miércoles, 16 de noviembre de 2016

El ideologismo en el orden discursivo sobre la economía de mercado

El orden discursivo de los grupos que dominan el denominado mercado libre pregona una connotación negativa respecto al concepto de ideología, equiparándolo como algo ilusorio y superficial que no alcanza para el análisis de la realidad en comparación al conocimiento técnico y racional que gira en torno a la discusión económica, por lo que toda crítica a las externalidades negativas del mercado libre, así como sus planteamientos alternativos, son catalogadas por este orden discursivo como algo ideológico que no no se debe tomar en cuenta por su falta de seriedad.
Pero esta producción de subjetividad toma un cariz propagandista con la pretensión de validez de mantener la hegemonía de las ideas en torno a lo que el grupo dominante entiende por economía de mercado, al criticar todo opción distinta a su pensamiento. Esta apologética tiende a caer en el ideologismo, que se puede definir como la idea de ocultar una realidad que es cuestionada por el otro, por lo que es susceptible de ser utilizado por todo poder coaccionador, ya sea tanto en el plano práctico-real como en el discursivo-ideológico.
El politólogo Giovanni Sartori, en su obra "¿Qué es la democracia?, señala que el ideologismo "habitúa a la gente a no pensar, es el opio de la mente; pero es también una máquina de guerra concebida para agredir y ‘silenciar’ el pensamiento ajeno”, lo que se aprecia con epítetos y esloganes que reemplazan al razonamiento sistemático, como se verifica en los comentarios de redes sociales entre los defensores del gobierno de la "mano invisible" de la economía de libre mercado. Eso sí, también este ejercicio también se verifica entre los grupos más ortodoxos que se oponen al mercado abierto.
El ideologismo de mercado considera los conceptos de economía y de sociedad como una totalidad rígida, dogmática, en que no caben otras opciones, en las cuales concentra su ataque con epítetos que califican las alternativas con el rótulo genérico de socialismo, colectivismo, autoritarismo y otras connotaciones negativas que asocia bajo la etiqueta de "ideológicas". Este tipo de ideologismo guarda semejanza con la interpretación marxista de la ideología, que es vista como creencia falsa y distorsionada.
Justamente la advertencia de Sartori es contra las ideologías "definidas" y "terminadas" que tienden a encerrarse a sí mismas, disfrazándose de lo "políticamente correcto", lo que se plasma en un discurso reactivo que tienden a mecanizarse en eslóganes y consignas, además de incorporar contenidos distorsionadores y manipuladores, especialmente en los partidos políticos convencionales que defienden el orden del modelo de economía de mercado.
(...)"la política ideológica se despliega como una guerra de palabras. y más precisamente entre "nombres nobles", que el ideólogo endosa a quien no lo sigue. Así, durante los últimos cincuenta años hemos ido cayendo y deslizándonos hacia un bombardeo de epítetos", sostiene Sartori.
Otra característica del ideologismo es que pretende haber pasado todas las pruebas, por lo que no requiere demostración. Se plantea al mundo como una verdad dada y eso es lo que contemporáneamente afecta al discurso hegemónico de la economía política global que desecha otras recetas y formas de organización económica de carácter microeconómico, siendo un ejemplo clamoroso en este sentido la tesis adoptada en los años noventa del siglo pasado sobre el fin de la historia planteado por Fukuyama.
El ideologismo supone una aceptación acrítica de la realidad. Se autodefine como una no ideología para enfrentar ideologías críticas que no consideran buenas, concentrando sus mecanismos de defensa en reduccionismos o generalizaciones en función de la discusión que se desarrolle.
Al mismo tiempo este pensamiento confunde el éxito de una política por un periodo de tiempo como una verdad, por lo que el ideologismo tiende a cerrarse a otros cambios que no vayan en la lógica de lo que sus ideas estiman en sintonía con lo establecido. Su conservadurismo se produce por el temor a que otros cambios a lo establecido provoquen efectos indeseados pues en el ideologismo se percibe que la mejor defensa es la comprobación de los hechos, aunque sea sin dar espacio a otras teorías.
El ideologismo ve ideología en todas partes, asignándole el valor de buenas o males, viable o no viables. Es, como dice Sartori, "el derecho a pisotear la razón", desde un esquema absolutista que recurre a la propagación masiva de subjetividades que no cuestionen los postulados de ciertas políticas públicas y económicas.
El ideologismo es mutable, se adhiere a cualquier producto ideológico, pero tiende a la simplificación, la que se verifica en la intención de desechar la argumentación y las opciones alternativas en el ámbito del conocimiento.
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