viernes, 23 de diciembre de 2016

Del por qué el concepto de imperio de Tony Negri supera al imperialismo de Lenin

La cultura de la izquierda ortodoxa se empecina en hablar de imperialismo en el actual contexto de relaciones internacionales como el borracho porfiado que insiste en sujetarse a algo para poder mantenerse en pie. Lo cierto es que desde 1990 la polemología, el estudio de los conflictos internacionales, ha incorporado nuevas perspectivas de análisis que han superado la visión de Lenin respecto al imperialismo, como una fase del capitalismo, la cual se mantuvo por más de setenta años como un concepto que se redujo tanto, derivando al uso propagandístico.
Lenin sostenía que el imperialismo nace del monopolio que se genera dentro de la propia burguesía que domina las relaciones sociales de producción en cada país, buscando nuevos mercados a través del capital financiero para poner sus mercancías en mercados foráneos, donde el papel político y militar juega un rol fundamental para asegurar el desarrollo de las condiciones capitalistas proveniente de un determinado Estado-Nación.
Sin embargo, en un contexto de globalización o de capitalismo global, como fue tachado en los año noventa del siglo pasado, la idea de imperialismo tomó definitivamente otro rumbo, siendo el filósofo italiano Tony Negri, junto al estadounidense Michael Hardt, uno de los exponentes que han sistematizado un nuevo foco sobre el tema, a través de la obra "Imperio".
Acertadamente Negri derriba la tesis leninista, que aún perdura, sobre un capitalismo proveniente de un Estado-Nación que se extiende a otros espacios hasta formar, señalando que el Estado.Nación hace tiempo dejó se ser un sujeto "del desarrollo mundial capitalista", pues estamos en presencia de un capitalismo global, cuyos procesos son muy distintos al análisis de Lenin. El punto es que sus seguidores se han quedado nuevamente con una concepción dialéctica rígida, fija, no reconociendo el carácter dinámico del mismo capital, entregados por el propio Marx. En su libro "La fábrica de estrategia. 33 lecciones sobre Lenin", Negri dedica más detalles para un análisis renovado de la tesis leninista sobre el imperialismo. A los marxistas ortodoxos no les gusta el análisis de ambos autores en Imperio, resumidamente debido a que "distorsiona" las tesis de Marx, cuando precisamente el objetivo de crear nuevos modelos analíticos es modificar lo que ya estaba establecido. Parece que el verbo distorsionar para la ortodoxia es sinónimo de herejía, de profanación de lo sagrado (las tesis de Marx y Lenin).
En fin, Negri sostiene -en una entrevista publicada por el diario El Mundo- de que "Imperio" busca dejar en claro la relación que existe "entre la reorganización de la producción a nivel mundial y la forma del mando que se ejerce sobre ella", la cual se basa en los imperativos de integrar, diferenciar y manejar. El imperialismo apreciado por Lenin consideraba una cadena en que los Estados más desarrollados en capital subordinarían a los subdesarrollados, mediante la coerción militar y comercial, siendo este un proceso que actualmente el capitalismo global ha modificado con la disminución de las barreras arancelarias y del proteccionismo a nivel internacional. La tensión que viven las sociedades de los Estado-Nación más desarrollados como Estados Unidos y Europa, donde se manifiesta el malestar provocado por la forma en que la apertura económica, financieras y comercial los afecta por la mayor competencia de otras zonas del planeta, refleja la idea de volver a la etapa del imperialismo visto por Lenin a inicios del siglo XX. Hablar de imperialismo y, al mismo tiempo, de zonas de economías emergentes como China, Rusia y Brasil, con sus respectivas zonas como bloques de comercio, implica aceptar la superación de las anteriores relaciones comerciales más jerarquizadas y rígidas que se desenvolvieron durante el imperialismo acuñado por Lenin. Este desarrollo es la consecuencia de la fase del imperialismo, pero es necesario entrar a otro cuadro analítico para identificar las condiciones que emergen con el capitalismo globalizado. Es, como dicen los autores en el libro: "La realización plena del mercado mundial es necesariamente la muerte del imperialismo".
A juicio de Negri, "cada vez más, los elementos que están ligados a la circulación de mercancías y servicios inmateriales, a los problemas de la reproducción de la vida, pasan a ser centrales. Un poder que intente seguir ese contexto vital debe adecuarse a ello. Todo ello concierne más a la forma del mando que al lugar desde el cual se ejerce. Pensamos que no hay un lugar de centralización del imperio, que es preciso hablar de un no lugar. No decimos que Washington no sea importante: Washington posee la bomba. Nueva York posee el dólar. Los Ángeles posee el lenguaje y la forma de la comunicación. Pero los lugares del mando lo atraviesan todo, allá donde hay nuevas jerarquías y nuevas formas de explotación".
