miércoles, 14 de diciembre de 2016

El sistema de las neuronas espejo en la economía y su efecto en las remuneraciones

El llamado efecto espejo se basa en la sinapsis, en la conexión que establecen las neuronas para el traspaso de la información que procesa el cerebro, donde estas células se activan ante la conducta de una de sus pares, provocando una reacción de imitación y espejo, con lo cual se abre paso a la vida social, a través de conductas aprendidas en base a la intersubjetividad, donde el principio de empatía cumple un papel fundamental.
Llevado al campo de la economía, específicamente en el mundo empresarial, el efecto espejo se remite a la competencia, en que la información se convierte en un insumo clave, con empresas que se mueven en función de lo que hacen otras empresas, ya sea en la incorporación tecnológica, estructura organizacional, estrategias de marketing y en la política de remuneraciones al factor trabajo.
Lo que las neuronas espejo han enseñado es la confirmación de que el hombre es un ser social y que guarda valores innatos como la familia, la comunidad y la sociedad a través de lazos intersubjetivos. Este elemento fundamental plantea la interrogante de cómo las empresas internalizan su comportamiento con el otro, ya sea con sus trabajadores y la comunidad, entendida en su sentido amplio y no desde la perspectiva que la reduce a un grupo de consumidores.
Sin embargo, es posible apreciar que existe la tendencia en el mundo empresarial de interpretar el efecto espejo como una imitación a nivel macro, lo cual se manifiesta en algunos sectores productivos donde el promedio de remuneraciones no muestra diferencias abruptas entre las empresas que participan dentro de un rubro productivo, siguiendo un salario promedio que no varía entre los actores que controlan el capital, lo que termina generando un impacto sistémico en la productividad. Uno de los postulados del efecto espejo es que, cuando una persona imita a otra, lo que en realidad hace es ponerse en su lugar. Si se extrapola este principio al mundo del trabajo una persona tendería a equilibrar su rendimiento respecto a su compañero en lugar de trabajo, especialmente si ambos trabajadores reciben la misma cantidad de salario. Como vemos, de este modo, el efecto espejo tiende a ser plano; no se estimula la productividad, a través de la renta, entre los trabajadores de una sección o que cumplen funciones similares. El efecto espejo también se manifiesta con la falta de calificación puesto que todo un segmento de la fuerza asalariada se ve forzada por la empresa a una rutina, a un cumplimiento de funciones mecánicas y repetitivas, sin espacio a la innovación ni a la efectiva participación productiva de los trabajadores.
En el sector de servicios se genera otro ejemplo de este tipo. En un patio de comida en un centro comercial la conducta de los trabajadores que atienden el mesón de los locales tiende a ser la misma: un discurso repetitivo hacia el cliente (del tipo "quiere agrandar su bebida o su menú por 500 pesos"), en un procedimiento que es imitado en todo el recinto de servicio, donde las remuneraciones también son similares entre sí, tanto para el personal que se desempeña en el mesón de atención como a los de la cocina.
En otras palabras, existe un efecto espejo perverso en el mundo del trabajo, que se evidencia en una baja calificación, escasa participación efectiva de los trabajadores en los procesos que desempeñan y en el nivel de renta que reciben, lo que se repite como una constante en sectores económicos, debido a que las empresas que lo componen siguen una misma tendencia, imitando su comportamiento entre sí. Uno de los motivos para que se produzca esta fenómeno es la falta de estímulos al factor del trabajo, con escaso o nulo espacio para la innovación por parte de las empresas, las cuales pueden incidir en las condiciones para ofrecer estímulos y así generar efectos espejos con externalidades positivas.
Si bien existen casos de empresas que obtienen externalidades positivas en la integración de los trabajadores, manifestada en la identificación de ellos con los llamados "valores" de la empresa, lo cierto es que para que una política laboral tenga aceptación en los trabajadores se debe actuar en las remuneraciones, de manera que estos tengan una incidencia real y positiva para el factor trabajo, ya sea a través de incentivos puntuales como bonos adicionales por producción u otros mecanismo monetarios que reconozcan el aporte de los trabajadores a la empresa.
Es necesario plantear además cómo el mundo empresarial se plantea la relación entre el efecto espejo y la competencia. A menor grado de competencia se produce una presión a la baja en las remuneraciones de los trabajadores pues se mantiene un cierto nivel de estabilidad en la participación de los actores de un mercado, especialmente en los de menor tamaño, con un número reducido de actores que se concentran a través de grandes cadenas, cuyas rentas laborales tienden a ser similares en todo el sector. En estos casos, el sistema de espejo responde a la práctica acostumbrada de los actores del mercado a repetir lo que el otro actor hace, con lo cual se hacen propias las acciones de los demás.
Giacomo Rizzolatti, uno de los descubridores del sistema espejo en el intercambio de información neuronal, señala que la principal características de este efecto ser "un sistema que resuena", diseñado para estar en contacto con otros. El problema es que en el mundo empresarial, del capital, el sistema espejo es manipulado y distorsionado para concentrarse en una imitación de prácticas organizacionales que derivan en políticas salariales niveladas, las cuales redundan en bajos niveles de productividad, de innovación, de participación laboral en la toma de decisiones y en una interpretación de la competencia que deja de ser colaborativa.
De esta forma, la situaciones materiales que se establecen desde las decisiones organizacionales del empresariado sobre la producción, el trabajo y las remuneraciones condicionan la receptividad del sistema de neuronas espejos, estructurando relaciones sociales de acuerdo a un cierto criterio economicista que se reproduce al observar la ejecución de una acción entre los actores dueños del capital que moldean un mercado.

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