuerza en las periferias de grandes ciudades como Roma, Milán, Florencia, Turín y Venecia, ocupando el vacío que han dejado los grupos extra parlamentarios de izquierda.
Sin embargo, la confusión y las contradicciones en este sentido también están a la orden del día: en cierta ocasión, analizando el fenómeno de los centros sociales fascistas, uno de sus jóvenes dirigentes manifestaba su respeto por Berlusconi, pues “terminó con la influencia del comunismo” y, al mismo tiempo, criticaba fuertemente a la sociedad italiana actual debido a su preferencia por los “realitys show”, sin saber que las televisiones privadas de Berlusconi fueron las que importaron el modelo del reality en Italia. Este es sólo un ejemplo de la falta de claridad doctrinaria de un movimiento que, desde su génesis, se considera “un método”, sin planificaciones pre establecidas. Aunque obtenga una considerable influencia en el mundo juvenil italiano, el “fascismo del tercer milenio” vive en una tensión no menor: una amalgama de diversas ideas como el panteísmo religioso europeo, conservadurismo católico, positivismo, neohegelianismo y neoidealismo, no pueden crear más que una confusa ensalada rusa. Otro ejemplo: En el aspecto religioso plantean que respetan al Dios de los santos, los mártires y de los ascéticos, pero también sostienen sus respetos para el Dios “visto y orado del corazón ingenuo y primitivo del pueblo”.Con estos antecedentes, podemos concluir que las nuevas formaciones que se apelan bajo el calificativo de “fascistas del tercer milenio” no son más que una expresión confusa en el contexto de disgregaciones ideológicas, en general, y de los problemas estructurales de la sociedad italiana, donde no se ha sabido dar una respuesta sistémica a todo el grupo etario que cae en la estrategia comunicacional contestataria de los centros sociales del neofascismo.
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