En sus palabras hay un guiño a la biopolitica foucaultiana al mencionar la gobernanza de un poder económico que se filtra con mayor fuerza en la vida cotidiana, con un control más minucioso que entra en las biografías de los individuos mediante dispositivos simbólicos, lo que es denominado como el "paradigma disciplinario global" del capitalismo que se extiende urbe et orbi. Otro acontecimiento es la descentralización del poder, su fragmentación visible lo hace más móvil y flexible, no ubicándolo en un punto fijo como lo hizo Lenin a partir del Estado-Nación.
"Tanto la geografía económica como la política son desestabilizadas de modo tal que los límites entre las diversas zonas se tornan fluidos y móviles. Como resultado, la totalidad del mercado mundial tiende a ser el único dominio coherente para la aplicación efectiva de la administración y comando capitalistas", afirma Tony Negri.
Adentrándose en la obra sus autores enfatizan que esta movilidad más flexible del capital provoca otros efectos en el mundo del trabajo: "En la era de la organización Fordista de la producción industrial masiva, el capital se ataba a un territorio específico y negociaba contractualmente con una población laboral limitada. La informatización de la producción y la creciente importancia de la producción inmaterial han tendido a liberar al capital de los límites del territorio y la negociación. El capital puede retirarse de una negociación con una población local trasladando su lugar a otro punto de la red global- o simplemente utilizando su potencial de movilidad como un arma en la negociación".
Por eso Negri alude a nuevas formas de poder, las cuales están más vinculadas a la descripción que se hace sobre el capitalismo global, al que se le reconoce una gobierno de redes, siempre conformada por élites, pero que también han incorporado estructuras de redes más horizontales para aplicar su dominio, caracterizadas por una auto-organización que menosprecia el accionar estatal en materia de libre intercambio de mercancías. Lenin planteó que el imperialismo como fase superior del capitalismo suponía el fin del librecambio, lo que fue invertido por la forma del capitalismo global.
A partir de Negri se puede sostener que la soberanía del Estado-Nación se ha puesto en entredicho a partir de la presencia de otras potencias, como la monetaria y la cultural. Respecto a la primera Negri y Hardt afirman que "en la medida que el concepto de soberanía nacional está perdiendo efectividad, así también decae la denominada autonomía de la política. La noción actual de la política como una esfera independiente de determinación del consenso y ámbito de mediación entre las fuerzas sociales
en conflicto tiene poco espacio para subsistir. El consenso está determinado más significativamente por factores económicos, tales como el equilibrio de los balances comerciales y la especulación con el valor de las divisas".
Para dejar más redondeado este análisis, en los pasajes de "Imperio" se indica que el dinero "es el segundo medio global de control absoluto. La construcción del mercado mundial ha consistido primeramente en la deconstrucción monetaria de los mercados nacionales, la disolución de los regímenes nacionales y/o regionales de regulación monetaria, y la subordinación de dichos mercados a las necesidades de los poderes financieros".
Desde el punto de vista de la genealogía del poder, una de cuyas matrices es la guerra, el imperialismo analizado por Lenin tuvo como protagonistas las guerras a gran escala, con zonas geográficas que involucraban a múltiples Estados nacionales. Este fenómeno en el imperio analizado por Negri y Hardt la guerra se reduce a conflictos limitados, localizados, a guerras civiles y sucias. El poder coercitivo localizado supone solamente su ejercicio para garantizar el equilibrio general del sistema global, aunque también debemos agregar que tiene una capacidad de montaje, a través de servicios de inteligencia, para provocar guerras focalizadas.
Lo que el concepto de imperio entraña en la obra de Negri y Hardt no es el surgimiento de algo opuesto al imperialismo advertido por Lenin hace cien años, sino que analizar los efectos de esta fase del capitalismo que derivó hacia el capitalismo global. No es, como aseveran los críticos a Negri y Hardt, un intento de instalar al Imperio como algo opuesto al imperialismo, sino que solamente entrega un nuevo marco analítico, en que se mantienen las categorías fundamentales de dominio, gobierno, mercancía, guerra y cultura (superestructura) que planteó Lenin respecto al fenómeno imperialista, aunque incorporar nuevos elementos, como la biopolítica y el biopoder para entregar renovadas coordenadas de estudio. El problema es que el marxismo ortodoxo se niega a reconocer paradigmas que muestren una superación a lo que son aún sus referentes históricos, siendo esto una camisa de fuerza para comprender la problemática internacional actual. 
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